martes, 25 de octubre de 2016

“ESTE PROGRESO” NO NOS GUSTA…, ES UNA PERNICIOSA RELIGIÓN

Iquitos, 25 de octubre de 2016


Otro derrame en Nueva Alianza [22-10-2016], distrito de Urarinas y provincia de Loreto, en el área de amortiguamiento de la llamada Reserva Nacional Pacaya Samiria, territorio ancestral del pueblo kukama. Uno más. Es obsceno que se produzca en la misma comunidad que ya se produjo otro derrame hace algo más de dos meses. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo y dónde va a ser el siguiente derrame? No es posible que tengamos que esperar para lamentarnos. Hay que hacer un trabajo previo, un trabajo que no parece que se esté realizando.

Rabia, frustración, enojo… Tratamos que no nos paralicen. El mal siempre sorprende, aunque uno lo espere. Sorprende y duele, con un dolor intenso. Como cuando recibimos un golpe en una herida todavía abierta. Los nervios se enervan. Tratamos de buscar sentido, buscar una razón. Sólo queda silencio, lamento y queja. Ya algún teólogo nos previno hace años que la queja es anterior al diálogo. Y Job nos decía que la queja tiene que ser ante el mismo Dios.

LAS PREGUNTAS DE SIEMPRE

Y surgen las preguntas de siempre. ¿Por qué los más humildes son los que tienen que pagar los platos rotos? ¿Por qué no se pone remedio? En nuestra opinión hay negligencia por parte de las autoridades. ¿Por qué no se vigila el Oleoducto Nor-peruano? ¿Están convencidos que la tarea de las fuerzas del orden es dar seguridad al Oleoducto? Nos parece una invocación desesperada. Por supuesto que hay que dar solución y castigar enérgicamente a los responsables. Pero sólo con la culpabilidad no se soluciona el problema, ni de lejos.

¿Es que la gente de las comunidades indígenas no tienen derecho a un medio ambiente sano? ¿Sólo importan las grandes inversiones donde se va a sacar ganancia? Un país necesita cuidar su infraestructura. Es de vital importancia. Pero sobre todo necesita cuidar de su gente. No habría negligencia si la población afectada fuera blanca, lo cual anota un punto de discriminación brutal, fruto del desprecio.

Sin el mantenimiento adecuado nos encontramos con un oleoducto obsoleto. Los comunicados de Petroperú estilan soberbia y orgullo herido. Se buscan culpables y se deja irresuelto el tema de fondo: el estado real del oleoducto, mantenimiento, vigilancia y transparencia en la comunicación con las comunidades. Ni un ápice al dolor de los afectados. Ni voluntad de solucionar los problemas, ni reconocimiento, ni consuelo. Nosotros esperaríamos un poco más de humanidad. Las demás instancias estatales actúan de manera similar. Pese al grave riesgo que corre la población local, no acude ni personal sanitario, ni autoridades para dar la cara, ni dar explicaciones, ni nada. Tampoco medios de comunicación. Escasos periodistas con compromisos personales se hacen presentes. El resto: “no se escucha, padre”.


CERRANDO LOS OJOS: hasta que la violencia se hace visible

En los años 70 se descubre petróleo en la selva. Los siguientes años fueron frenéticos. Fue tal el impacto que el grupo musical local Los Wemblers tituló una de sus canciones emblemáticas como la “danza del petrolero”. Las luchas regionales consiguieron que se aprobara un “canon petrolero” que ha servido de anestesia y contra-colirio para distorsionar la visión o directamente para mirar para otro lado. Pero no hay información suficiente de lo que ha ocurrido. Algunos no quieren comprender desde dónde están luchando los indígenas por sus derechos. Al respecto es interesante la crónica de una persona honesta, capaz e inteligente, como Pepe Álvarez: https://www.servindi.org/actualidad/cronica/5163.

Por eso, el incidente de Saramurillo nos parece emblemático. En medio de un paro indígena que lleva más de 50 días sin ser atendidos se visibiliza la violencia. Insistimos en que se hace visible, porque ya estaba presente desde hace más de 40 años. Una persona de una embarcación hace varios disparos y hiere a un indígena en Saramurillo, el domingo 23 de octubre 2016. Todo son preguntas: ¿de dónde salen las armas?; ¿poseen los permisos correspondientes?; ¿las empresas tienen que armarse porque el Estado no ofrece garantías de seguridad?; ¿para qué sirve el Estado?; ¿cuáles son sus competencias?...


Para una interpretación de lo que ha significado el petróleo para una región como Loreto se puede consultar el documento elaborado por Frederica Barclay: http://www.actualidadambiental.pe/wp-content/uploads/2011/11/Qu%C3%A9-ha-significado-el-petr%C3%B3leo-en-la-consolidaci%C3%B3n-de-Loreto-como-una-regi%C3%B3n-Frederica-Barclay.pdf. Esto explica cómo una ciudad como Iquitos permanece ajena a sus propios hijos.

Para ir concluyendo esta nota, acudimos a las palabras de un teólogo, como advertencia:
“La responsabilidad que no está sostenida por estructuras o sistemas tiene una existencia efímera. El super-sujeto solidario es algo muy débil. Se cultiva el arte de la represión de la culpa y del compromiso. La política degenera cada vez más, aquí y allá, en administración, en negocio de administración del poder. ¿Nos encontramos en la era de la apatía? Tan perniciosa y tan mortal como el odio es, para el super-sujeto solidario de todos los hombres, la apatía”.
J. B. Metz, La fe, en la historia y en la sociedad, 1979: 91.

Sí, estamos contra “este” progreso. Compréndase bien: “contra este progreso”, cual nueva religión, que extrae recursos, no comparte los beneficios y entrega a los indígenas todos los pasivos ambientales. Sí, estamos contra este progreso.

Los primeros cristianos atribuyeron el título de “Señor”, a Jesús, el Cristo. Y, para quienes somos cristianos, nos recuerda que el Señor es Jesús y no el emperador, como pretendía el imperio romano. Por eso, los primeros cristianos se negaron a tributar culto al emperador como un dios.

Después casi dos meses de paro, y suponiendo que haya conversaciones gobierno - indígenas, es de esperar que se levante el paro en algún momento. Pero más allá del hecho puntual, lo que plantean los indígenas va para largo. Seguiremos atentos.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

martes, 18 de octubre de 2016

EL DESAFIO DE SARAMURILLO: una visión “parcial” desde el pueblo urarina

Iquitos, 18 de octubre de 2016

Saramurillo es una comunidad kukama ubicada en el distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, en el área de amortiguamiento de la “llamada” Reserva Nacional Pacaya Samiria, conocida últimamente por el paro de varias organizaciones indígenas en torno a la actividad petrolera. Ya hemos señalado que presenta un desafío de tamaño mayúsculo al Estado. Tampoco es novedad que vemos con buenos ojos la plataforma que presentan, algo coherente, justo y necesario.

© Giovanni Marrozzini, octubre 2016


POST-SCRIPTUM (a modo de prólogo)

Cuando ya teníamos preparada la nota sobre los urarina surge un nuevo derrame de petróleo, el 14 de octubre de 2016, esta vez en el distrito de Lagunas. De nuevo la improvisación. Todo esto revela desinterés, discriminación, falta de respeto e inhumanidad. Con tantos derrames, ya debería haber un protocolo de actuación. No lo hay. Se mira el derrame, pero no se proporciona ayuda humanitaria a los necesitados. Lo que nos convierte en inhumanos. Recuerden aquello de “lo que no hicieron con uno de estos mis pequeños, no lo hicieron conmigo”. Más de un mes del derrame en Nueva Alianza y Monterrico y no ha llegado ni agua. Nos hemos deshumanizado.

De nuevo se repite, como una letanía interminable, las mismas actitudes: la comunidad tiene que avisar a Petroperú. Envían gente para que “parchen” la tubería (¿y modifiquen el escenario?). No hay ninguna explicación en la comunidad. Petroperú se hace la víctima indicando que las comunidades no les dejan entrar. El Estado tendría que dar la cara, orientar, acompañar a la población, ayudar a dar los primeros pasos. Nada. Dejar a la deriva a la población más vulnerable nos deshumaniza a todos.

Repetimos como un mantra: que caiga todo el peso de la ley sobre los responsables, sean los que sean. La población local es la que sufre y hay que acompañar a los que sufren. Si Petroperú quiere hacer las cosas bien debería proporcionar información sobre el estado real del Oleoducto Nor-peruano a la población, con total transparencia. No hacerlo conlleva desprecio hacia la ciudadanía, como si no supiéramos comprender. Mientras no proporcionen esta información seguiremos pensando que el Oleoducto está obsoleto. Y debería haber vigilancia sobre el oleoducto que incluya a las comunidades. Pero urgente, antes del año 3000.


REGRESAMOS A SARAMURILLO

En estos momentos Saramurillo es mucho más que una comunidad kukama, es el espacio que varios pueblos indígenas eligieron para realizar su paro. Por tanto, estamos hablando de diversidad. Y es, precisamente, esta diversidad la que nos debe llevar a hacer propuestas diferenciadas basadas en la justicia. Diferenciadas implica, en este caso, que sean justas para cada pueblo indígena y le permita vivir con tranquilidad conforme a los criterios que ellos consideren adecuados. Sería pernicioso utilizar la diferencia por parte del Estado para dar lo menos posible a cada pueblo indígena. Esto faltaría al otro principio: la justicia. Sólo así se puede hacer un Perú pluricultural, mucho más allá de lo que dicen las leyes escritas (que no se cumplen). De ahí que nos permitan una nota desde el pueblo urarina.

El pueblo urarina habita el río Chambira, un afluente por la margen izquierda del curso bajo del río Marañón, en el distrito de Urarinas. Habitan en él entre 3500 y 5000 personas urarina. También existen unas 800 personas urarina en el río Urituyacu y un número indeterminado, para nosotros, en el río Corrientes. En el año 2001 la Defensoría del Pueblo presentó el Informe N° 47. Pueblo Urarina. Conciencia de grupo y principio precautorio. Por supuesto, fue papel mojado. El Estado no recogió las recomendaciones ni las implementó. Posteriormente comunidades urarina del río Corrientes han participado en varios paros. Y con las negociaciones del lote 192 hemos visto personas urarina del río Corrientes frente al Palacio de Justicia en Iquitos.

En este paro de Saramurillo también hay un grupo de personas urarina. Quisiéramos señalar que el río Chambira ha sido fuertemente impactado: tuberías petroleras que atraviesan su territorio, derrames varios y en proporciones considerables, aguas de formación de los pozos del lote 8 por décadas, entre otras lindezas. Nos parece importante dedicar unas líneas, dado que siempre permanecen en segundo plano. Y nos interesa particularmente tenerlos en cuenta, dado que para muchos pasan desapercibidos, pese a que las mujeres visten blusas con telas de color rojo muy vistoso.
Ya hace años que nos vienen llamando la atención tres aspectos que vamos a nombrar, aunque precisarían de mayor detenimiento, que no es posible aquí.

1.       Aumento de la brujería. Este año 2016 solicitaron a la iglesia católica apoyo legal para defender a una familia urarina. Se trataba de un asesinato por brujería entre familias urarina. No es el único caso del que tenemos conocimiento. El último antropólogo que les ha estudiado recientemente señalaba un aumento de la brujería en el pueblo urarina.

2.       Migración. A partir de 2010 hemos ido viendo distintos grupos urarina que habitaban algunos espacios en el Marañón, fuera de su lugar habitual (el río Chambira). Esto es importante porque el Marañón es inundable y los urarina no se caracterizan, precisamente, por habitar terrenos inundables. Un núcleo se situó varios tiempos en la parte alta de la comunidad de Rocafuerte, y otro grupo en un lugar intermedio entre Santa Rosa de Lagarto y San José de Parinari, un  punto que antiguamente se llamaba Valencia. Todas estas comunidades son parte del distrito de Parinari. De igual manera, también hace tiempo que había un grupo aguas abajo de la comunidad de Saramurillo.

3.       Conversión religiosa. A partir del nuevo milenio pastores fundamentalistas norteamericanos han visitado periódicamente el río Chambira. Aunque podemos calificar su éxito como pequeño no deja de ser interesante. No comprendemos la conversión religiosa como un cambio del sistema de creencias porque el tradicional no responde a las nuevas exigencias. Más bien nos apuntamos a pensar que la adquisición del cristianismo, en esta oportunidad en su versión protestante, se debe a un cambio de perspectiva: adquirir la perspectiva del otro, del extraño, del gringo.

Con qué propósito hemos señalado los tres puntos anteriores. En el trasfondo de esta nota está el tema petrolero. Estos aspectos, tanto la migración como la conversión religiosa, son un intento de escapar de la brujería. No siempre se consigue. Ya hemos señalado que, según el último antropólogo que ha realizado trabajo de campo entre ellos, se ha producido un aumento de la brujería. Lo cierto es que la potente contaminación existente en el territorio ancestral del pueblo urarina provoca, entre otras consecuencias, la consiguiente disminución de recursos naturales. Estos movimientos intentan dar respuesta a esta trágica experiencia de un territorio fuertemente impactado. Por tanto, es preciso que este diálogo de Saramurillo llegue a buen puerto. Está en juego la posibilidad de vivir como gente del pueblo urarina.

De nuevo recordamos la diversidad para comprender lo que sucede en Saramurillo. Hemos querido enfocar este paro desde una brevísima nota del pueblo urarina.


POST DATA: RELACIONES COMPLEJAS

No es tan sencillo saber quién es quién y cómo actúa. El escenario es móvil y se recompone continuamente. Los procesos indígenas son inconstantes, volátiles y ambiguos de por sí. Los que anden buscando una verdad eterna se perderán en este proceso. Mientras se desarrollaba el paro en Saramurillo las 4 federaciones de las “4 cuencas” estaban en Lima en diversas reuniones con el Estado. Las federaciones concentradas en Saramurillo dejaron claro que las “4 cuencas” son en realidad 4 federaciones, pero que hay más federaciones indígenas en dichas cuencas. Las fricciones entre unos y otros son evidentes.

Un actor principal es el gobierno central. A quién atiende, cómo lo hace, en qué condiciones, a quién elige de interlocutor, en qué lugar, bajo qué condiciones… son algunos interrogantes que deben ser tenidos en cuenta. Esta toma de postura ya ha ido generando nuevas respuestas en los actores, reconfigurando continuamente el paisaje. Nuestra opinión es que todas las organizaciones deben ser consultadas, pero el mismo planteamiento es problemático dado el habitual enfrentamiento de unos con otros. A no ser que todos consigan ponerse de acuerdo frente al Estado, que es otra posibilidad; no tan sencilla, por cierto.

Otro actor es el Gobierno Regional. El Presidente Regional estuvo en Saramurillo antes que la delegación del gobierno central y mientras las 4 federaciones de las “4 cuencas” estaban en Lima conversando con los órganos estatales correspondientes. Unas declaraciones del presidente regional tensaron las relaciones respecto a los concentrados en Saramurillo. Ahora vemos una reunión del presidente regional con las 4 federaciones de las “4 cuencas”. De nuevo se mueve el escenario. Los apetitos de poder, que son evidentes, no conducirán a buen puerto. ¿Jugarán algún rol los Municipios? Veremos.


Mayor complejidad imposible. Una visión simplista no nos llevará a ningún lugar. Es preferible una visión poliédrica, llena de aristas y de perspectivas. Los humanos apetitos de poder, que deben ser tenidos en cuenta en este proceso, no deberían nublarnos la vista y hacer perder la perspectiva para solucionar los problemas históricos que ha acarreado la actividad petrolera. Evitamos imaginar que va a ser un proceso recto, lineal, irénico. Más bien, avistamos un escenario polémico, complejo, ambiguo, pero lleno de oportunidades.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

lunes, 10 de octubre de 2016

PETRÓLEO, CONTAMINACIÓN, DINERO Y FIN DEL MUNDO: el desafío de Saramurillo

Iquitos, 10 de octubre de 2016

La onda expansiva de la guerra alcanza mucho más allá del campo de batalla. En el distrito de Parinari, a unos 100 Km. de Saramurillo, distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, una dirigente mujer es coaccionada para participar en el paro. Los rumores, que nunca son ingenuos ni inocentes, tratan de canalizar la opinión pública y es tal la coerción que es difícil sustraerse a ella. Sin embargo, otro grupo le presiona para que no participe. Los niveles de stress están disparados. De igual manera sucede también en el distrito de Urarinas. Pero no son los únicos. El resto de participantes de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Chambira están pendientes de Saramurillo. La tensión es máxima. El desenlace está por escribir. Los actores son múltiples y no hay soluciones precocinadas. Las buenas intenciones no siempre son buenas consejeras, por no recordar aquello que “el infierno está empedrado de buenas intenciones”.



© Barbara Fraser, octubre 2016, Saramurillo


DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

En estos momentos, Saramurillo no es únicamente un punto en el Marañón. En esta comunidad nativa kukama hay personas de todos los ríos afectados por la actividad petrolera. Para comprender los hechos hay que tener en cuenta varias cuestiones: algunos dirigentes han sido encarcelados por defender sus derechos, y fueron absueltos de los cargos que les imputaron; los territorios indígenas han sido fuertemente impactados; el Estado dejó la actividad petrolera en manos de las compañías y a éstas sólo les interesaba extraer petróleo, no les importaba la rabia que se iba incubando; las negociaciones por el lote 192 han sido insatisfactorias; ya no es suficiente que les “den cosas”, ahora exigen una actividad petrolera en otras condiciones; quieren ser interlocutores de igual a igual. No seamos ingenuos: las petroleras han influido poderosamente en las leyes peruanas y en que no se cumplan, se han sentido superiores al Estado peruano que ha pactado en los términos dictados por las petroleras.

La crisis de Saramurillo visualiza un gran fracaso de la política, comprendida ésta como el interés por “el bien común”. Los indígenas exigen una ley de monitoreo ambiental, algo absolutamente justo. Perú no tiene una ley de límites máximos permisibles de determinados metales pesados, lo cual permite a las petroleras campar a sus anchas. Si se privilegia los intereses de los grandes y no se legisla, el resto de performance que pueda realizar el Congreso no sirve para nada. De manera similar sucede con el Ejecutivo. El gobierno anterior priorizó la refinería de Talara, sin tener en cuenta el estado real del Oleoducto Nor-peruano. Hace poco se llegó a un acuerdo con Ecuador para que pueda utilizar dicho Oleoducto. Estas decisiones afectan extraordinariamente estos territorios indígenas por lo que supone de continuar con la actividad petrolera. Escuchamos a los indígenas que, en estas condiciones, no están dispuestos a que prosiga la extracción de petróleo. No se les ha preguntado. Es preciso definir qué significa “interés nacional”, cuando a los indígenas les queda metales pesados en la sangre (Corrientes, Cuninico…). Qué decir del poder judicial. 40 años de actividad petrolera y no hay sentencias firmes por esta actividad que, como todos sabemos, ha sido irresponsable. Los únicos que han pasado por la cárcel son los indígenas: caso Andoas.

Pero no echemos balones fuera. No hay discusión sobre el modelo energético. Estos temas nunca entran en las campañas políticas. Una ciudad como Iquitos está ajena a lo que sucede en Saramurillo. Sin embargo, la región Loreto depende del “canon petrolero”: esa anestesia que ha distorsionado, cuando no cegado, la mirada sobre lo que está sucediendo. La distribución de la riqueza es injusta. No se puede depender del canon, porque cuando cae la actividad petrolera tenemos una región ahogada económicamente. El dogma del canon y sobrecanon, que nos machaca el Estado, no corresponde al relato de la población. Más tarea para el Congreso: somos ciudadanos, no participantes en “los beneficios” de la actividad petrolera. Los municipios y el gobierno regional no saben lo que sucede, ni lo que está en juego. En fin, que no existe un verdadero interés por “el bien común”.

Es tiempo de conversar. No somos ingenuos, sabemos la dificultad que entraña. Palabras como “diálogo” están cargadas culturalmente, además de reflejar ‘asimetrías de poder’, si no se tienen en cuenta. El desafío que lanza Saramurillo es de tal envergadura que merece la pena ser tomado en cuenta. Una solución que implique desmovilización pero, no ataje los graves problemas existentes, se volverá en contra. Este movimiento es imparable, es mejor tomarlo en serio. Estudiarlo detenidamente, hacer propuestas que despejen las nebulosas todavía existentes, generar confianza y, sobre todo, tratar a los indígenas como ‘nuestros iguales’, con capacidad para negociar conforme a sus intereses.


LA IMPORTANCIA DEL DINERO

En todas las discusiones aparece agazapado el tema del dinero, así que es mejor abordarlo, aunque sea brevemente. El programa gubernamental Juntos lleva años repartiendo dinero en la zona. ¿Ha servido para algo? Nosotros creemos que sí, para una mayor intensidad en la penetración de mercancías. Ya desde antes, la actividad petrolera venía repartiendo dinero en determinados lugares como Trompeteros y Saramuro, fundamentalmente, pero no solo. El programa Juntos, aunque en cantidades pequeñas, lo ha distribuido a la mayoría de las comunidades. Lo cierto es que es difícil vivir en este mundo sin contar con dinero. La gasolina, los celulares y las televisiones, por citar algunos ejemplos, están regados por todas las comunidades. Maldecir o demonizar el dinero, aparte de no servir para nada, implica suspender la reflexión, algo a lo que no estamos dispuestos.

Es interesante seguir el uso del dinero que se lleva a cabo en la zona, aunque excede esta nota. Se compra un artefacto (frigorífico, DVD, equipo de sonido…) para disfrutarlo y como garantía contra las dificultades. Si se enferma mi hijo, puedo vender el artefacto y conseguir dinero efectivo que necesito para la medicina (occidental o vegetal). A nadie debe escapársele el atractivo que suponen los artefactos occidentales en pueblos indígenas, que después son utilizados al modo indígena. Quede este cabo suelto que algún momento habrá que retomar.

Prosigamos. De vez en cuando, escuchamos despectivamente que los nativos buscan dinero. Este tipo de comentarios traslucen, al menos, discriminación y romanticismo. Discriminación porque detrás está la idea de que los nativos no necesitan dinero. O que si tienen dinero no son realmente nativos. Esto no solo nos parece perjudicial sino deshonesto. Utilizan el dinero para seguir siendo nativos en este siglo XXI. Romanticismo, ya no son indígenas, antes sí que lo eran. Seguimos buscando al “buen salvaje”, no contaminado, no relacionado con el mundo actual. Esa entelequia no existe. Ya hace años que Said abordó el tema del “orientalismo” y la construcción de Oriente por los occidentales.


“CONTAMINACION Y FIN DEL MUNDO”

En el Marañón se ha ido introduciendo un nuevo término en los últimos 20 años: “contaminación”. Se usa frecuentemente, aunque el significado sea ‘difuso’. Los profesores lo han ido asociando a la basura; los activistas a la explotación petrolera, minera, basura… Lo cierto es que la misma palabra genera malestar. No se comprende muy bien lo que significa, pero el contexto sugiere que es algo peligroso, molesto, dañino.

Los kukama no tienen una palabra que defina esta nueva situación en su idioma. Suponemos que otros pueblos indígenas tampoco tienen concepto, como mucho la habrán incorporado como préstamo. Para pueblos indígenas se da una estrecha relación entre comportamiento y cosmología. Cuando hay demasiado mal en el mundo, excesivo ruido y faltan los recursos naturales el desenlace no es el cambio climático o el deterioro ambiental, sino que se “voltea el mundo”: surgen las ideas milenaristas y lo que los occidentales llamamos “fin del mundo” que, en realidad, no es fin del mundo. Para el caso kukama, lo que sucede es que el mundo “se voltea”: los que habitamos en la tierra pasamos a vivir debajo del agua y los yacuruna -karuara-, que moran dentro del agua, pasan a habitar en la tierra y comienza un nuevo ciclo. No es un fin del mundo, sino una transformación y regeneración del mismo.


LAS TORPEZAS DEL ESTADO

Hay municipios en la zona. Pero los municipios son instancias administrativas que no cumplen su rol político de buscar el bien común. Son manipulados por “asesores” de la ciudad que terminan tirándose la plata en cuestiones banales. Tanto es así que desconocen el tema, aunque se plieguen a última hora, pero continúan sin saber de qué se trata.

Hay escuelas y profesores. Pese a que ahora los profesores ya están titulados no ha mejorado lo suficiente la educación. El ausentismo laboral es alto. La interculturalidad no aterriza en las aulas y se necesitaría una mayor inversión en el sector. Por poner un ejemplo: los profesores señalan que la contaminación se debe únicamente a la basura.

Centros y postas de salud. Existen varios. Pero el personal que trabaja en estos espacios desconoce lo más mínimo de pueblos indígenas. Se quedan perplejos cuando una persona acude por un dolor de cabeza originado por utilizar la ropa de otra persona. No tienen herramientas para comprender que la ropa de otra persona enajena a quien no es su dueño.

Jueces letrados. Llegan a la zona e intervienen desconociendo las costumbres locales. Son, además, utilizados para hostilizar a los enemigos. Es una manera nueva de manejar la brujería. Y los jueces, que desconocen estas dinámicas, permanecen ajenos al lugar, con ganas de salir cuanto antes a la ciudad.

En otras palabras: los profesionales que salen de nuestras universidades tienen únicamente una visión occidental que no les sirve para cuando trabajan en pueblos indígenas. Desconocen lo más mínimo y, en lugar de ayudar, generan dificultades. Es urgente que los profesionales que salen de nuestras universidades tengan una visión intercultural. Es conveniente que los funcionarios estatales, de todos los estamentos, comprendan lo que sucede y tengan una visión positiva de pueblos indígenas que nos permita comprendernos entre todos.


PRESIÓN SOBRE EL ESTADO

Es hora de ir concluyendo. ¿Por qué se dirige ahora la presión sobre el Estado? Cuando las compañías petroleras estaban en una mayor actividad, el Estado –irresponsablemente- se desentendió de las comunidades. Y si las petroleras querían trabajar, tenían que realizar “concesiones” a las comunidades. A las petroleras les daba igual lo que solicitaran las comunidades, se lo entregaban. Su pretensión era continuar trabajando. En los últimos años, el Estado ha ido apareciendo tímidamente. Con la caída del precio del petróleo y la disminución de la actividad petrolera se recrudecen las quejas hacia el Estado. Y el Estado, que ha permanecido dormido todos estos años, no sabe qué hacer ni cómo resolver la situación. ¡Lamentable! Si hubieran cobrado más impuestos a las petroleras, cuidado el medio ambiente, exigido una remediación efectiva y siendo estrictos con las normas, ahora tendrían herramientas para manejar un conflicto que se va a ir agudizando. Si el Estado continúa, con su incapacidad de comprender la situación, las consecuencias serán imprevisibles. Estamos ante un desafío mayúsculo, necesitamos estar a la altura de las circunstancias. Y los pueblos indígenas terminarán ganando el desafío. Confiamos que no haya muertes de por medio y evitar todo sufrimiento innecesario por retardar una solución del todo justa. No debemos tener miedo a la verdad, una verdad que sea fruto de la justicia. Una Comisión de la Verdad para los más de 40 años de actividad petrolera es del todo justa y necesaria.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

sábado, 8 de octubre de 2016

SOBRE LA AYUDA HUMANITARIA EN EL BAJO MARAÑÓN: diez puntos para actuar rápidamente y pensar despacio

Iquitos, 8 de octubre de 2016

Después de un derrame, como los sufridos en las comunidades nativas de Monterrico y Nueva Alianza, en el distrito de Urarinas, provincia y departamento de Loreto, en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, en setiembre 2016, es necesario proporcionar agua, sobre todo agua, pero también alimentos y medicinas. Ahora bien,  es preciso intervenir rápido y realizar una reflexión más en profundidad. Cuando se entregó ayuda humanitaria, como en Cuninico, sólo se ha repartido para calmar los ánimos y disminuir la protesta. Esto nos parece un error, porque no tiene en cuenta las percepciones locales. Por lo tanto, hay una dirección de ida, pero no de ida y vuelta: una alimentación, medicina… culturalmente occidental, no intercultural.


Desidia es la palabra que utilizamos para indicar que a pesar de haber pasado más de un mes del derrame en Nueva Alianza, no han recibido ni una gota de agua. De igual modo Monterrico. Este despropósito sólo aumenta los niveles de rabia, esa que después les da miedo a los mandatarios. Sólo se nos ocurren un par de explicaciones a esta inacción: por un lado, discriminación: no nos conmueve el dolor de los otros, menos cuando son indígenas; por otro lado, si no sale en los medios de comunicación, no existen.


11.       La ayuda humanitaria debe ser insertada en un relato más amplio. No es un concierto de rock tipo “Aid for Africa”, que sólo sirve para que las estrellas brillen, pero no para solucionar la crisis humanitaria. Es preciso un relato más amplio que se sostenga en el tiempo y que nos lleve a pensar en una ciudadanía consciente. No olvidemos que en demasiadas oportunidades termina por convertirse en un “don que hiere”.

2.       La ayuda humanitaria tiene un tiempo determinado. Ahora necesitan agua, alimentos, medicinas… Hay que pensar en la post-ayuda. De ahí la importancia de un relato más amplio. Pasada la emergencia continúan necesitando agua potable, algo de lo que carecen la amplia mayoría de las comunidades. Recordamos de pasada que uno de los índices para medir los niveles de pobreza es el acceso al agua potable.

3.       Es preciso abordar bien los temas. El agua está matizada culturalmente. Desde la escuela nos dicen que el agua es incolora, inodora e insípida. Pero los kukama consideran que el agua debe tener sabor (a agua, que los occidentales podemos identificar cuando tomamos agua en estas comunidades con una mezcla de sabor entre barro y río), algo de color (tirando a marrón si proviene del Marañón o a oscuro si es de quebrada) y algo de olor (a río o quebrada).

4.       Los alimentos tampoco son ingenuos. Detrás está el cambio alimentario. Son las madres las que introducen los sabores a sus hijos. Y los sabores nuevos siempre son difíciles de digerir. Hay que tenerlo en cuenta. Es necesario conocer lo que se entiende por “comida”, “comida verdadera” en las  comunidades. Por ejemplo, el atún se puede comer un día, pero una dieta sostenida en el atún no es “comida verdadera”. De ahí a que se rechace, va un paso. Y es posible que termine malvendiéndose en alguno de los mercados urbanos. Pero también es necesario anotar que los niveles de mercurio en atún es alto.

5. La comida vehicula afectos. Cuando las madres de familia alimentan a sus hijos no los nutren únicamente, sino que está incluido en una suerte de cuidado que establece lazos muy fuertes. Por tanto, es preciso que cada madre cocine para sus hijos. (Ya podemos percibir el daño que causa Qali Warma).

6.       Surgen nuevas consecuencias indeseadas: la basura. Enlatados, botellas, plásticos… que llegan a las comunidades y no hay lugar donde depositarla. Es un problema gravísimo en selva baja donde ni siquiera la ciudad de Iquitos tiene un relleno sanitario en condiciones de ley. ¡Una vergüenza!

7.    No puede haber ayuda humanitaria sin atención en salud. Sarpullidos, diarreas… y las enfermedades propias de estos casos deben ser atendidas con rapidez. Pero no es suficiente. La salud no es únicamente ausencia de enfermedad. Se precisa atención especializada. El Centro de Salud más cercano a Monterrico y Nueva Alianza dista 3 ó 4 horas de bajada y 5 ó 6 de surcada. Ningún doctor les visita: ni semanal ni mensual, ni semestralmente.

8.      Un derrame de crudo supone un impacto gravísimo a la humanidad de estas comunidades: es impactado su medio ambiente, su pesca como modo de vida, su cosmología, sus relaciones sociales con la cantidad de gente extraña que llega a la comunidad, aumentan los niveles de stress… Por tanto, es preciso información de calidad, acompañamiento en salud mental. Añadimos una atención a los niños y niñas que sufren viendo a sus padres preocupados y no comprenden lo que está pasando. Salud mental intercultural, ¡por si acaso!

.9.       Es impensable que se esté de acuerdo en distribuir la ayuda humanitaria y no haya datos oficiales de las comunidades: cuántas comunidades hay, dónde están situadas, cómo se llega a ellas, cuánta población diferenciada por edades y sexo tienen, situación cultural… Es impensable. Esto sólo refleja una desatención y desmembración del Estado brutal. Y una falta de interés político en la ayuda humanitaria, aunque nadie en su sano juicio se atreva a cuestionar. Es más fácil, para el Perú, enviar algún avión de ayuda humanitaria a cualquier lugar del mundo que precise de ayuda humanitaria, que atender la crisis humanitaria de las poblaciones afectadas por la actividad petrolera.

110.   Regresamos al relato. En nuestra opinión no se trata de ofrecer ayuda humanitaria y olvidarse. Al contrario, debe servir para trabajar por una ciudadanía consciente. De no ser así, será contraproducente.
En junio 2014, sucedió el derrame de petróleo en Cuninico. En aquella oportunidad se distribuyeron agua y alimentos. La gente interiorizó que el agua de la quebrada y del río está contaminada y no se puede tomar.  ¿Y al concluir la ayuda? Continúan tomando agua del río, pero ahora con la percepción de que está contaminada. Una ayuda humanitaria puntual, sin estar insertada en un relato más amplio, no crea ciudadanía y hace daño.

Nueva Alianza y Monterrico han tenido un derrame en setiembre 2016, todavía no han recibido ayuda humanitaria. Pero han interiorizado, a partir de Cuninico, que cuando sucede un desastre de este tipo hay que recibir agua y alimentos, que no llegan. Los niveles de stress se disparan. La compañía, la confianza, la cercanía de las autoridades pudieran hacer mucho más llevadera esta crisis humanitaria. En esto nos jugamos el sentido de lo humano y el concepto de comunidad, si es que significa algo todavía.

Sigamos la ruta de abajo hacia arriba, con las comunidades intermedias: San Pedro (derrame en noviembre 2014), Cuninico (derrame en junio 2014), Urarinas, Nueva Santa Rosa de Urarinas, Nueva Alianza (derrame en setiembre 2016) y Monterrico (derrame en setiembre 2016). Como podemos ver, Urarinas y Nueva Santa Rosa están en medio de los derrames. ¿Y las comunidades que están en la otra orilla del Marañón como San Antonio, San Francisco y las demás?

Terminamos sugiriendo que tiene que haber una “ayuda humanitaria diferenciada” por comunidad. Todos han sido impactados, pero no todos en la misma medida. De ahí lo de “diferenciada”. Y proponemos, para concluir, que el distrito de Urarinas, desde Saramurillo - San José de Saramuro aguas arriba, debería ser declarado en emergencia ambiental y social.

Pudiera dar la sensación que con todos estos puntos es difícil intervenir. Cierto, es difícil, pero hay que hacerlo. Pretendemos contribuir a la reflexión común y ayudarnos a todos a intervenir de la forma más adecuada. Por tanto, estamos abiertos a críticas que sirvan para mejorar el interés común. Es probable que sucedan más derrames. Deberíamos ir aprendiendo algo. No podemos actuar en todos con sorpresa, como si fuera la primera vez. [Cabe señalar que involucrar a las comunidades en el monitoreo del Oleoducto es impostergable].

Somos conscientes que el gobierno es nuevo y necesita tiempo. Pero, señores, esto no es cuestión de gobierno, es política de Estado.

[Nota: Saramurillo representa, en nuestra opinión, un gran desafío. Ya tenemos redactada una nota que pronto distribuiremos].


Manolo Berjón 
Miguel Angel Cadenas