martes, 15 de septiembre de 2020

“RESONANCIA”. Una lectura sobre un punto de Querida Amazonía

 Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos

 

En febrero 2020 ha sido publicada la Exhortación Apostólica Querida Amazonía. Estamos en el inicio de la recepción de dicho documento eclesial, si es que el coronavirus no lo borra de un plumazo. En lugar de realizar una valoración total de la Exhortación, hemos preferido tocar un punto concreto: “la resonancia”. Para ello nos serviremos brevísimamente del análisis de Hartmut Rosa.



Para H. Rosa, sujeto y mundo no están separados, surgen en la relación. No hay nada anterior a esta relación, son co-originarios. Ante el mundo nos toca responder. Si somos capaces de esta respuesta entonces podremos entrar en “resonancia”, podemos vibrar, una condición de posibilidad de alcanzar la vida buena. Para ello tengo que dejarme “afectar” (A). Sin sentirme “conmocionado” no hay posibilidad de “resonancia”. Esto genera una respuesta “autoeficaz” (B) que se manifiesta incluso en el propio cuerpo: se pone “la carne de gallina”, “los pelos de punta”. Así llegamos a la “asimilación transformadora” (C), hemos cambiado. Ahora bien, no podemos predecir ni controlar esa relación con el mundo, posee un carácter “elusivo” (D).

El otro a quien escucho es diferente de mi, no puede ser un eco de mi propia voz. Esto es lo que sucede en los “oasis de resonancia”: como cuando tomo unas clases de yoga (o de meditación cristiana) para sentirme bien, o cuando voy de vacaciones, donde no establezco unas verdaderas relaciones con la gente. La resonancia difiere del sentimentalismo en que en la primera la relación es con el otro; en el sentimentalismo la relación es conmigo mismo y uso instrumentalmente al otro. También puede ocurrir que en la relación con el otro no llegue a un verdadero encuentro, entonces se produce una “disonancia”. Por ejemplo, en las redes sociales no suele haber escucha del otro, nos movemos en círculos de semejantes, se produce eco. En otras ocasiones hay agrias polémicas, se produce disonancia. Cuando salta la chispa y se produce resonancia se genera una transformación. Incluso puede haber resonancia en situaciones altamente conflictivas, como cuando una pareja se enamora en medio de la guerra.

 

UNA LECTURA DE “QUERIDA AMAZONÍA” A PARTIR DE LA “RESONANCIA”

En la Exhortación Apostólica aparece en una ocasión el término “resonancia” (n° 2), al comienzo de la misma. El Papa dirá: “escuché las intervenciones durante el Sínodo”, “leí con interés las aportaciones de los círculos menores”.  Y en dos ocasiones aparece el verbo “resonar” (n° 61. 64), al comienzo del sueño eclesial. Ya podemos percibir que están estratégicamente colocadas. “Hacer resonar” es un término técnico para traducir “catequesis”, la alusión más probable en la Exhortación. Nos situamos, por tanto, en el ámbito del sonido. Cabe señalar que para los pueblos indígenas existe una primacía del sonido sobre la visión. Cuando toman alucinógenos, en los momentos previos a la llegada de la visión aparece una turbulencia sónica, justo antes de la visión.

Después de haber escuchado al Sínodo el Papa se ha sentido “afectado”, “conmovido”(A). La Exhortación es la respuesta activa y propia, “autoeficaz” (B) del Papa. La escucha atenta del Papa a los padres sinodales no es un eco, no repite lo que dice el Documento Final del Sínodo. Es decir, se aleja de la “consonancia”. Intenta, más bien, una “asimilación transformadora” (C). La voz sinodal es una voz diferente de la del Papa, pero entran en conversación, de tú a tú. Ha cambiado el Papa y ha cambiado la voz de la Iglesia. Esta “asimilación transformadora” nos propone como Exhortación Apostólica. Esta relación Sínodo-Papa no garantiza que sea una relación “resonante”, siempre es vulnerable, no se puede controlar. En este sentido es elusiva (D). Ahora dependerá de la recepción que se realice de este documento eclesial, tanto por parte del Pueblo de Dios como de las personas de buena voluntad.

Si, como sostenemos, la utilización del término “resonancia” y “resonar” están elegidos conscientemente y colocados estratégicamente, entonces conviene recordar que, en el lenguaje eclesial, “resonancia” remite a la “catequesis”. Así la Exhortación vendría a ser una catequesis papal. La catequesis no consiste únicamente en la exposición del kerigma, que sin duda lo incluye como elemento primordial y fundamental, sino que las tres primeras partes (los sueños social, cultural y ecológico) son el contexto donde se enmarca la cuarta parte: el sueño eclesial. La catequesis vendría a estar así históricamente situada, como no puede ser de otra manera. Con otras palabras, no se puede separar la catequesis, ni la evangelización, de sus aspectos sociales, económicos…

Se mantiene una distancia entre el Sínodo y el Papa que nos libra de la “pura consonancia”. El Papa no repite lo que dice el Sínodo, más bien nos “invita a leerlo íntegramente” [el Documento Final del Sínodo] (n° 3). Son dos voces diferentes, propias. Esta diferencia no lleva a la “disonancia radical”, sino que está englobado en un “camino de diálogo y discernimiento”. El discernimiento es un elemento clave. Teniendo voces diferentes, hay que hacer un esfuerzo por comprenderse, eso exige discernir, separar lo accesorio de lo principal. Esto nos sitúa delante de la “asimilación transformadora”.

Si el Papa nos confía su “resonancia” y apela al “discernimiento”, entonces la recepción del documento no debe convertirse en una mera repetición, como si estuviéramos en una “cámara de eco”. Necesitamos tener voz propia, para hacer que resuene en nosotros. En este sentido nos distanciamos de la “apropiación” que consiste en una relación instrumental, para generar que resuene en nosotros. En demasiadas ocasiones los eclesiásticos son mera correa de transmisión, un eco apagado que no hace resonar.

Podríamos indicar que en el n° 2 se privilegia el “eje social u horizontal”, entre iguales, puesto que el Papa nos narra sus “resonancias” después de haber escuchado a los padres sinodales. El n° 61 participaría del “eje social u horizontal”, dado que es una institución humana, pero asistida por el Espíritu, en ese sentido también participa del “eje vertical”, donde se incluye el anuncio del Evangelio. Y en el n° 64 predomina el eje vertical porque se trata de anunciar el Evangelio.

Resonar aparece en dos oportunidades al comienzo del “sueño eclesial”. Literalmente se dice: “El evangelio debe resonar, una y otra vez, el gran anuncio misionero” (n° 61), “este anuncio debe resonar” (n° 64). Ahora ya no son las resonancias del Papa, ahora lo que resuena es el “Evangelio” y el “este anuncio”. Sin este anuncio nos convertimos en una ONG. Es lo más genuino de la iglesia. Es una llamada de atención del Papa para no descuidar el “eje vertical” y quedarnos únicamente en el plano “social u horizontal”. Estamos en el eje vertical (la relación con el mundo o con una realidad última como una totalidad, con Dios, en definitiva). Tengamos en cuenta que algunos pueblos indígenas carecen de la idea de trascendencia, son inmanentes.

Acá radica gran parte del problema de la catequesis y de la evangelización en general. Si no somos capaces de “hacer resonar” no hemos hecho nada. La tarea consiste en “conmocionar”, “afectar” (A), incluso con cambios en el cuerpo: cambio en la resistencia de la piel, la frecuencia respiratoria, el latido del corazón, o la presión sanguínea. Esto exige una respuesta “autoeficaz” (B). Si nos dedicamos a repetir una doctrina, por muy importante que sea, y no tocamos el corazón no podemos provocar ninguna respuesta personal. Así tenemos que muchas personas son bautizadas pero no han respondido personalmente, porque no se han sentido afectados. Sólo cuando este encuentro afecta y provoca una respuesta personal, se puede generar una “asimilación transformativa” (C), que puede suponer expresarla en otros términos diferentes. No en vano el cristianismo, que se gestó en una tradición judía, fue capaz a presentarse en una cultura griega. Gran parte del problema de los cristianismos amazónicos consiste en repetir las fórmulas que ya sabemos, sin hacer resonar. Pero todo esto no ofrece ninguna garantía, no sabemos cómo va a terminar, no podemos controlar el proceso, es elusivo (D).

Si tuviéramos que hacer alguna corrección a todo lo dicho, indicaríamos que desde hace más de una década se ha producido un “giro ontológico” de gran envergadura. La “cultura” es un concepto cuestionado por muchos, que han pasado a pensar la “realidad” como la herramienta más adecuada. Nos parece que la “resonancia” de H. Rosa no depende tanto de las culturas, como él argumenta, sino del tipo de realidad en el que nos situamos. En este sentido, la ontología no vendría a ser únicamente la relación con el mundo en cuanto tal, de manera abstracta, sino la relación con un mundo tematizado a partir de diversas ontologías. Para ser breves, Descola habla de 4 ontologías: naturalismo, animismo, totemismo y analogismo. Nosotros enfatizamos la “poliontología”, es decir, la gente se mueve en diferentes ontologías dependiendo del contexto. Un enfermo puede ir al hospital en un momento dado (naturalismo occidental) y también acudir al chamán (animismo indígena). Y las relaciones entre ambos están imbricadas íntimamente, de tal manera que pueden cambiar las tornas en cualquier momento.

Nos parece adecuado el análisis sobre la “resonancia”, pero en lugar de aceptar acríticamente la ontología naturalista occidental, es conveniente que reconozcamos también la ontología animista indígena. Y cómo los indígenas navegan entre ambas como el ejemplo sobre la salud que hemos dado: en ocasiones al hospital, en ocasiones al chamán, de ahí la poliontología. En muchas oportunidades el anuncio cristiano no resuena porque muchos pueblos indígenas no poseen nociones de trascendencia, todo es inmanente. De poco vale insistir con una “sana doctrina”, de poco vale visitar casa por casa, sino hacemos vibrar. Esto nos exige cercanía, paciencia, constancia e inteligencia, mucha inteligencia.

martes, 8 de septiembre de 2020

“DUEÑIDAD”: rescatando del olvido los sucesos del lote 95

Manolo Berjón 

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos

 

El 8 de agosto de 2020 se produjo un enfrentamiento en el lote 95, comunidad de Bretaña, que dejó 3 indígenas kukama muertos y 17 heridos entre indígenas y policías. Es una tarea importante pensar a partir de este acontecimiento. En esta oportunidad vamos a trabajar con el concepto “dueño” en dos sentidos diferentes. Para ello trataremos de “controlar la equivocidad” dejando claro cada uno de los significados. Nos serviremos, por un lado, de algunas orientaciones de Rita Segato. No será objeto de esta nota su teoría de género, que podría iluminar desde otro ángulo los sucesos de Bretaña, pero que dejamos para personas más competentes. Por otro lado, pensaremos este concepto desde el punto de vista kukama. Esta doble referencia nos permitirá percibir la actuación del Estado desde dos ángulos diferentes.


© Manolo Berjón


En algún momento, abogados, jueces y fiscales, tendrán que dirimir sobre estas muertes. Vamos a intentar poner un poco de contexto. Como es fácil de comprobar, la traducción va mucho más allá de los idiomas para intentar una traducción entre culturas diferentes. Hablando el mismo idioma, y utilizando la misma palabra, podemos estar diciendo cosas diferentes.

Comencemos con la “dueñidad” tal como la piensa Rita Segato. De forma somera, la define como “potencia”, “señorío sobre el cuerpo”, “las cosas”, “los bienes” y “la tierra”. Dueñidad vendría a ser “una nueva forma de señorío resultante de la aceleración, de la concentración y de la expansión de una esfera de control de la vida que describo sin dudarlo como paraestatal… La posibilidad de una existencia sin gramática institucional o de falencia institucional inevitable ante niveles de concentración de riqueza sin precedentes”. Para ella no es suficiente hablar de desigualdad, como en la etapa anterior, es preciso un paso más: la dueñidad o señorío (Segato 2016: 17).

Extraemos otro párrafo de Segato para nuestro propósito: “La dueñidad en Latinoamérica se manifiesta bajo la forma de una administración mafializada y gangsteril de los negocios, la política y la justicia, pero esto de ninguna forma debe considerarse desvinculado de un orden global y geopolítico sobreimpuesto a nuestros asuntos internos. […] En esta fase extrema y apocalíptica en la cual rapiñar, desplazar, desarraigar, esclavizar y explotar al máximo son el camino de la acumulación, esto es, la meta que orienta el proyecto histórico del capital, es crucialmente instrumental reducir la empatía humana y entrenar a las personas para que consigan ejecutar, tolerar y convivir con actos de crueldad cotidianos” (Segato 2016: 99).

Para nuestro caso nos parece que el Estado ha sido ocupado por un funcionariado, una élite, que se ha puesto al servicio del capital. Es el Estado quien saca a la venta los lotes petroleros, los promociona y los adjudica. Es el Estado quien organiza su aparato legal en conformidad con las actividades económicas. Los grandes capitales petroleros perfilan y pulen las leyes. Un ejemplo, la Reserva Nacional [Pacaya Samiria], donde se sitúa Bretaña, permite la extracción legal de hidrocarburos aunque después mezquina recursos naturales a sus pobladores ancestrales. Es el mismo Estado el que no respeta sus propias leyes ambientales y es el Estado quien evita remediar los graves problemas ecológicos causados por dicha actividad petrolera.

Coincidimos, por tanto, con Segato en que hay un poder paraestatal que controla la vida y muerte de las personas. ¿Existe un convenio entre PNP y Petrotal? Sea como fuere, el saldo deja 3 indígenas muertos y 17 heridos entre indígenas y policías. La falta de “gramática institucional” o la “falencia institucional” se percibe en el escaso control legal a las petroleras y los pésimos servicios estatales ofrecidos a los habitantes del lugar: Loreto es el peor departamento del Perú en comprensión lectora y matemáticas, el peor en conexión a internet y sigue ocupando los últimos lugares en desnutrición y anemia. Para unas cosas tenemos un Estado fuerte (aliado de las petroleras) y para otras un Estado débil (escasa calidad de servicios a sus pobladores).

¿Podemos acostumbrarnos a la crueldad? Parece que sí. La Defensoría del Pueblo había focalizado Bretaña como un lugar de posibles conflictos desde abril de 2019. El Estado permaneció ensimismado en el cambio de gobierno [que nos parece absolutamente coyuntatural, sin mayor incidencia] y el “cierre de brechas” [algo que también exige Petrotal, para que percibamos la gravedad del tema]. A pesar de todo saltaron los muertos. El Estado no termina de comprender la peligrosidad de la situación, ni cómo se está viviendo en las comunidades. El “cierre de brechas” puede ser otra oportunidad más para el despilfarro y la corrupción, pero iremos viendo. Las brechas son bastante más que dinero y economía, tiene que ver con la discriminación y el desprecio, entre otros muchos aspectos. Lo cierto es que los tres muertos indígenas no parecen pesar mucho al Perú. Da la impresión que se ha corrido un manto de oscuridad sobre los mismos.

Nos gustaría retomar el tema del dueño desde otra perspectiva. “Dueño” es una categoría indígena de gran calado. En otro lugar hemos distinguido entre “propietario y “dueño”. El primero es quien tiene derecho de propiedad. En el Estado moderno se exigen documentos que son expedidos por una determinada burocracia. Yo soy propietario de una casa si la construyo o la  compro a otro propietario previa adquisición de sus documentos. Dueño, en cambio, es quien ejerce señorío sobre alguien o algo, aunque no sea su propietario. Pongamos un ejemplo: presto siempre la misma motosierra a un señor X. El señor X es el propietario de la motosierra, posee sus documentos legales. Pero yo puedo llegar a ser su dueño si al trabajar con ella la cuido, me preocupo por no malograrla, atenderla en todas sus necesidades (aceite, gasolina, adornos…). La motosierra me conoce y establece una relación especial conmigo que puede ser de aceptación o de rechazo. No soy su propietario, pero la motosierra me reconoce como su dueño (Berjón Martínez & Cadenas Cardo 2018).

Pues bien, el Estado “se considera” propietario del territorio indígena. Se comporta como “dueño” en el sentido de Segato. Sin embargo, los pueblos indígenas son anteriores al Estado y tienen derecho a su territorio. Otra falacia es que el Estado considera a los pueblos indígenas sólo “dueños” del suelo, no del subsuelo [hidrocarburos]. Para el pueblo kukama el territorio no es únicamente una delimitación del espacio, como pretende el Estado, un espacio vacío en un mapa. Para el pueblo kukama el territorio implica una “humanidad territorializada”. Un espacio ocupado también por seres no humanos como la boa, el shapshico, o cualquiera de los otros dueños con quienes los humanos negocian a la hora de cazar, pescar o abrir chacra, entre otras actividades. Ser dueño implica cuidar, esto es, criar y proteger. Por tanto, los humanos son dueños de su territorio en tanto en cuanto negocian con los dueños que habitan esa “humanidad territorializada” (Campanera Reig 2018). Algo que no comprende el Estado y que las petroleras, ávidas de riquezas, no respetan.

Para ir concluyendo. Nos hemos servido del término “dueñidad” de Rita Segato para aplicarlo a un capitalismo salvaje, de rapiña. Por otro lado, acudimos al término kukama de “dueño” para enfatizar el cuidado, la protección del territorio y de las personas. Ambas acepciones nos han sido útiles, y las hemos aplicado de forma complementaria, para exponer nuestra visión de lo sucedido en el lote 95.

REFERENCIAS

- BERJÓN MARTÍNEZ, Manuel M. & CADENAS CARDO, Miguel Ángel (2018), “Motocarro matador”: variaciones sobre el dominio, en Estudio Agustiniano, N° 53, pp. 577-613, en https://www.agustinosvalladolid.es/estudio/investigacion/estudioagustiniano/estudiofondos/estudio2018/estudio_2018_3_04.pdf

- CAMPANERA REIG, Mireia (2018), Humanidad territorializada. Madres, dueños y personas que cuidan, en AIBR, vol. 13, N° 2, pp. 189-212, en https://www.aibr.org/antropologia/netesp/numeros/1302/130204.pdf

- SEGATO, Rita Laura (2016), La guerra contra las mujeres, Traficantes de Sueños, Madrid.

jueves, 13 de agosto de 2020

LA PROVOCACIÓN DEL ARTE EN TIEMPOS DE COVID-19: “MATRIZCIDIO 2022”

 Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos

 

Título: “Matrizcidio 2022”

Técnica: Ilustración digital

Autor: Del Águila Art (artista loretano)

 

Estamos dando un vistazo anodino al Facebook y nos encontramos con esta belleza visual. La rutina y la indiferencia saltan por los aires. No es poca virtud en este mundo saturado de imágenes. Nos parece una provocación, en el buen sentido del término. Queremos dejar constancia de ello.


© Christian del Aguila: Matrizcidio 2022


El autor utiliza la ilustración digital, el uso de tecnologías informáticas con diversos dispositivos electrónicos para crear arte. Aparece la brecha digital y la distancia entre generaciones. La potencia visual nos indica que el autor es un experto en el tema. Se presenta como un artista loretano. Merece la pena estar atentos a sus creaciones.

Nos atrapó desde el primer momento, aunque al principio nos dejó desconcertados. Posteriormente nos ha servido para hacernos algunas preguntas. Muy probablemente, el autor y nosotros partamos de convicciones diferentes. Estamos lejos de la “consonancia” entre idénticos. Lo habitual hubiera sido la “disonancia”: el ruido que no permite escucharse. Proviniendo de escenarios diferentes apostamos por una posible “resonancia”: convergencia entre diferentes que, conservando su diferencia, pueden vibrar en común. Arte y religión son dos ámbitos propicios para la “resonancia” comprendida como una vibración que nos transforma y nos conduce tras la senda de la vida buena.

El primer vistazo nos colocó delante de la iglesia Matriz de Iquitos abandonada y semiderruida. La imagen se percibe desde la calle Arica, invadida por el río. Aparecen plantas acuáticas al lado de la Matriz. No existe la Plaza de Armas, un brazo del río lo ha anegado todo. Al otro lado del río continúa erguida una torre de luz. El cielo está rojo, es una puesta de sol. Para los occidentales esto implica que al día siguiente hará buen tiempo (calor). En la Amazonía es una señal de lluvia. Así lo considera también el pueblo kukama. En la calle permanecen abandonados un motocarro volteado y un ómnibus. Atado al ómnibus hay una canoa-bote y encima del ómnibus una mujer con un perro. La mujer tiene unos jeans al uso, rotos, y botas. En su hombro hay una especie de bolsa-carcaj donde guarda las flechas y un arco en la mano izquierda, mientras con la derecha parece indicar el boquete que hay en la cubierta de la parte anterior de la Matriz. El cuadro lo completan algunas aves, probablemente gallinazos en el tejado de la Matriz y unos loros en la farola al otro lado de la calle. Nos parece una escena post-apocalíptica.

La descripción del cuadro se completa con un cartel donde se lee: “#YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. Las letras son de molde y en color gris oscuro, excepto el “no”: un añadido posterior en color rojo. En la pared de la Matriz podemos leer: “FALSO DIOS” y “AMAZONÍA IS DEAD”. También aparece dibujado en color rojo en la pared de la Matriz la figura del covid-19. Vamos a proponer 4 sucintas pistas de lectura, entre otras muchas posibles y una nota final sobre la temporalidad. El arte tiene la capacidad de sugerir. El espectador también construye su propio cuadro. No tiene por qué coincidir la narración (oral o escrita) que realiza el autor a los relatos que organizan los posibles observadores. Pero pueden ser relatos que conversan.

1.       Nos parece que la mujer ocupa un lugar central en el cuadro. Por un lado está la iglesia Matriz, del latín matrix, útero; y, por otro, la mujer encima del ómnibus. Esta contraposición nos parece muy interesante. La Matriz ya no genera vida, está desolada y semiderruida. La mujer que está encima del ómnibus es una superviviente, una resistente, hay esperanza. Está caracterizada como una cazadora con un perro bien alimentado, el carcaj con flechas y el arco, roles tradicionalmente masculinos. Es una mujer joven actual, sus jeans están rotos. No aparecen niños, pero el hecho de ser una mujer joven deja abierta la posibilidad generatriz, si es que ella lo deseara, aunque no aparece ningún varón. Decimos esto porque al ser una superviviente encarna la esperanza y el futuro. El género está en construcción.

 

2.       Sólido – líquido. El agua ocupa un lugar central. El autor ha optado por una creciente del río. Esto es una licencia del artista, difícilmente se anega la Plaza de Armas de Iquitos. Por cierto, no existe Plaza de Armas, su espacio lo ocupa un brazo del río. La plaza es un espacio de socialización y prestigio. Sólo se observa una superviviente y su perro en la calle Arica. Al otro lado del brazo del río hay una torre de metal. Esto contrasta con el hierro del socavón de la cubierta en la parte delantera de la Matriz. Ambos son sólidos: la torre de metal permanece, la Matriz está deteriorada y semiderruida. Hay otro socavón en la esquina trasera de la iglesia. Pero lo que nos parece más interesante es el contraste entre la solidez y la fluidez. El agua está muy presente y la forma de deslizarse en este mundo no es ocupar un espacio permanente, la Matriz como construcción, sino la canoa-bote, donde probablemente ha llegado la superviviente. Esta idea de lo fluido que se desplaza es muy amazónica. No sabemos si está en la intención del artista, pero en un mito kukama se narra que la maldad de la gente, manifestada a través del ruido, la ruptura del equilibrio con la naturaleza y las desigualdades, provocan el hundimiento de la tierra y la anegación de las aguas. Los socavones en la iglesia serían producto del abandono, más que un ataque externo. Por cierto, para los kukama, el hundimiento de la plaza implica todos los negocios que están establecidos en ella: el BCP, la Casa de Fierro… El lugar de socialización es un lugar de prestigio y exclusión. Ciertamente, los humildes también pueden pasear, pero no se pueden adueñar. Existe un contraste entre la movilidad terrestre (ómnibus y motocarro) malogrados y la acuática (canoa-bote).

 

3.       La escritura ocupa un lugar importante. En pueblos de una gran tradición oral se opta por la escritura en dos idiomas imperiales: español e inglés. No sabemos si el artista afirma o sólo copia lo que ve. Lo han escrito otros, él lo pinta. Este artificio permite al artista reservar su opinión. Comenzamos por lo escrito más en el centro de la pared de la Matriz: “AMAZONÍA IS DEAD”. A su lado hay un dibujo del covid-19, lo interpretamos como el causante de la muerte de la Amazonía. Ciertamente, el sufrimiento en la ciudad de Iquitos ha sido indecible. Pero no se menciona el sufrimiento en pueblos indígenas, algo que estaba ocurriendo en el momento mismo de la creación, y que continúa ocurriendo mientras escribimos esto. Podríamos añadir que si continúa la depredación de la Amazonía el próximo virus saldrá de acá, pero no se sugiere en el cuadro. El segundo escrito reza: “FALSO DIOS”. Estamos lejos de la muerte de Dios nietzscheana. El cuadro sugiere que “éste” Dios es falso (el cristiano), pero puede haber otros verdaderos. Acá hay un legado para la teología. ¿No hemos sido demasiado vehementes en la utilización de una teología afirmativa sobre Dios (catafática) y no deberíamos también presentar una teología negativa sobre Dios (apofática)? Es decir, no podemos controlar a Dios, tenemos que dejarle que sea Misterio. Menos dogmatismo y más mística. El tercer escrito aparece en un cartel: “YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. Cartel que ha sido sido intervenido. El “no” es una adición posterior. ¿Atribuye el autor el no quedarse en casa con la debacle que retrata? No lo sabemos. Pero nos llama la atención, porque el Estado no ha cumplido el rol protector que le corresponde y ha culpado a la población de no quedarse en casa. En Iquitos ha sido particularmente duro cómo muchas personas del centro han insultado por las redes sociales a quienes no se quedaban en casa [muchos de ellos no podían por el hacinamiento en el que viven –la planificación urbana en Iquitos es un desastre–, porque tenían que trabajar, porque sólo se utilizó la razón occidental para una población como la de Iquitos, con un fuerte componente indígena, o por otros motivos]. ¿Se ha comprado el discurso oficial?

 

 

4.       ¿Es el coronavirus el causante de todo esto? Eso parece sugerir el cuadro, con la pintura del covid-19 en la pared de la Matriz y el cartel “YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. El título del cuadro nos parece muy evocador: “Matrizcidio 2022”. ¿Este es el escenario para 2022? Entonces, nos quedan un par de años de sufrimiento hasta que lleguemos a ese estado reflejado en el cuadro. Como estamos en 2020, ¿es una invitación del autor para que reaccionemos? ¿En qué sentido? ¿Es un deseo matar a la Matriz? ¿Es una descripción de lo que ha pasado en Iquitos durante la pandemia del coronavirus?

 

No podemos terminar sin hacer referencia a la historia. Con la llegada de los jesuitas en el s. XVII aparecen las epidemias históricas que diezmaron la población indígena. ¿Puede ser leído el cuadro como una metáfora de las epidemias? Tal vez, pero nos parece problemático por dos motivos. En primer lugar, porque durante la primera globalización (s. XVI-XIX) no eran conscientes de las epidemias. Los jesuitas barruntaban algo, pero no fue hasta el s. XIX que se descubrieron los virus. En segundo lugar, porque en la etapa actual de la globalización y, en concreto, en esta epidemia de covid-19, la Iglesia de Iquitos ha sido parte de la solución, no del problema. Autoridades tenemos que no cumplieron su papel.


Siguiendo con la temporalidad. La cuarentena ha sido un tiempo productivo. Algunos artistas han creado arte. Esto siempre lo debemos agradecer. El arte tiene su propio espacio y dinámica. Contribuye, sin duda, a la construcción del bien común, a la reflexividad y puede tener efectos terapéuticos si nos sirve para analizar lo que nos ha sucedido. Sin embargo, el Estado ha sido un vector de propagación del virus. Algunos trabajadores municipales en el reparto de víveres han diseminado el virus en el río Corrientes. En el distrito de Parinari trabajadores del Ministerio de Salud también han  dispersado el virus. Respecto al Ministerio de Cultura, al que agradecemos estar atento a esta creación, no ha tenido la misma empatía con los pueblos indígenas, a quienes tiene obligación de atender y no la hecho suficientemente, con muertes indígenas incluidas. Cultura parece haberse acordado de los indígenas exclusivamente para reseñar algunas necrológicas obligadas. Mientras tanto la Iglesia de Iquitos generó esperanza en la población y llamó la atención del Estado con la colecta pública que ha servido para comprar 4 plantas de oxígeno, medicinas y equipos de protección personal, entre otras actividades. Algunos de estos insumos han ido a los Centros de Salud y Postas Médicas situadas en pueblos indígenas, porque el Estado no lo hace, al menos no suficientemente. Alentamos a la recepción de la obra. Es una oportunidad de contrastar públicamente diversos relatos de lo que nos ha sucedido como sociedad y construir sentido, buscando sus posibles efectos terapéuticos.

lunes, 10 de agosto de 2020

CÓMO NARRAR LOS CRÍMENES INDÍGENAS KUKAMA DE BRETAÑA

Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos


Nuestras condolencias y sentidos pésames para las familias de los fallecidos. Sólo conocemos el nombre de dos de los fallecidos:  Chemilton Flores Crispín y   William López Ijuma.

 

El contexto es imprescindible y necesario para enmarcar los hechos. De esta forma adquieren sentido. En nuestra opinión no basta con narrar los hechos, hay que preguntarse desde dónde se narran. Nosotros optamos por la monetarización y el cambio de modelo energético como dos claves fundamentales que nos permitan comprender mejor lo sucedido. Damos por conocidos los hechos. Sólo recordamos que hay tres indígenas muertos y varios indígenas y policías heridos. Si alguien necesita conocer los hechos puede leer: http://www.caaap.org.pe/website/2020/08/09/orpio-tras-muertes-en-el-lote-95-exigimos-investigar-quien-inicio-con-los-disparos-y-quienes-mataron-a-los-tres-hermanos-indigenas/ , también se puede ver: https://elpais.com/internacional/2020-08-10/tres-indigenas-mueren-por-disparos-de-la-policia-en-peru.html


© Leonardo Tello. Un herido en Bretaña a su paso por el puerto de Nauta. Con la sabiduría de Leonardo: "los indígenas y los policías no se diferenciaban en nada". Los muertos siempre lo ponen los mismos cuerpos. Los cuerpos de corbata no frecuentan estos espacios de violencia.


Fue en 1971 cuando se descubrió el primer pozo de petróleo en Loreto. De entonces para acá la actividad petrolera ha marcado la región. Las compañías petroleras han tenido pocos escrúpulos con los pueblos indígenas y el medio ambiente. El Estado, buscando la inversión privada, no se ha dotado de las leyes adecuadas y cuando las tuvo, no las aplicó. Así de sencillo. Loreto decidió anestesiarse con el canon petrolero que no ha servido a la región, menos a los pueblos indígenas. Todavía hoy en día hablar de pueblos indígenas y actividad petrolera es problemático en Iquitos. Los insultos están a la orden del día.

Durante décadas no hubo oposición aparente a la actividad petrolera por parte de los pueblos indígenas. Recordamos un infausto 3 de octubre de 2000: se derramaron muchísimos más de 5500 barriles de petróleo en San José de Saramuro, río Marañón. Fue un día negro, como el color del que tiñó el río. La actuación del Estado fue deplorable y la petrolera superó el cinismo habitual.

En el 2006 los achuar del Corrientes entraron en paro y terminaron firmando el “Acta de Dorissa”. Fue la primera vez que un pueblo indígena sentaba al Estado. A partir de entonces ha habido muchas historias. Lo cierto es que hay territorios contaminados, afectaciones a la pesca y la caza, entre otra serie de graves consecuencias. Los derrames de petróleo son otro capítulo triste. Un Oleoducto Nor-peruano obsoleto, y sin el mantenimiento adecuado, fue el escenario desastroso de una serie de derrames que han perjudicado enormemente a las comunidades. Los crímenes de Bretaña vienen de lejos, y sin tener en cuenta la lucha indígena con la actividad petrolera no se pueden comprender.

Nos van a permitir un párrafo sobre el Estado. Permite la extracción de recursos naturales a las empresas, en muchas ocasiones sin consulta previa. No tiene un instrumental medioambiental adecuado. Cuando se dota de leyes no las hace cumplir. No atiende con necesidades básicas a su población indígena: agua potable, desagüe, educación y salud de calidad, acceso a internet… Se coloca al lado de las empresas extractivas cuando surgen conflictos sociales. Establece mesas de diálogo donde se firman documentos que nunca se cumplen.

 

MONETARIZACIÓN

El crecimiento económico peruano trae de la mano la monetarización en las comunidades. Se han producido varias transformaciones importantes. En primer lugar, muchos loretanos han migrado fundamentalmente a la costa en busca de un trabajo que permanece esquivo en Loreto. Esto también ha afectado a los pueblos indígenas. Como contrapartida llegaban pequeñas remesas de dinero a las comunidades. También la actividad petrolera monetarizó las comunidades ofreciendo trabajos precarios a los indígenas. Programas estatales como Juntos, Pensión 65 y Qali Warma han generado cambios de envergadura. Los dos primeros han contribuido directamente a la monetarización. Y el tercero a un cambio alimentario de grandes dimensiones. Una modificación del paladar que sólo se puede satisfacer comprando alimentos foráneos con dinero. A esto se une la necesidad de celulares para comunicarse con los familiares en la ciudad…

La monetarización, en sí misma, es neutra: ni buena ni mala. Diferente es cómo se consigue el dinero y en qué se gasta. Se invierte el dinero en relaciones sociales, que es la manera de invertir en seguridad. De ahí que se compren bienes como televisiones, refrigeradoras… que se pueden vender en momento de una necesidad. Se invierte en diversiones con la familia y amigos. De tal manera, que cuando esté necesitado tenga un colchón social que me pueda respaldar. Difícilmente se invierte el dinero en el banco o en acciones, y no es únicamente porque en la mayoría de los lugares no haya oficinas bancarias, que no las hay. Esta necesidad de dinero, junto con la desafección del Estado que no cumple con requisitos mínimos como agua potable, educación y salud de calidad…, genera que los paros sean cada vez más violentos.

 

CAMBIO DE MODELO ENERGÉTICO Y POSIBLE MEDIACIÓN

Por esta razón: a) denunciamos la violación de los derechos humanos y la destrucción extractiva; b) asumimos y apoyamos las campañas de desinversión de compañías extractivas relacionadas al daño socio-ecológico de la Amazonía, comenzando por las propias instituciones eclesiales y también en alianza con otras Iglesias; c) llamamos a una transición energética radical y a la búsqueda de alternativas: «La civilización requiere energía, ¡pero el uso de la energía no debe destruir la civilización!»: Documento Final del Sínodo Panamazónico, n° 70.

 

Cuál es el marco adecuado desde el que narrar estos hechos. Nosotros lo tenemos claro: el cambio de modelo energético. A estas alturas ha quedado suficientemente claro que los combustibles fósiles contribuyen al calentamiento del planeta y no podemos continuar así. Ha llegado, por tanto, el momento de establecer con competencia el cambio de modelo energético. Sólo de esta manera podemos percibir la gravedad de una actividad petrolera donde el Estado se ha situado al lado de las Compañías en detrimento de las poblaciones indígenas generando un sinfín de dificultades. La actividad petrolera ha causado un desastre medioambiental, un desgarramiento en pueblos indígenas y un Loreto carcomido por la corrupción. Insistimos en esto porque situar estos crímenes en un marco petrolero implica avalar este marco. Además se sitúa dentro de una economía extractivista y ya es tiempo de cambiar a un modelo económico del cuidado.

Conviene, además, que tengamos claridad. No es la primera vez que se piden mediadores para este tipo de conflictos. No es tiempo de parches, hay que ir a la raíz de los problemas. De lo contrario la mediación se convierte en apaciguar a los indígenas para que todo siga igual, para que la contaminación y desestructuración de pueblos indígenas sigan adelante. Una mediación enmarcada dentro del necesario cambio de matriz energética comienza dando pasos desde la urgente “transición energética”.

Algunas personas nos han preguntado si han solicitado la mediación de la iglesia. No lo sabemos, pero es probable. No es la primera vez que solicitan la mediación de la iglesia, y probablemente no sea la última. En nuestra opinión no se trata de apaciguar a los indígenas, como pretende el Estado, sino de crear condiciones que permitan que no se vuelvan a repetir los hechos. Y dada la deriva de los últimos años, la mejor alternativa es cambiar de modelo energético, tal como piden los documentos eclesiales. Esto implicaría que, en nuestra opinión, se debe exigir esa “transición energética” como base para poder realizar la intermediación. De lo contrario, sentamos las bases para que la siguiente protesta se salde con más violencia.

Acudimos al magisterio del Papa Francisco:

“Mientras no haya un amplio desarrollo de energías renovables, que debería estar ya en marcha, es legítimo optar por la alternativa menos perjudicial o acudir a soluciones transitorias. Sin embargo, en la comunidad internacional no se logran acuerdos suficientes sobre la responsabilidad de quienes deben soportar los costos de la transición energética. En las últimas décadas, las cuestiones ambientales han generado un gran debate público que ha hecho crecer en la sociedad civil espacios de mucho compromiso y de entrega generosa. La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período postindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”: Papa Francisco, Laudato Si, n° 165.

 

En Estados Unidos los grandes inversionistas están percibiendo que ha pasado la época del petróleo y no lo ven como una fuente de inversión futura. Nos aunamos a este proceso.

miércoles, 15 de julio de 2020

EL OXÍGENO EN IQUITOS Y LOS RETRATOS EN LIMA: HACIA UNA IGLESIA MESIÁNICA


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada - Iquitos

“Las grandes obras asistenciales de la Iglesia no son problemáticas por el hecho de existir (también los cristianos de hoy tienen conciencia de la necesidad de la caridad) sino porque sacan esa caridad fuera de su contexto mesiánico” (J. B. Metz).

Han pasado aquellos trágicos días de búsqueda de oxígeno en Iquitos, esperemos que no regresen nunca. Días que quedarán tatuados en la piel de miles de familias. Lo más común aquellos días eran lágrimas de impotencia, dolor, rabia y bolsillos vacíos para poder comprar el oxígeno y las medicinas. Llamadas a teléfonos que no siempre contestaban, pistas que te enviaban siempre a otro lugar, colas interminables… y mucho sufrimiento. En medio de la desesperación un grupo de ciudadanos organizó por Facebook una pequeña colecta que solicitaba S/. 5.00 para poder comprar una planta de oxígeno para Iquitos. La situación era dramática. Esa colecta no salió adelante, pero fue el germen de algo mayor que se estaba fraguando.

Planta de oxígeno. Foto tomada del Facebook del Vicariato Apostólico de Iquitos

El P. Agustín Raygada llevaba ya un tiempo hablando de comprar una planta de oxígeno. El P. Raymundo Portelli, acuciado por una conversación con el Dr. Ernesto Salazar, lanzó la idea y con el P. Miguel Fuertes, encargado del Vicariato Apostólico, se lanzaron a lo desconocido. Fue todo rapidísimo, en un domingo se hizo todo, sin pensarlo. Fue tal el impacto y la generosidad de gente de todos los lados que el Vicariato acabó comprando 4 plantas de oxígeno, material de protección personal y medicinas. Algunas personas acudieron a las parroquias para donar su plata: donaron desde S/. 0.50 en adelante, todo suma. Mucha gente anónima ha contribuido, de Iquitos y de otras partes del mundo a través de los bancos.

Fue el momento oportuno, un kairós. Iquitos estaba sumida en la desesperación. Este gesto sirvió para una pequeña reacción del gobierno. Hasta entonces no se traía oxígeno en aviones desde Lima porque era peligroso. A raíz de la gesta del Vicariato comenzaron a llegar vuelos con oxígeno, vinieron más doctores de Lima y medicinas. Este gesto generó confianza. El mismo personal sanitario recobró fuerzas, pese a estar fuertemente golpeado. A partir de Iquitos otras ciudades han realizado colectas públicas para comprar oxígeno o plantas de oxígeno.

Los que escribimos esto apenas colaboramos con las plantas de oxígeno, así que no se trata de recibir aplausos que no merecemos. Los aplausos son para todos los que colaboraron y los citados sacerdotes que leyeron perfectamente la necesidad y canalizaron toda esa ansiedad para buscar tranquilidad y salud. Después hemos visto que se han multiplicado colectas por todo el Perú. Tal vez sean necesarias, no tenemos elementos para valorarlas, pero nos ha parecido que les ha faltado el componente mesiánico del que habla Metz en la entrada de esta nota.

Las obras de caridad son importantes, nadie las cuestiona. En estos tiempos también son necesarias. Sin embargo, nos parece que el cristianismo no puede ni debe renunciar a su componente mesiánico. Se debe colaborar, pero de igual manera se debe exigir a las autoridades (in)competentes del Estado. La iglesia no es una sociedad paralela, ni debe suplantar a las autoridades. Estamos en el mundo sin ser del mundo, porque tenemos ese componente mesiánico que nos sobrepasa.

Nos hemos lanzado en una carrera de suplantación del Estado proporcionando oxígeno y no hemos tenido la suficiente valentía para exigir al Estado que cumpliera con su obligación. Tal vez era y sigue siendo necesario colaborar con la adquisición de oxígeno, pero se han echado en falta voces en la iglesia más proféticas de exigencia de derechos para los pobres. De hecho parece que somos funcionales al sistema porque el Estado no se da por enterado. Día tras día y semana tras semana más lugares se suman a la compra de oxígeno, sin exigir al Estado. La convocatoria de la Conferencia Episcopal Peruana para comprar más oxígeno deja en el aire el componente mesiánico que echamos en falta. Si el cristianismo pierde su entraña mesiánica abandona su raíz más primigenia. El humanismo está muy bien, pero para los cristianos es insuficiente. Eso lo pueden hacer las ONGs. Renunciar a la entraña mesiánica es renunciar al cristianismo.

Esto es lo que a nuestro parecer diferencia la compra de oxígeno de Iquitos. En Iquitos fue un fuerte llamado de conciencia. Respondiendo a las necesidades de la gente obligó al Estado a posicionarse y ayudar a una ciudad que se ahogaba en la desesperación. Para los demás lugares ha habido tiempo y experiencia que no hemos sabido aprovechar. No hemos sido capaces de llamar la atención del Estado. En otras palabras: mientras el Estado ha tenido dinero para una reactivación económica cuestionable, puesto que los grandes son los más beneficiados, no ha tenido para comprar oxígeno. La vida religiosa algo tendría que decir.

Otro momento mesiánico, por motivos diferentes, se desarrolló el día del Corpus Christi en Lima. El arzobispo llenó su catedral con 5000 retratos de los difuntos, en un momento en que las cifras oficiales no se contemplaban tantas muertes. El arzobispo canalizó la ansiedad generada por la muerte de los seres queridos en un ritual del duelo de gran envergadura y humanidad. Fue tan enorme el impacto que los grandes medios de comunicación del mundo lo tuvieron en cuenta. “Intelligenti pauca”.

En conclusión: hay que volver al componente mesiánico del cristianismo, sino queremos convertirnos únicamente en una ONG humanitaria, importante en sí misma, pero poco que ver con el cristianismo.

lunes, 15 de junio de 2020

COVID-19: ANTE LA MUERTE DE UN AMIGO KUKAMA. Mucho más allá de lo anecdótico


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada – Iquitos

Un enfermo de covid-19 en Santa Rita de Castilla necesita oxígeno. Hasta acá, nada particular. Aunque tienen varios concentradores de oxígeno en el Centro de Salud, donados por el Vicariato Apostólico de Iquitos, prefieren evacuarlo a Nauta, donde hay más seguridad con el oxígeno. Todos están contentos. Se espera que en unos días pueda regresar a la comunidad restablecido. En Nauta es ingresado en Casiciaco, un centro de retiros de la Iglesia Católica cedido al Ministerio de Salud para la atención de enfermos de covid-19 mientras dure la pandemia. En este espacio hay camas contiguas con la equidistancia correspondiente.

© Manolo Berjón 2013.


RODEADO DE MUERTOS

En un mismo día mueren tres de los enfermos más próximos a él. Evidentemente, esto le causó una honda preocupación. Nuestro amigo llamó a su familia. La familia avisó a un médico (chamán) que le tratara. El chamán diagnosticó daño. Los familiares le sacaron de Casiciaco. La doctora les dijo que si se lo llevaban a casa se moriría porque necesitaba oxígeno. La familia se lo llevó. Nuestro amigo murió.

No faltará quien diga que ha muerto por terco, o por no saber entender o no saber hacer caso. Sin embargo, en nuestra opinión este deceso muestra otra cara de la pandemia que no se está queriendo ver: pueblos indígenas. La información oficial sigue los parámetros occidentales. Y hay pocos esfuerzos para explicar esta enfermedad en otras categorías. ¿Qué ha pasado entonces? La atención exclusivamente desde la biomedicina no es suficiente, como muestra este caso. Pero no solo eso, es injusto que en un país con tantos pueblos indígenas la única atención sea desde el punto de vista occidental, sin comprender otras dinámicas. No estamos en contra de los Centros de Salud, al contrario, ojalá hubiera más y mejor dotados, pero se necesita reconocer otras visiones de la vida, de la salud y de la enfermedad.


HOSPITAL

Hospital es un término occidental que ha sido traducido por los kukama. En lugar de realizar un préstamo del castellano, han acudido a su propia tradición: ‘mutsanakatupaka’. Vamos por partes.

‘Mutsana’: medicina tradicional y farmacéutica. Acá ya tenemos una pista fundamental. La misma palabra para dos formas de curar, en igualdad de condiciones. Esto explica por qué un enfermo puede acudir primero a un chamán y después al hospital si la familia no está conforme. O viceversa: primero al hospital y, si recuperación se retarda, le sacan para llevarlo a un chamán. En ocasiones también a la vez: en el hospital y siendo tratado por un chamán. Los kukama consideran estas dos formas de medicina en igualdad de condiciones. Algo que no siempre se comprende desde la vida occidental.

No es este un lugar para hacer florituras lingüísticas. Sólo indicar que –tupa es un locativo. –ka, no es el momento ahora y, para nuestro fin, carece de interés, por el momento. Por tanto, hospital está relacionado con un “lugar donde se cura”, igual que se puede curar con plantas medicinales.

Los kukama consideran que también se cura con icaros, soplos, chupadas, fumadas. Para esta forma de curación se utiliza el verbo ‘yupita’. Esta manera de curar es diferente del hospital. En este caso se trata de “trenzar el alma”. La enfermedad es comprendida como el alma que sale y se extravía y no puede regresar al cuerpo. Para retener el alma o para hacerla regresar el chamán colocará sus manos en la cabeza del enfermo para que las yemas de sus dedos puedan alcanzar el cuero cabelludo del paciente. Otra forma de “trenzar el alma” consiste en un juego de manos. El chamán se coloca detrás del paciente y toca su espalda. Sus manos en vertical van realizando círculos hacia el interior de la espalda, girando hacia adentro, hacia la columna, y apretando. Todo esto se realiza para enfermedades complicadas.


MUCHO MÁS ALLÁ DE LO ANECDÓTICO

En el hospital y centros covid-19 atienden el cuerpo. Y, aunque muchos médicos comprenden la importancia de la atención personalizada y tranquilizan a sus pacientes, no tienen tiempo suficiente dada la emergencia sanitaria. Esta soledad no es tenida suficientemente en cuenta. Para atender adecuadamente se necesitan más médicos y psicólogos que se preocupen por la parte emocional. La dicotomía pensar/sentir es occidental, pero no rige en pueblos indígenas. Sin embargo, hay que tener cuidado, la psicología es una ciencia con una matriz occidental que no siempre tiene en cuenta las maneras amazónicas de comprender la vida. Lo cual significa que no vale cualquier psicólogo.

Los médicos se dedican, fundamentalmente, a curar los cuerpos. Occidente ha fisiologizado el cuerpo humano sobremanera, lo cual tiene muchas ventajas, como las operaciones, pero se ha perdido la visión holística del cuerpo y de la persona. Las personas somos algo más que cuerpos fisiológicos, somos también relaciones humanas. El sistema chamánico atiende mejor, entre otros aspectos, este modo relacional.

Si el Estado peruano quiere atender a su población indígena adecuadamente, además de dispensar atención desde los Centros y Postas de Salud convenientemente (más personal sanitario, medicinas, EPPs, concentradores de oxígeno, movilidades para evacuaciones…), debe ampliar la mirada sobre el cuerpo más allá del individuo, para considerarlo una construcción y tener en cuenta las relaciones sociales como constitutivas de ese cuerpo. También los indígenas saben aislarse cuando es preciso, ahí están tradicionalmente los retiros de los aprendices de chamanes, los rituales de pubertad y otros, pero para ellos el cuerpo humano es mucho más que mera fisiología e individuo. ¿Y los lugares donde no hay Posta Médica o están muy lejos? Son cuestiones difíciles, pero bien haría el Ministerio en conversar con cada federación indígena al respecto. ¿Y los pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV). Entre otras cosas, preservar su territorio y protegerlo de toda clase de extractivistas y ajenos.

Probablemente hay gente que considere la muerte de nuestro amigo como algo anecdótico. Incluso no faltará quien le reste importancia: de todos los enfermos en Santa Rita de Castilla sólo han fallecido dos, y los dos evacuados a Nauta. Una cifra estadísticamente insignificante. Tal vez. Pero nosotros seguimos pensando que merece la pena detenerse y preguntarse: ¿por qué tanta gente en Iquitos no quiere ir al hospital? ¿Por qué mucha gente piensa que los hospitales son “lugares de la muerte”? Centrar exclusivamente la atención para pueblos indígenas (también para los indígenas urbanos) en Centros y Postas Sanitarias nos parece que genera exclusión de las personas que no tienen oportunidad, bien sea por distancia física o cultural. El Ministerio de Salud haría bien en reconocer la importancia de las plantas medicinales en esta pandemia y fortalecer el sistema de Promotores de Salud que la biomedicina ha desmantelado en los últimos 20 años. ¿Algún día en las facultades de medicina [y en el resto] se brindarán conocimientos sobre el cuerpo indígena?

miércoles, 27 de mayo de 2020

MORIR Y CONTAR EN KUKAMA EN MEDIO DE LA PANDEMIA Un homenaje póstumo para la señora Ilda Ahuanari.


Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada - Iquitos

Esta pandemia saca a relucir todas las taras que tenemos. En Loreto la descomposición social es terrible. El desgobierno y la corrupción trabajan para la muerte. Y cada día nos proporciona nuevas dosis grotescas: medicinas estatales en casas particulares, el oxígeno con precios astronómicos, el hambre… La propagación de la pandemia por los ríos y pueblos indígenas corre pareja al Estado. Pero no les vamos a contar los sinsabores y desgracias que nos aquejan.

© Manolo Berjón, 2013, Sra. Magna Manihuari, comunidad kukama de Triunfo, río Urituyacu

Que Loreto carece de liderazgo lo ve hasta un ciego. Pero tampoco es tan simple como esto. La amazonía es uno de los espacios donde tradicionalmente no surgieron fuertes liderazgos ni imperios centralizados, aquello de “la sociedad contra el Estado”. Desde otro ángulo: la autonomía personal es fundamental. Los kukama, por ejemplo, dirán que cuando una mujer embarazada tiene un antojo debe cumplir el deseo del feto. Si la madre no cumple con este deseo, el feto cae (aborto espontáneo). Los kukama dirán que es el feto quien lo ha provocado. Esta autonomía personal, desde el feto, desemboca en dosis enormes de libertad. Esto tiene consecuencias para la organización social.

Un líder es una persona generosa en tiempos de normalidad, extremamente generosa, que es capaz de agrupar a su gente en tiempos de necesidad: cuando hay que enfrentar un enemigo común. El problema con el covid-19 es que el enemigo es invisible y, aunque esto no debiera ser un problema en Loreto y menos en pueblos indígenas, no ha habido forma de explicar convenientemente a qué nos estamos enfrentando. En gran parte, por la desidia del Estado que solo emite en frecuencia occidental, cuando su propia población sintoniza otras frecuencias. En breve, que a estas alturas sigue fallando la comunicación y continúan las acusaciones de corrupción.

Perversamente, desde el Estado se ha estado inoculando que los responsables del desastre somos los propios ciudadanos indisciplinados. Incluso, no faltan personas que han introyectado semejante engendro de discurso. Este autoflagelamiento deja las manos libres al Estado para que haga lo que mejor sabe: propagar la pandemia y alentar la corrupción. Todo esto se desmorona si estudiamos la formación del sujeto y la acefalía en pueblos indígenas, de donde provenimos.


MORIR

Pero, pidamos ayuda al pueblo kukama, a ver si nos ayuda a orientarnos en medio de esta zozobra. Para los kukama ‘umanu’ significa ‘fiebre’, ‘morir’, ‘perder la vida’. Esta asociación entre fiebre y muerte nos parece muy oportuna. Cuando una persona se enferma, habitualmente, se restringen sus relaciones sociales, le dejan de frecuentar sus familiares y amigos. La fiebre vendría a ser el primer peldaño de la muerte. Es como un plano inclinado que desemboca en la muerte. La fiebre, tal como la conciben los kukama, genera aislamiento, vendría a ser similar a lo que podemos denominar como “muerte social”. Esto podría explicar por qué la gente no quiere ir a los hospitales: un espacio que rompe con los familiares y las relaciones sociales. Si te aísla de otros seres humanos, te visitarán seres no humanos.

Si la persona amazónica es construida a través de la relación con otras personas y seres, entonces, romper con la familia supone una transformación: dejas de relacionarte con personas para establecer relaciones con espíritus y convertirte en espíritu. En otras categorías, se produce una “desfamiliarización” con los parientes de la tierra, para “refamiliarizarte” con otros seres y con parientes que ya atravesaron la muerte, para irte convirtiendo en uno de ellos.

Esto tal vez nos pueda ayudar a buscar soluciones. Centralizar todo sobre uno o varios hospitales, además de colapsarlos, deja a la población de la periferia al margen. Bien porque no alcanzan para ser atendidos, y regresan a sus casas sin tratamiento, bien porque no desean acudir a un “lugar de muerte”. Pero muchas familias tampoco pueden quedarse en su casa, no tienen un espacio personal donde poder aislarse. Espacios intermedios como Kanatari, Sombrero de Paja o el MORB son de gran utilidad. Pero siguen siendo pocos espacios y lejanos para muchas familias. Tal vez sea la hora de buscar más espacios más pequeños por la ciudad para que puedan estar más cerca de sus familias. Y mantener algún contacto con la familia para que no se produzca esa muerte social. En comunidades indígenas es urgente construir casas donde puedan permanecer aislados los enfermos, antes que contagien a toda la parentela.

Si ‘umanu’ significa fiebre, morir, ‘umanu ayuka’ significa ‘tener fiebre’. ‘Ayuka’ significa quebrar, chancar o golpear, ladrar. Y ‘ayuka purara’ se traduce por asesinar, producto de un enfrentamiento hasta llegar a matar a alguien. Este término antiguo se está reemplazando por ‘umanuta’, término que significa matar personas y animales. A lo que íbamos, la fiebre golpea, golpea hasta matar, una muerte dolorosa. ‘Umanuta’ es ‘umanu’ ‘-ta’; -ta es el causativo. Por tanto, umanuta es morir causado por alguien, matar.

En términos kukama la muerte no es únicamente el final de la vida. La muerte es provocada por otro ser más fuerte, habitualmente un brujo. En Loreto estamos asistiendo no al final de la vida, sino a un verdadero asesinato. Es como si el Estado, que tiene el deber de protegernos, nos golpeara hasta matarnos, especialmente a los más vulnerables.


NÚMEROS

Tradicionalmente los kukama contaban hasta 4, a partir de ahí utilizaban el término ‘muchos’. Posteriormente, adoptaron los números a partir del 5 de la lengua quechua. Los pueblos indígenas no tienen ningún problema en apropiarse de lo que consideran necesario para los tiempos que corren.

Hemos visto una publicación de la DIRESA donde se comienza a contabilizar los enfermos de COVID-19 entre pueblos indígenas. Pudiera ser algo loable, pero nos parece que hay que tener en cuenta varias cosas. Nos vamos a fijar exclusivamente en el pueblo kukama.

1.       ‘Cocama’ es el término tradicional. Actualmente prefieren denominarse ‘kukama’, por cuestiones lingüísticas.

2.       Sólo aparecen tres casos en Lagunas (río Huallaga). Nos sorprende que no se cuenten enfermos por COVID-19 en Nauta y Requena, ambas ciudades de gran raigambre kukama y con gran impacto del COVID-19. Las tres ciudades (Lagunas, Nauta y Requena) son los centros más importantes en la Reserva Nacional Pacaya Samiria y mantienen una fuerte presencia del pueblo kukama. Este ocultamiento nos parece muy preocupante, es una forma de minimizar el impacto en pueblos indígenas. El apu de Santa Rita de Castilla (distrito de Parinari), junto con otras personas, perteneciente a una organización indígena integrada en ORPIO y AIDESEP no aparece en las estadísticas y la DIRESA conoce el caso de Santa Rita de Castilla. Podríamos poner más ejemplos, pero es suficiente para indicar que las estadísticas ocultan la realidad. Tal vez el afán occidental por los números esté ‘velando la realidad’. Tal vez las organizaciones indígenas regional y nacional puedan preguntar a sus filiales cuál es el impacto real en pueblos indígenas. Lleva más trabajo, pero sería una forma de ‘revelar la realidad’.

3.       Los datos no dejan de ser números. Como mínimo habría que contextualizarlos. No es lo mismo un enfermo entre un millón, por ejemplo en Lima, que un enfermo entre 100.000 indígenas (kukama), 5.000 (urarina) o una docena (omurano). ‘Muchos’ es un término genérico, pero cuando lo comparamos, adquiere mayor sentido y profundidad. Los kukama aprendieron y prestaron del quechua los números a partir del 5 cuando comenzaron a necesitarlos.

4.       Ya se ha señalado el real glotocidio: muerte de hablantes de lenguas indígenas, que tendrá un fuerte impacto en la revitalización de algunas de ellas, entre otras, la lengua kukama.

5.       Resumo acá un comentario acertado de Barbara Fraser: si mueren muchos indígenas, como parece que ocurrirá, no faltará quien enfatice la despoblación. Lo cual se puede traducir en los próximos años de mayor presión sobre territorios indígenas con la excusa que apenas hay población. Hay que estar atentos no siendo que el impacto de la pandemia sobre pueblos indígenas sea utilizado para expropiar territorios indígenas. En breve: el Estado no hace todo lo posible para atender a su población indígena y mueren muchos. El territorio se ‘despuebla’ y el Estado, en años posteriores, comienza a entregar territorios indígenas a empresas extractivas. O en una versión más moderada: deja de titular territorios indígenas.

Cfr. VALLEJOS YOPÁN, Rosa & AMÍAS MURAYARI, Rosa (2015), Diccionario kukama-kukamiria * castellano, FORMABIAP, Iquitos.