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lunes, 10 de agosto de 2020

CÓMO NARRAR LOS CRÍMENES INDÍGENAS KUKAMA DE BRETAÑA

Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos


Nuestras condolencias y sentidos pésames para las familias de los fallecidos. Sólo conocemos el nombre de dos de los fallecidos:  Chemilton Flores Crispín y   William López Ijuma.

 

El contexto es imprescindible y necesario para enmarcar los hechos. De esta forma adquieren sentido. En nuestra opinión no basta con narrar los hechos, hay que preguntarse desde dónde se narran. Nosotros optamos por la monetarización y el cambio de modelo energético como dos claves fundamentales que nos permitan comprender mejor lo sucedido. Damos por conocidos los hechos. Sólo recordamos que hay tres indígenas muertos y varios indígenas y policías heridos. Si alguien necesita conocer los hechos puede leer: http://www.caaap.org.pe/website/2020/08/09/orpio-tras-muertes-en-el-lote-95-exigimos-investigar-quien-inicio-con-los-disparos-y-quienes-mataron-a-los-tres-hermanos-indigenas/ , también se puede ver: https://elpais.com/internacional/2020-08-10/tres-indigenas-mueren-por-disparos-de-la-policia-en-peru.html


© Leonardo Tello. Un herido en Bretaña a su paso por el puerto de Nauta. Con la sabiduría de Leonardo: "los indígenas y los policías no se diferenciaban en nada". Los muertos siempre lo ponen los mismos cuerpos. Los cuerpos de corbata no frecuentan estos espacios de violencia.


Fue en 1971 cuando se descubrió el primer pozo de petróleo en Loreto. De entonces para acá la actividad petrolera ha marcado la región. Las compañías petroleras han tenido pocos escrúpulos con los pueblos indígenas y el medio ambiente. El Estado, buscando la inversión privada, no se ha dotado de las leyes adecuadas y cuando las tuvo, no las aplicó. Así de sencillo. Loreto decidió anestesiarse con el canon petrolero que no ha servido a la región, menos a los pueblos indígenas. Todavía hoy en día hablar de pueblos indígenas y actividad petrolera es problemático en Iquitos. Los insultos están a la orden del día.

Durante décadas no hubo oposición aparente a la actividad petrolera por parte de los pueblos indígenas. Recordamos un infausto 3 de octubre de 2000: se derramaron muchísimos más de 5500 barriles de petróleo en San José de Saramuro, río Marañón. Fue un día negro, como el color del que tiñó el río. La actuación del Estado fue deplorable y la petrolera superó el cinismo habitual.

En el 2006 los achuar del Corrientes entraron en paro y terminaron firmando el “Acta de Dorissa”. Fue la primera vez que un pueblo indígena sentaba al Estado. A partir de entonces ha habido muchas historias. Lo cierto es que hay territorios contaminados, afectaciones a la pesca y la caza, entre otra serie de graves consecuencias. Los derrames de petróleo son otro capítulo triste. Un Oleoducto Nor-peruano obsoleto, y sin el mantenimiento adecuado, fue el escenario desastroso de una serie de derrames que han perjudicado enormemente a las comunidades. Los crímenes de Bretaña vienen de lejos, y sin tener en cuenta la lucha indígena con la actividad petrolera no se pueden comprender.

Nos van a permitir un párrafo sobre el Estado. Permite la extracción de recursos naturales a las empresas, en muchas ocasiones sin consulta previa. No tiene un instrumental medioambiental adecuado. Cuando se dota de leyes no las hace cumplir. No atiende con necesidades básicas a su población indígena: agua potable, desagüe, educación y salud de calidad, acceso a internet… Se coloca al lado de las empresas extractivas cuando surgen conflictos sociales. Establece mesas de diálogo donde se firman documentos que nunca se cumplen.

 

MONETARIZACIÓN

El crecimiento económico peruano trae de la mano la monetarización en las comunidades. Se han producido varias transformaciones importantes. En primer lugar, muchos loretanos han migrado fundamentalmente a la costa en busca de un trabajo que permanece esquivo en Loreto. Esto también ha afectado a los pueblos indígenas. Como contrapartida llegaban pequeñas remesas de dinero a las comunidades. También la actividad petrolera monetarizó las comunidades ofreciendo trabajos precarios a los indígenas. Programas estatales como Juntos, Pensión 65 y Qali Warma han generado cambios de envergadura. Los dos primeros han contribuido directamente a la monetarización. Y el tercero a un cambio alimentario de grandes dimensiones. Una modificación del paladar que sólo se puede satisfacer comprando alimentos foráneos con dinero. A esto se une la necesidad de celulares para comunicarse con los familiares en la ciudad…

La monetarización, en sí misma, es neutra: ni buena ni mala. Diferente es cómo se consigue el dinero y en qué se gasta. Se invierte el dinero en relaciones sociales, que es la manera de invertir en seguridad. De ahí que se compren bienes como televisiones, refrigeradoras… que se pueden vender en momento de una necesidad. Se invierte en diversiones con la familia y amigos. De tal manera, que cuando esté necesitado tenga un colchón social que me pueda respaldar. Difícilmente se invierte el dinero en el banco o en acciones, y no es únicamente porque en la mayoría de los lugares no haya oficinas bancarias, que no las hay. Esta necesidad de dinero, junto con la desafección del Estado que no cumple con requisitos mínimos como agua potable, educación y salud de calidad…, genera que los paros sean cada vez más violentos.

 

CAMBIO DE MODELO ENERGÉTICO Y POSIBLE MEDIACIÓN

Por esta razón: a) denunciamos la violación de los derechos humanos y la destrucción extractiva; b) asumimos y apoyamos las campañas de desinversión de compañías extractivas relacionadas al daño socio-ecológico de la Amazonía, comenzando por las propias instituciones eclesiales y también en alianza con otras Iglesias; c) llamamos a una transición energética radical y a la búsqueda de alternativas: «La civilización requiere energía, ¡pero el uso de la energía no debe destruir la civilización!»: Documento Final del Sínodo Panamazónico, n° 70.

 

Cuál es el marco adecuado desde el que narrar estos hechos. Nosotros lo tenemos claro: el cambio de modelo energético. A estas alturas ha quedado suficientemente claro que los combustibles fósiles contribuyen al calentamiento del planeta y no podemos continuar así. Ha llegado, por tanto, el momento de establecer con competencia el cambio de modelo energético. Sólo de esta manera podemos percibir la gravedad de una actividad petrolera donde el Estado se ha situado al lado de las Compañías en detrimento de las poblaciones indígenas generando un sinfín de dificultades. La actividad petrolera ha causado un desastre medioambiental, un desgarramiento en pueblos indígenas y un Loreto carcomido por la corrupción. Insistimos en esto porque situar estos crímenes en un marco petrolero implica avalar este marco. Además se sitúa dentro de una economía extractivista y ya es tiempo de cambiar a un modelo económico del cuidado.

Conviene, además, que tengamos claridad. No es la primera vez que se piden mediadores para este tipo de conflictos. No es tiempo de parches, hay que ir a la raíz de los problemas. De lo contrario la mediación se convierte en apaciguar a los indígenas para que todo siga igual, para que la contaminación y desestructuración de pueblos indígenas sigan adelante. Una mediación enmarcada dentro del necesario cambio de matriz energética comienza dando pasos desde la urgente “transición energética”.

Algunas personas nos han preguntado si han solicitado la mediación de la iglesia. No lo sabemos, pero es probable. No es la primera vez que solicitan la mediación de la iglesia, y probablemente no sea la última. En nuestra opinión no se trata de apaciguar a los indígenas, como pretende el Estado, sino de crear condiciones que permitan que no se vuelvan a repetir los hechos. Y dada la deriva de los últimos años, la mejor alternativa es cambiar de modelo energético, tal como piden los documentos eclesiales. Esto implicaría que, en nuestra opinión, se debe exigir esa “transición energética” como base para poder realizar la intermediación. De lo contrario, sentamos las bases para que la siguiente protesta se salde con más violencia.

Acudimos al magisterio del Papa Francisco:

“Mientras no haya un amplio desarrollo de energías renovables, que debería estar ya en marcha, es legítimo optar por la alternativa menos perjudicial o acudir a soluciones transitorias. Sin embargo, en la comunidad internacional no se logran acuerdos suficientes sobre la responsabilidad de quienes deben soportar los costos de la transición energética. En las últimas décadas, las cuestiones ambientales han generado un gran debate público que ha hecho crecer en la sociedad civil espacios de mucho compromiso y de entrega generosa. La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período postindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”: Papa Francisco, Laudato Si, n° 165.

 

En Estados Unidos los grandes inversionistas están percibiendo que ha pasado la época del petróleo y no lo ven como una fuente de inversión futura. Nos aunamos a este proceso.

jueves, 22 de febrero de 2018

EN LA TRASTIENDA. Nuevas conversaciones del “grupo de Saramurillo” con el gobierno peruano.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Los días 19 y 20 de febrero de 2018 se desarrolló una reunión de representantes de las 5 cuencas, los mismos que firmaron los “acuerdos de Saramurillo” en diciembre de 2016, con el gobierno peruano en Nauta, provincia de Loreto. Bajaron un buen grupo de indígenas de la provincia de Loreto para tal reunión. Finalizaron firmando un documento donde básicamente se pusieron plazos y presupuesto y se delimitó quién es responsable de ejecutarlo por parte del estado. Vendría a ser como una acotación al acta firmada en Saramurillo el 2016. Un éxito para los pueblos indígenas, pero ha pasado un año en vano. Un triunfo para el gobierno que puede presentar un “conflicto resuelto” (por esta vez, hasta la próxima), estampado con la firma de Mercedes Araoz, primera ministra. Pero, ¿qué hay en la trastienda? Esta nota tratará de arrojar un poco de luz sobre esa zona oscura.

Foto: Juan Carlos Ruiz

En 1921 la Compañía Standard Oil obtuvo una concesión de 25.000 Km2 en la Amazonía ecuatoriana. Para 1937 la Shell se hace con 10 millones de hectáreas, más de la mitad de la región amazónica de aquella época, desplazando a Standard Oil. Esta última se alía con el gobierno peruano y las tensiones terminan por desencadenar la guerra de 1941 por los límites entre ambos países.

En 1941 el P. Avencio Villarejo hace un viaje misional por el Alto Corrientes. Le llaman la atención unos “estratos raros”. Relató esta experiencia en su libro “Así es la selva”. En 1956 un ingeniero norteamericano vino a comprobar esos “estratos raros” narrados por el P. Avencio. En 1971 empezó a brotar petróleo en el pozo Corrientes X1.

El petróleo se convierte en una estrategia de “ocupación del espacio” a ambos lados de la frontera. Esto tiene su importancia, porque implica que la protección de la frontera es prioritaria para el estado-nación. Eso vendría a demostrar el poco interés en temas medioambientales y de protección de pueblos indígenas. Estos, más bien, son un estorbo. Sólo cuando los indígenas protestan se conversa con ellos. Pero sin ningún plan de por medio. El único objetivo es calmarles para que todo siga igual. De hecho, propuestas como la creación de una Comisión de la Verdad o el cambio de modelo energético pasan desapercibidas, a pesar de estar en el acta de Saramurillo de 2016.

Si nuestra hipótesis es cierta, nos atrevemos a señalar que es lo que está detrás de las leyes ambientales débiles que, para mayor desgracia, no se cumplen. Añadiríamos un par de notas más. La primera es que no importa el precio del petróleo, hay que dar garantías a las compañías para que exploten el petróleo porque es una forma de ocupación del espacio y de cuidado de la frontera. Segundo, no importa el verdadero estado del oleoducto, se necesita para poner el petróleo de la selva en la costa peruana. Modernizar el oleoducto implicará un aumento del gasto de producción del barril. Eso hay que compensarlo con exoneraciones y otros implementos legales que permitan a las compañías ocupar el territorio.

Es decir, un Estado penetrado por compañías petroleras que hacen lobby para que las leyes sean débiles. Leyes que, además, no se cumplen porque existe un objetivo oculto: ocupación territorial cercano a la frontera. De ahí que los volúmenes ridículos de hidrocarburos no impidan su extracción. Esto obliga al estado-nación a ofrecer todo tipo de facilidades a las compañías petroleras. Hablar de frontera es nombrar los intereses de otro grupo prioritario en el estado-nación: el ejército.

El siguiente paso en la ocupación del territorio es obvio: una carretera. La proyectada carretera de Iquitos a Saramiriza es un parte. De un lado, conecta a Iquitos con la costa, algo que es querido por la población loretana, pero que causará impactos impredecibles y desastrosos en cuanto extracción de recursos naturales y penetración del narcotráfico. Por otra parte, esta carretera es tan solo la mitad de la misma. De Iquitos se va a la comunidad nativa de 12 de octubre, en el alto Tigre y de ahí ya hay una carretera construida por los petroleros hasta Andoas, en el alto Pastaza.

Esta carretera Andoas (alto Pastaza) – 12 de octubre (alto Tigre) se proyecta hasta Güeppí (alto Putumayo), atravesando el alto Napo. Es decir, tenemos una carretera que circula paralela a la frontera ecuatoriana. De esta manera se vuelve a ocupar el espacio. Ahora con una carretera. De nuevo: extracción de recursos naturales y ocupación de territorios indígenas con todo lo que esto conlleva. Una de sus consecuencias, no la menor, será la lenta extinción de las lenguas indígenas.

Para concluir, el estado-nación (blanco, por supuesto) impone sus criterios, intereses y negocios sobre los pueblos indígenas. Estos últimos son un estorbo para los verdaderos intereses del estado-nación, que acepta conversar con ellos siempre y cuando no hagan problemas y permitan continuar al estado-nación con su proyecto. Es preciso recordar que el estado-nación está penetrado por el capitalismo: símbolos como el dinero y las imágenes no necesitan pasaporte.

Post Data: el día 19 hubo una reunión en Iquitos sobre la hidrovía amazónica y el 20 esta misma reunión se desarrolló en Nauta. Es interesante cómo el estado hace coincidir estas dos reuniones (hidrovía y 5 cuencas). No hay interés en los pueblos indígenas, tan solo que no den problemas para que el estado-nación pueda seguir con sus políticas de ocupación del espacio. La hidrovía supone dragar varios puntos en grandes ríos amazónicos que modificarán la pesca, la sociedad y hasta las cosmologías indígenas. Tenemos un sándwich: por un lado, la hidrovía; por otro, el eje petrolero y las carreteras. Habría que añadir la línea de transmisión Moyobamba-Iquitos y las represas proyectadas en el Marañón. En el medio, multitud de pueblos indígenas que están siendo agredidos en su territorio. La acumulación de los impactos es superior a la suma de cada uno de los mismos.

Post Data 2: habría que complementar esta nota con la visión de los pueblos indígenas, ellos no son una tabula rasa. Pero será en otro momento.

lunes, 10 de octubre de 2016

PETRÓLEO, CONTAMINACIÓN, DINERO Y FIN DEL MUNDO: el desafío de Saramurillo

Iquitos, 10 de octubre de 2016

La onda expansiva de la guerra alcanza mucho más allá del campo de batalla. En el distrito de Parinari, a unos 100 Km. de Saramurillo, distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, una dirigente mujer es coaccionada para participar en el paro. Los rumores, que nunca son ingenuos ni inocentes, tratan de canalizar la opinión pública y es tal la coerción que es difícil sustraerse a ella. Sin embargo, otro grupo le presiona para que no participe. Los niveles de stress están disparados. De igual manera sucede también en el distrito de Urarinas. Pero no son los únicos. El resto de participantes de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Chambira están pendientes de Saramurillo. La tensión es máxima. El desenlace está por escribir. Los actores son múltiples y no hay soluciones precocinadas. Las buenas intenciones no siempre son buenas consejeras, por no recordar aquello que “el infierno está empedrado de buenas intenciones”.



© Barbara Fraser, octubre 2016, Saramurillo


DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

En estos momentos, Saramurillo no es únicamente un punto en el Marañón. En esta comunidad nativa kukama hay personas de todos los ríos afectados por la actividad petrolera. Para comprender los hechos hay que tener en cuenta varias cuestiones: algunos dirigentes han sido encarcelados por defender sus derechos, y fueron absueltos de los cargos que les imputaron; los territorios indígenas han sido fuertemente impactados; el Estado dejó la actividad petrolera en manos de las compañías y a éstas sólo les interesaba extraer petróleo, no les importaba la rabia que se iba incubando; las negociaciones por el lote 192 han sido insatisfactorias; ya no es suficiente que les “den cosas”, ahora exigen una actividad petrolera en otras condiciones; quieren ser interlocutores de igual a igual. No seamos ingenuos: las petroleras han influido poderosamente en las leyes peruanas y en que no se cumplan, se han sentido superiores al Estado peruano que ha pactado en los términos dictados por las petroleras.

La crisis de Saramurillo visualiza un gran fracaso de la política, comprendida ésta como el interés por “el bien común”. Los indígenas exigen una ley de monitoreo ambiental, algo absolutamente justo. Perú no tiene una ley de límites máximos permisibles de determinados metales pesados, lo cual permite a las petroleras campar a sus anchas. Si se privilegia los intereses de los grandes y no se legisla, el resto de performance que pueda realizar el Congreso no sirve para nada. De manera similar sucede con el Ejecutivo. El gobierno anterior priorizó la refinería de Talara, sin tener en cuenta el estado real del Oleoducto Nor-peruano. Hace poco se llegó a un acuerdo con Ecuador para que pueda utilizar dicho Oleoducto. Estas decisiones afectan extraordinariamente estos territorios indígenas por lo que supone de continuar con la actividad petrolera. Escuchamos a los indígenas que, en estas condiciones, no están dispuestos a que prosiga la extracción de petróleo. No se les ha preguntado. Es preciso definir qué significa “interés nacional”, cuando a los indígenas les queda metales pesados en la sangre (Corrientes, Cuninico…). Qué decir del poder judicial. 40 años de actividad petrolera y no hay sentencias firmes por esta actividad que, como todos sabemos, ha sido irresponsable. Los únicos que han pasado por la cárcel son los indígenas: caso Andoas.

Pero no echemos balones fuera. No hay discusión sobre el modelo energético. Estos temas nunca entran en las campañas políticas. Una ciudad como Iquitos está ajena a lo que sucede en Saramurillo. Sin embargo, la región Loreto depende del “canon petrolero”: esa anestesia que ha distorsionado, cuando no cegado, la mirada sobre lo que está sucediendo. La distribución de la riqueza es injusta. No se puede depender del canon, porque cuando cae la actividad petrolera tenemos una región ahogada económicamente. El dogma del canon y sobrecanon, que nos machaca el Estado, no corresponde al relato de la población. Más tarea para el Congreso: somos ciudadanos, no participantes en “los beneficios” de la actividad petrolera. Los municipios y el gobierno regional no saben lo que sucede, ni lo que está en juego. En fin, que no existe un verdadero interés por “el bien común”.

Es tiempo de conversar. No somos ingenuos, sabemos la dificultad que entraña. Palabras como “diálogo” están cargadas culturalmente, además de reflejar ‘asimetrías de poder’, si no se tienen en cuenta. El desafío que lanza Saramurillo es de tal envergadura que merece la pena ser tomado en cuenta. Una solución que implique desmovilización pero, no ataje los graves problemas existentes, se volverá en contra. Este movimiento es imparable, es mejor tomarlo en serio. Estudiarlo detenidamente, hacer propuestas que despejen las nebulosas todavía existentes, generar confianza y, sobre todo, tratar a los indígenas como ‘nuestros iguales’, con capacidad para negociar conforme a sus intereses.


LA IMPORTANCIA DEL DINERO

En todas las discusiones aparece agazapado el tema del dinero, así que es mejor abordarlo, aunque sea brevemente. El programa gubernamental Juntos lleva años repartiendo dinero en la zona. ¿Ha servido para algo? Nosotros creemos que sí, para una mayor intensidad en la penetración de mercancías. Ya desde antes, la actividad petrolera venía repartiendo dinero en determinados lugares como Trompeteros y Saramuro, fundamentalmente, pero no solo. El programa Juntos, aunque en cantidades pequeñas, lo ha distribuido a la mayoría de las comunidades. Lo cierto es que es difícil vivir en este mundo sin contar con dinero. La gasolina, los celulares y las televisiones, por citar algunos ejemplos, están regados por todas las comunidades. Maldecir o demonizar el dinero, aparte de no servir para nada, implica suspender la reflexión, algo a lo que no estamos dispuestos.

Es interesante seguir el uso del dinero que se lleva a cabo en la zona, aunque excede esta nota. Se compra un artefacto (frigorífico, DVD, equipo de sonido…) para disfrutarlo y como garantía contra las dificultades. Si se enferma mi hijo, puedo vender el artefacto y conseguir dinero efectivo que necesito para la medicina (occidental o vegetal). A nadie debe escapársele el atractivo que suponen los artefactos occidentales en pueblos indígenas, que después son utilizados al modo indígena. Quede este cabo suelto que algún momento habrá que retomar.

Prosigamos. De vez en cuando, escuchamos despectivamente que los nativos buscan dinero. Este tipo de comentarios traslucen, al menos, discriminación y romanticismo. Discriminación porque detrás está la idea de que los nativos no necesitan dinero. O que si tienen dinero no son realmente nativos. Esto no solo nos parece perjudicial sino deshonesto. Utilizan el dinero para seguir siendo nativos en este siglo XXI. Romanticismo, ya no son indígenas, antes sí que lo eran. Seguimos buscando al “buen salvaje”, no contaminado, no relacionado con el mundo actual. Esa entelequia no existe. Ya hace años que Said abordó el tema del “orientalismo” y la construcción de Oriente por los occidentales.


“CONTAMINACION Y FIN DEL MUNDO”

En el Marañón se ha ido introduciendo un nuevo término en los últimos 20 años: “contaminación”. Se usa frecuentemente, aunque el significado sea ‘difuso’. Los profesores lo han ido asociando a la basura; los activistas a la explotación petrolera, minera, basura… Lo cierto es que la misma palabra genera malestar. No se comprende muy bien lo que significa, pero el contexto sugiere que es algo peligroso, molesto, dañino.

Los kukama no tienen una palabra que defina esta nueva situación en su idioma. Suponemos que otros pueblos indígenas tampoco tienen concepto, como mucho la habrán incorporado como préstamo. Para pueblos indígenas se da una estrecha relación entre comportamiento y cosmología. Cuando hay demasiado mal en el mundo, excesivo ruido y faltan los recursos naturales el desenlace no es el cambio climático o el deterioro ambiental, sino que se “voltea el mundo”: surgen las ideas milenaristas y lo que los occidentales llamamos “fin del mundo” que, en realidad, no es fin del mundo. Para el caso kukama, lo que sucede es que el mundo “se voltea”: los que habitamos en la tierra pasamos a vivir debajo del agua y los yacuruna -karuara-, que moran dentro del agua, pasan a habitar en la tierra y comienza un nuevo ciclo. No es un fin del mundo, sino una transformación y regeneración del mismo.


LAS TORPEZAS DEL ESTADO

Hay municipios en la zona. Pero los municipios son instancias administrativas que no cumplen su rol político de buscar el bien común. Son manipulados por “asesores” de la ciudad que terminan tirándose la plata en cuestiones banales. Tanto es así que desconocen el tema, aunque se plieguen a última hora, pero continúan sin saber de qué se trata.

Hay escuelas y profesores. Pese a que ahora los profesores ya están titulados no ha mejorado lo suficiente la educación. El ausentismo laboral es alto. La interculturalidad no aterriza en las aulas y se necesitaría una mayor inversión en el sector. Por poner un ejemplo: los profesores señalan que la contaminación se debe únicamente a la basura.

Centros y postas de salud. Existen varios. Pero el personal que trabaja en estos espacios desconoce lo más mínimo de pueblos indígenas. Se quedan perplejos cuando una persona acude por un dolor de cabeza originado por utilizar la ropa de otra persona. No tienen herramientas para comprender que la ropa de otra persona enajena a quien no es su dueño.

Jueces letrados. Llegan a la zona e intervienen desconociendo las costumbres locales. Son, además, utilizados para hostilizar a los enemigos. Es una manera nueva de manejar la brujería. Y los jueces, que desconocen estas dinámicas, permanecen ajenos al lugar, con ganas de salir cuanto antes a la ciudad.

En otras palabras: los profesionales que salen de nuestras universidades tienen únicamente una visión occidental que no les sirve para cuando trabajan en pueblos indígenas. Desconocen lo más mínimo y, en lugar de ayudar, generan dificultades. Es urgente que los profesionales que salen de nuestras universidades tengan una visión intercultural. Es conveniente que los funcionarios estatales, de todos los estamentos, comprendan lo que sucede y tengan una visión positiva de pueblos indígenas que nos permita comprendernos entre todos.


PRESIÓN SOBRE EL ESTADO

Es hora de ir concluyendo. ¿Por qué se dirige ahora la presión sobre el Estado? Cuando las compañías petroleras estaban en una mayor actividad, el Estado –irresponsablemente- se desentendió de las comunidades. Y si las petroleras querían trabajar, tenían que realizar “concesiones” a las comunidades. A las petroleras les daba igual lo que solicitaran las comunidades, se lo entregaban. Su pretensión era continuar trabajando. En los últimos años, el Estado ha ido apareciendo tímidamente. Con la caída del precio del petróleo y la disminución de la actividad petrolera se recrudecen las quejas hacia el Estado. Y el Estado, que ha permanecido dormido todos estos años, no sabe qué hacer ni cómo resolver la situación. ¡Lamentable! Si hubieran cobrado más impuestos a las petroleras, cuidado el medio ambiente, exigido una remediación efectiva y siendo estrictos con las normas, ahora tendrían herramientas para manejar un conflicto que se va a ir agudizando. Si el Estado continúa, con su incapacidad de comprender la situación, las consecuencias serán imprevisibles. Estamos ante un desafío mayúsculo, necesitamos estar a la altura de las circunstancias. Y los pueblos indígenas terminarán ganando el desafío. Confiamos que no haya muertes de por medio y evitar todo sufrimiento innecesario por retardar una solución del todo justa. No debemos tener miedo a la verdad, una verdad que sea fruto de la justicia. Una Comisión de la Verdad para los más de 40 años de actividad petrolera es del todo justa y necesaria.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas