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martes, 28 de diciembre de 2021

Zonas de sacrificio en la Amazonía peruana

Se aplica el concepto “zona de sacrificio” a 1) Una región geográfica expuesta a daño medioambiental, 2) Habitada por comunidades con dificultades para hacer escuchar sus propuestas políticas y económicas. 3) Se sacrifica estas zonas por un supuesto “bien mayor”; sin embargo, las comunidades –en muchas ocasiones indígenas o afrodescendientes– no han participado en esta decisión y no perciben los beneficios futuros.


© Manolo Berjón

Este concepto fue utilizado en USA en el transcurso de la guerra fría para ver los efectos que causaba en la población la actividad nuclear y posteriormente utilizado para pensar los espacios carboníferos de la costa oeste. ¿Se puede utilizar la categoría “zona de sacrificio” para algunas áreas en Loreto? Tengamos en cuenta lo que nos indican las ciencias ambientales: “todo está relacionado”, y así lo recoge el papa Francisco en Laudato Si. Los impactos en una parte de la naturaleza afectan a los ecosistemas interconectados y a los seres humanos.

La industria de hidrocarburos en Loreto cumple con los tres requisitos: 1) Altamente contaminante (en el marco de la ley de pasivos ambientales Pluspetrol declaró 311 pasivos ambientales sólo en el Lote 8), 2) Habitado por poblaciones con dificultades para hacer escuchar sus propuestas políticas y económicas (el plan de cierre de brechas no termina de ejecutarse), 3) estos territorios y poblaciones sacrificadas no perciben los beneficios futuros.

Cuninico es una comunidad kukama en el distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, asentada en la desembocadura de la quebrada homónima sobre el río Marañón. 1) El 2014 hubo un derrame de petróleo en el oleoducto norperuano. 2) Se interpusieron diversos juicios que ha ido ganando la comunidad, pero no terminan de ejecutarse. 3) El beneficio futuro por el sacrificio actual no se vislumbra. Cuninico vivía de la pesca, ahora tiene un serio problema de seguridad alimentaria.

El Nanay es un río que desemboca en el Amazonas a la altura de la ciudad de Iquitos. Es conocida, 1) La presencia de dragas en este río (contaminación por mercurio). 2) Hay quien afirma que en el alto Nanay los niños están peor atendidos escolarmente que en el río Putumayo. Lo que nos viene a indicar el grado de abandono en el que viven (falta de inversión pública). En el Nanay hay población ikitu y kukama, aunque no todos desean reconocerse como tales. 3) Si la educación está tan mal, es fácil percibir que el sacrificio actual no redundará en beneficios futuros.

Avancemos. “Sacrificio” es un término con una fuerte connotación “religiosa”. Algo tendremos que decir al respecto quienes nos consideramos religiosos. En época de Jesús el rito sacrificial cruento estaba prácticamente ausente de la vida religiosa judía. En el Nuevo Testamento la categoría “sacrificio” es muy periférica. Incluso la carta a los Hebreos indica que basta con el sacrificio de Cristo, por lo que no son necesarios ningunos más. El vocabulario sacrificial aplicado a la muerte de Cristo en el NT no es ni el más antiguo ni el más frecuente. Este abandono cristiano del sacrificio estimulaba la desactivación ritual del paganismo.

Ahora vemos que los Estados-nación utilizan la categoría “sacrificio” en beneficio del supuesto “interés nacional”. No existe “interés nacional” conculcando derechos básicos. Los Estados buscan un aliado que les avale. En cambio, nuestra respuesta debe ir en conformidad con la Biblia: “misericordia quiero y no sacrificios”.

No faltará quien lea la nota como “antidesarrollo”. Ante esta objeción cabe repreguntar: ¿esto es desarrollo? ¿es ético un desarrollo montado sobre el sacrificio de los vulnerables? Ya es hora de un cambio de modelo energético. “La transición energética” es urgente y los Estados tienen mucha tarea: no subvencionar los combustibles fósiles y potenciar las energías alternativas, entre otros. Felizmente en Loreto se están dando los primeros pasos hacia centrales fotovoltaicas.

Para concluir. Cada 28 de diciembre celebramos los santos inocentes. Herodes manda matar a los menores de 2 años para erradicar al Mesías. No lo consigue. Las actuales tendencias políticas y económicas imponen sacrificios crueles a poblaciones vulnerables sin la posibilidad de un futuro mejor: con la pandemia ha aumentado la desigualdad. Pero no faltan las resistencias en las zonas mencionadas. Resistencia también puede ser un término apropiado para conjugar la esperanza.


(*) Agustinos-Iquitos. Miguel Ángel Cadenas, obispo vicario de Iquitos.


Redacción La Periferia es el Centro. Escuela de Periodismo - Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).


Publicado en: https://larepublica.pe/opinion/2021/12/27/zonas-de-sacrificio-en-la-amazonia-peruana-contaminacion-iglesia-catolica/ 

martes, 8 de septiembre de 2020

“DUEÑIDAD”: rescatando del olvido los sucesos del lote 95

Manolo Berjón 

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos

 

El 8 de agosto de 2020 se produjo un enfrentamiento en el lote 95, comunidad de Bretaña, que dejó 3 indígenas kukama muertos y 17 heridos entre indígenas y policías. Es una tarea importante pensar a partir de este acontecimiento. En esta oportunidad vamos a trabajar con el concepto “dueño” en dos sentidos diferentes. Para ello trataremos de “controlar la equivocidad” dejando claro cada uno de los significados. Nos serviremos, por un lado, de algunas orientaciones de Rita Segato. No será objeto de esta nota su teoría de género, que podría iluminar desde otro ángulo los sucesos de Bretaña, pero que dejamos para personas más competentes. Por otro lado, pensaremos este concepto desde el punto de vista kukama. Esta doble referencia nos permitirá percibir la actuación del Estado desde dos ángulos diferentes.


© Manolo Berjón


En algún momento, abogados, jueces y fiscales, tendrán que dirimir sobre estas muertes. Vamos a intentar poner un poco de contexto. Como es fácil de comprobar, la traducción va mucho más allá de los idiomas para intentar una traducción entre culturas diferentes. Hablando el mismo idioma, y utilizando la misma palabra, podemos estar diciendo cosas diferentes.

Comencemos con la “dueñidad” tal como la piensa Rita Segato. De forma somera, la define como “potencia”, “señorío sobre el cuerpo”, “las cosas”, “los bienes” y “la tierra”. Dueñidad vendría a ser “una nueva forma de señorío resultante de la aceleración, de la concentración y de la expansión de una esfera de control de la vida que describo sin dudarlo como paraestatal… La posibilidad de una existencia sin gramática institucional o de falencia institucional inevitable ante niveles de concentración de riqueza sin precedentes”. Para ella no es suficiente hablar de desigualdad, como en la etapa anterior, es preciso un paso más: la dueñidad o señorío (Segato 2016: 17).

Extraemos otro párrafo de Segato para nuestro propósito: “La dueñidad en Latinoamérica se manifiesta bajo la forma de una administración mafializada y gangsteril de los negocios, la política y la justicia, pero esto de ninguna forma debe considerarse desvinculado de un orden global y geopolítico sobreimpuesto a nuestros asuntos internos. […] En esta fase extrema y apocalíptica en la cual rapiñar, desplazar, desarraigar, esclavizar y explotar al máximo son el camino de la acumulación, esto es, la meta que orienta el proyecto histórico del capital, es crucialmente instrumental reducir la empatía humana y entrenar a las personas para que consigan ejecutar, tolerar y convivir con actos de crueldad cotidianos” (Segato 2016: 99).

Para nuestro caso nos parece que el Estado ha sido ocupado por un funcionariado, una élite, que se ha puesto al servicio del capital. Es el Estado quien saca a la venta los lotes petroleros, los promociona y los adjudica. Es el Estado quien organiza su aparato legal en conformidad con las actividades económicas. Los grandes capitales petroleros perfilan y pulen las leyes. Un ejemplo, la Reserva Nacional [Pacaya Samiria], donde se sitúa Bretaña, permite la extracción legal de hidrocarburos aunque después mezquina recursos naturales a sus pobladores ancestrales. Es el mismo Estado el que no respeta sus propias leyes ambientales y es el Estado quien evita remediar los graves problemas ecológicos causados por dicha actividad petrolera.

Coincidimos, por tanto, con Segato en que hay un poder paraestatal que controla la vida y muerte de las personas. ¿Existe un convenio entre PNP y Petrotal? Sea como fuere, el saldo deja 3 indígenas muertos y 17 heridos entre indígenas y policías. La falta de “gramática institucional” o la “falencia institucional” se percibe en el escaso control legal a las petroleras y los pésimos servicios estatales ofrecidos a los habitantes del lugar: Loreto es el peor departamento del Perú en comprensión lectora y matemáticas, el peor en conexión a internet y sigue ocupando los últimos lugares en desnutrición y anemia. Para unas cosas tenemos un Estado fuerte (aliado de las petroleras) y para otras un Estado débil (escasa calidad de servicios a sus pobladores).

¿Podemos acostumbrarnos a la crueldad? Parece que sí. La Defensoría del Pueblo había focalizado Bretaña como un lugar de posibles conflictos desde abril de 2019. El Estado permaneció ensimismado en el cambio de gobierno [que nos parece absolutamente coyuntatural, sin mayor incidencia] y el “cierre de brechas” [algo que también exige Petrotal, para que percibamos la gravedad del tema]. A pesar de todo saltaron los muertos. El Estado no termina de comprender la peligrosidad de la situación, ni cómo se está viviendo en las comunidades. El “cierre de brechas” puede ser otra oportunidad más para el despilfarro y la corrupción, pero iremos viendo. Las brechas son bastante más que dinero y economía, tiene que ver con la discriminación y el desprecio, entre otros muchos aspectos. Lo cierto es que los tres muertos indígenas no parecen pesar mucho al Perú. Da la impresión que se ha corrido un manto de oscuridad sobre los mismos.

Nos gustaría retomar el tema del dueño desde otra perspectiva. “Dueño” es una categoría indígena de gran calado. En otro lugar hemos distinguido entre “propietario y “dueño”. El primero es quien tiene derecho de propiedad. En el Estado moderno se exigen documentos que son expedidos por una determinada burocracia. Yo soy propietario de una casa si la construyo o la  compro a otro propietario previa adquisición de sus documentos. Dueño, en cambio, es quien ejerce señorío sobre alguien o algo, aunque no sea su propietario. Pongamos un ejemplo: presto siempre la misma motosierra a un señor X. El señor X es el propietario de la motosierra, posee sus documentos legales. Pero yo puedo llegar a ser su dueño si al trabajar con ella la cuido, me preocupo por no malograrla, atenderla en todas sus necesidades (aceite, gasolina, adornos…). La motosierra me conoce y establece una relación especial conmigo que puede ser de aceptación o de rechazo. No soy su propietario, pero la motosierra me reconoce como su dueño (Berjón Martínez & Cadenas Cardo 2018).

Pues bien, el Estado “se considera” propietario del territorio indígena. Se comporta como “dueño” en el sentido de Segato. Sin embargo, los pueblos indígenas son anteriores al Estado y tienen derecho a su territorio. Otra falacia es que el Estado considera a los pueblos indígenas sólo “dueños” del suelo, no del subsuelo [hidrocarburos]. Para el pueblo kukama el territorio no es únicamente una delimitación del espacio, como pretende el Estado, un espacio vacío en un mapa. Para el pueblo kukama el territorio implica una “humanidad territorializada”. Un espacio ocupado también por seres no humanos como la boa, el shapshico, o cualquiera de los otros dueños con quienes los humanos negocian a la hora de cazar, pescar o abrir chacra, entre otras actividades. Ser dueño implica cuidar, esto es, criar y proteger. Por tanto, los humanos son dueños de su territorio en tanto en cuanto negocian con los dueños que habitan esa “humanidad territorializada” (Campanera Reig 2018). Algo que no comprende el Estado y que las petroleras, ávidas de riquezas, no respetan.

Para ir concluyendo. Nos hemos servido del término “dueñidad” de Rita Segato para aplicarlo a un capitalismo salvaje, de rapiña. Por otro lado, acudimos al término kukama de “dueño” para enfatizar el cuidado, la protección del territorio y de las personas. Ambas acepciones nos han sido útiles, y las hemos aplicado de forma complementaria, para exponer nuestra visión de lo sucedido en el lote 95.

REFERENCIAS

- BERJÓN MARTÍNEZ, Manuel M. & CADENAS CARDO, Miguel Ángel (2018), “Motocarro matador”: variaciones sobre el dominio, en Estudio Agustiniano, N° 53, pp. 577-613, en https://www.agustinosvalladolid.es/estudio/investigacion/estudioagustiniano/estudiofondos/estudio2018/estudio_2018_3_04.pdf

- CAMPANERA REIG, Mireia (2018), Humanidad territorializada. Madres, dueños y personas que cuidan, en AIBR, vol. 13, N° 2, pp. 189-212, en https://www.aibr.org/antropologia/netesp/numeros/1302/130204.pdf

- SEGATO, Rita Laura (2016), La guerra contra las mujeres, Traficantes de Sueños, Madrid.

jueves, 13 de agosto de 2020

LA PROVOCACIÓN DEL ARTE EN TIEMPOS DE COVID-19: “MATRIZCIDIO 2022”

 Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos

 

Título: “Matrizcidio 2022”

Técnica: Ilustración digital

Autor: Del Águila Art (artista loretano)

 

Estamos dando un vistazo anodino al Facebook y nos encontramos con esta belleza visual. La rutina y la indiferencia saltan por los aires. No es poca virtud en este mundo saturado de imágenes. Nos parece una provocación, en el buen sentido del término. Queremos dejar constancia de ello.


© Christian del Aguila: Matrizcidio 2022


El autor utiliza la ilustración digital, el uso de tecnologías informáticas con diversos dispositivos electrónicos para crear arte. Aparece la brecha digital y la distancia entre generaciones. La potencia visual nos indica que el autor es un experto en el tema. Se presenta como un artista loretano. Merece la pena estar atentos a sus creaciones.

Nos atrapó desde el primer momento, aunque al principio nos dejó desconcertados. Posteriormente nos ha servido para hacernos algunas preguntas. Muy probablemente, el autor y nosotros partamos de convicciones diferentes. Estamos lejos de la “consonancia” entre idénticos. Lo habitual hubiera sido la “disonancia”: el ruido que no permite escucharse. Proviniendo de escenarios diferentes apostamos por una posible “resonancia”: convergencia entre diferentes que, conservando su diferencia, pueden vibrar en común. Arte y religión son dos ámbitos propicios para la “resonancia” comprendida como una vibración que nos transforma y nos conduce tras la senda de la vida buena.

El primer vistazo nos colocó delante de la iglesia Matriz de Iquitos abandonada y semiderruida. La imagen se percibe desde la calle Arica, invadida por el río. Aparecen plantas acuáticas al lado de la Matriz. No existe la Plaza de Armas, un brazo del río lo ha anegado todo. Al otro lado del río continúa erguida una torre de luz. El cielo está rojo, es una puesta de sol. Para los occidentales esto implica que al día siguiente hará buen tiempo (calor). En la Amazonía es una señal de lluvia. Así lo considera también el pueblo kukama. En la calle permanecen abandonados un motocarro volteado y un ómnibus. Atado al ómnibus hay una canoa-bote y encima del ómnibus una mujer con un perro. La mujer tiene unos jeans al uso, rotos, y botas. En su hombro hay una especie de bolsa-carcaj donde guarda las flechas y un arco en la mano izquierda, mientras con la derecha parece indicar el boquete que hay en la cubierta de la parte anterior de la Matriz. El cuadro lo completan algunas aves, probablemente gallinazos en el tejado de la Matriz y unos loros en la farola al otro lado de la calle. Nos parece una escena post-apocalíptica.

La descripción del cuadro se completa con un cartel donde se lee: “#YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. Las letras son de molde y en color gris oscuro, excepto el “no”: un añadido posterior en color rojo. En la pared de la Matriz podemos leer: “FALSO DIOS” y “AMAZONÍA IS DEAD”. También aparece dibujado en color rojo en la pared de la Matriz la figura del covid-19. Vamos a proponer 4 sucintas pistas de lectura, entre otras muchas posibles y una nota final sobre la temporalidad. El arte tiene la capacidad de sugerir. El espectador también construye su propio cuadro. No tiene por qué coincidir la narración (oral o escrita) que realiza el autor a los relatos que organizan los posibles observadores. Pero pueden ser relatos que conversan.

1.       Nos parece que la mujer ocupa un lugar central en el cuadro. Por un lado está la iglesia Matriz, del latín matrix, útero; y, por otro, la mujer encima del ómnibus. Esta contraposición nos parece muy interesante. La Matriz ya no genera vida, está desolada y semiderruida. La mujer que está encima del ómnibus es una superviviente, una resistente, hay esperanza. Está caracterizada como una cazadora con un perro bien alimentado, el carcaj con flechas y el arco, roles tradicionalmente masculinos. Es una mujer joven actual, sus jeans están rotos. No aparecen niños, pero el hecho de ser una mujer joven deja abierta la posibilidad generatriz, si es que ella lo deseara, aunque no aparece ningún varón. Decimos esto porque al ser una superviviente encarna la esperanza y el futuro. El género está en construcción.

 

2.       Sólido – líquido. El agua ocupa un lugar central. El autor ha optado por una creciente del río. Esto es una licencia del artista, difícilmente se anega la Plaza de Armas de Iquitos. Por cierto, no existe Plaza de Armas, su espacio lo ocupa un brazo del río. La plaza es un espacio de socialización y prestigio. Sólo se observa una superviviente y su perro en la calle Arica. Al otro lado del brazo del río hay una torre de metal. Esto contrasta con el hierro del socavón de la cubierta en la parte delantera de la Matriz. Ambos son sólidos: la torre de metal permanece, la Matriz está deteriorada y semiderruida. Hay otro socavón en la esquina trasera de la iglesia. Pero lo que nos parece más interesante es el contraste entre la solidez y la fluidez. El agua está muy presente y la forma de deslizarse en este mundo no es ocupar un espacio permanente, la Matriz como construcción, sino la canoa-bote, donde probablemente ha llegado la superviviente. Esta idea de lo fluido que se desplaza es muy amazónica. No sabemos si está en la intención del artista, pero en un mito kukama se narra que la maldad de la gente, manifestada a través del ruido, la ruptura del equilibrio con la naturaleza y las desigualdades, provocan el hundimiento de la tierra y la anegación de las aguas. Los socavones en la iglesia serían producto del abandono, más que un ataque externo. Por cierto, para los kukama, el hundimiento de la plaza implica todos los negocios que están establecidos en ella: el BCP, la Casa de Fierro… El lugar de socialización es un lugar de prestigio y exclusión. Ciertamente, los humildes también pueden pasear, pero no se pueden adueñar. Existe un contraste entre la movilidad terrestre (ómnibus y motocarro) malogrados y la acuática (canoa-bote).

 

3.       La escritura ocupa un lugar importante. En pueblos de una gran tradición oral se opta por la escritura en dos idiomas imperiales: español e inglés. No sabemos si el artista afirma o sólo copia lo que ve. Lo han escrito otros, él lo pinta. Este artificio permite al artista reservar su opinión. Comenzamos por lo escrito más en el centro de la pared de la Matriz: “AMAZONÍA IS DEAD”. A su lado hay un dibujo del covid-19, lo interpretamos como el causante de la muerte de la Amazonía. Ciertamente, el sufrimiento en la ciudad de Iquitos ha sido indecible. Pero no se menciona el sufrimiento en pueblos indígenas, algo que estaba ocurriendo en el momento mismo de la creación, y que continúa ocurriendo mientras escribimos esto. Podríamos añadir que si continúa la depredación de la Amazonía el próximo virus saldrá de acá, pero no se sugiere en el cuadro. El segundo escrito reza: “FALSO DIOS”. Estamos lejos de la muerte de Dios nietzscheana. El cuadro sugiere que “éste” Dios es falso (el cristiano), pero puede haber otros verdaderos. Acá hay un legado para la teología. ¿No hemos sido demasiado vehementes en la utilización de una teología afirmativa sobre Dios (catafática) y no deberíamos también presentar una teología negativa sobre Dios (apofática)? Es decir, no podemos controlar a Dios, tenemos que dejarle que sea Misterio. Menos dogmatismo y más mística. El tercer escrito aparece en un cartel: “YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. Cartel que ha sido sido intervenido. El “no” es una adición posterior. ¿Atribuye el autor el no quedarse en casa con la debacle que retrata? No lo sabemos. Pero nos llama la atención, porque el Estado no ha cumplido el rol protector que le corresponde y ha culpado a la población de no quedarse en casa. En Iquitos ha sido particularmente duro cómo muchas personas del centro han insultado por las redes sociales a quienes no se quedaban en casa [muchos de ellos no podían por el hacinamiento en el que viven –la planificación urbana en Iquitos es un desastre–, porque tenían que trabajar, porque sólo se utilizó la razón occidental para una población como la de Iquitos, con un fuerte componente indígena, o por otros motivos]. ¿Se ha comprado el discurso oficial?

 

 

4.       ¿Es el coronavirus el causante de todo esto? Eso parece sugerir el cuadro, con la pintura del covid-19 en la pared de la Matriz y el cartel “YO [NO] ME QUEDO EN CASA”. El título del cuadro nos parece muy evocador: “Matrizcidio 2022”. ¿Este es el escenario para 2022? Entonces, nos quedan un par de años de sufrimiento hasta que lleguemos a ese estado reflejado en el cuadro. Como estamos en 2020, ¿es una invitación del autor para que reaccionemos? ¿En qué sentido? ¿Es un deseo matar a la Matriz? ¿Es una descripción de lo que ha pasado en Iquitos durante la pandemia del coronavirus?

 

No podemos terminar sin hacer referencia a la historia. Con la llegada de los jesuitas en el s. XVII aparecen las epidemias históricas que diezmaron la población indígena. ¿Puede ser leído el cuadro como una metáfora de las epidemias? Tal vez, pero nos parece problemático por dos motivos. En primer lugar, porque durante la primera globalización (s. XVI-XIX) no eran conscientes de las epidemias. Los jesuitas barruntaban algo, pero no fue hasta el s. XIX que se descubrieron los virus. En segundo lugar, porque en la etapa actual de la globalización y, en concreto, en esta epidemia de covid-19, la Iglesia de Iquitos ha sido parte de la solución, no del problema. Autoridades tenemos que no cumplieron su papel.


Siguiendo con la temporalidad. La cuarentena ha sido un tiempo productivo. Algunos artistas han creado arte. Esto siempre lo debemos agradecer. El arte tiene su propio espacio y dinámica. Contribuye, sin duda, a la construcción del bien común, a la reflexividad y puede tener efectos terapéuticos si nos sirve para analizar lo que nos ha sucedido. Sin embargo, el Estado ha sido un vector de propagación del virus. Algunos trabajadores municipales en el reparto de víveres han diseminado el virus en el río Corrientes. En el distrito de Parinari trabajadores del Ministerio de Salud también han  dispersado el virus. Respecto al Ministerio de Cultura, al que agradecemos estar atento a esta creación, no ha tenido la misma empatía con los pueblos indígenas, a quienes tiene obligación de atender y no la hecho suficientemente, con muertes indígenas incluidas. Cultura parece haberse acordado de los indígenas exclusivamente para reseñar algunas necrológicas obligadas. Mientras tanto la Iglesia de Iquitos generó esperanza en la población y llamó la atención del Estado con la colecta pública que ha servido para comprar 4 plantas de oxígeno, medicinas y equipos de protección personal, entre otras actividades. Algunos de estos insumos han ido a los Centros de Salud y Postas Médicas situadas en pueblos indígenas, porque el Estado no lo hace, al menos no suficientemente. Alentamos a la recepción de la obra. Es una oportunidad de contrastar públicamente diversos relatos de lo que nos ha sucedido como sociedad y construir sentido, buscando sus posibles efectos terapéuticos.

lunes, 10 de agosto de 2020

CÓMO NARRAR LOS CRÍMENES INDÍGENAS KUKAMA DE BRETAÑA

Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada - Iquitos


Nuestras condolencias y sentidos pésames para las familias de los fallecidos. Sólo conocemos el nombre de dos de los fallecidos:  Chemilton Flores Crispín y   William López Ijuma.

 

El contexto es imprescindible y necesario para enmarcar los hechos. De esta forma adquieren sentido. En nuestra opinión no basta con narrar los hechos, hay que preguntarse desde dónde se narran. Nosotros optamos por la monetarización y el cambio de modelo energético como dos claves fundamentales que nos permitan comprender mejor lo sucedido. Damos por conocidos los hechos. Sólo recordamos que hay tres indígenas muertos y varios indígenas y policías heridos. Si alguien necesita conocer los hechos puede leer: http://www.caaap.org.pe/website/2020/08/09/orpio-tras-muertes-en-el-lote-95-exigimos-investigar-quien-inicio-con-los-disparos-y-quienes-mataron-a-los-tres-hermanos-indigenas/ , también se puede ver: https://elpais.com/internacional/2020-08-10/tres-indigenas-mueren-por-disparos-de-la-policia-en-peru.html


© Leonardo Tello. Un herido en Bretaña a su paso por el puerto de Nauta. Con la sabiduría de Leonardo: "los indígenas y los policías no se diferenciaban en nada". Los muertos siempre lo ponen los mismos cuerpos. Los cuerpos de corbata no frecuentan estos espacios de violencia.


Fue en 1971 cuando se descubrió el primer pozo de petróleo en Loreto. De entonces para acá la actividad petrolera ha marcado la región. Las compañías petroleras han tenido pocos escrúpulos con los pueblos indígenas y el medio ambiente. El Estado, buscando la inversión privada, no se ha dotado de las leyes adecuadas y cuando las tuvo, no las aplicó. Así de sencillo. Loreto decidió anestesiarse con el canon petrolero que no ha servido a la región, menos a los pueblos indígenas. Todavía hoy en día hablar de pueblos indígenas y actividad petrolera es problemático en Iquitos. Los insultos están a la orden del día.

Durante décadas no hubo oposición aparente a la actividad petrolera por parte de los pueblos indígenas. Recordamos un infausto 3 de octubre de 2000: se derramaron muchísimos más de 5500 barriles de petróleo en San José de Saramuro, río Marañón. Fue un día negro, como el color del que tiñó el río. La actuación del Estado fue deplorable y la petrolera superó el cinismo habitual.

En el 2006 los achuar del Corrientes entraron en paro y terminaron firmando el “Acta de Dorissa”. Fue la primera vez que un pueblo indígena sentaba al Estado. A partir de entonces ha habido muchas historias. Lo cierto es que hay territorios contaminados, afectaciones a la pesca y la caza, entre otra serie de graves consecuencias. Los derrames de petróleo son otro capítulo triste. Un Oleoducto Nor-peruano obsoleto, y sin el mantenimiento adecuado, fue el escenario desastroso de una serie de derrames que han perjudicado enormemente a las comunidades. Los crímenes de Bretaña vienen de lejos, y sin tener en cuenta la lucha indígena con la actividad petrolera no se pueden comprender.

Nos van a permitir un párrafo sobre el Estado. Permite la extracción de recursos naturales a las empresas, en muchas ocasiones sin consulta previa. No tiene un instrumental medioambiental adecuado. Cuando se dota de leyes no las hace cumplir. No atiende con necesidades básicas a su población indígena: agua potable, desagüe, educación y salud de calidad, acceso a internet… Se coloca al lado de las empresas extractivas cuando surgen conflictos sociales. Establece mesas de diálogo donde se firman documentos que nunca se cumplen.

 

MONETARIZACIÓN

El crecimiento económico peruano trae de la mano la monetarización en las comunidades. Se han producido varias transformaciones importantes. En primer lugar, muchos loretanos han migrado fundamentalmente a la costa en busca de un trabajo que permanece esquivo en Loreto. Esto también ha afectado a los pueblos indígenas. Como contrapartida llegaban pequeñas remesas de dinero a las comunidades. También la actividad petrolera monetarizó las comunidades ofreciendo trabajos precarios a los indígenas. Programas estatales como Juntos, Pensión 65 y Qali Warma han generado cambios de envergadura. Los dos primeros han contribuido directamente a la monetarización. Y el tercero a un cambio alimentario de grandes dimensiones. Una modificación del paladar que sólo se puede satisfacer comprando alimentos foráneos con dinero. A esto se une la necesidad de celulares para comunicarse con los familiares en la ciudad…

La monetarización, en sí misma, es neutra: ni buena ni mala. Diferente es cómo se consigue el dinero y en qué se gasta. Se invierte el dinero en relaciones sociales, que es la manera de invertir en seguridad. De ahí que se compren bienes como televisiones, refrigeradoras… que se pueden vender en momento de una necesidad. Se invierte en diversiones con la familia y amigos. De tal manera, que cuando esté necesitado tenga un colchón social que me pueda respaldar. Difícilmente se invierte el dinero en el banco o en acciones, y no es únicamente porque en la mayoría de los lugares no haya oficinas bancarias, que no las hay. Esta necesidad de dinero, junto con la desafección del Estado que no cumple con requisitos mínimos como agua potable, educación y salud de calidad…, genera que los paros sean cada vez más violentos.

 

CAMBIO DE MODELO ENERGÉTICO Y POSIBLE MEDIACIÓN

Por esta razón: a) denunciamos la violación de los derechos humanos y la destrucción extractiva; b) asumimos y apoyamos las campañas de desinversión de compañías extractivas relacionadas al daño socio-ecológico de la Amazonía, comenzando por las propias instituciones eclesiales y también en alianza con otras Iglesias; c) llamamos a una transición energética radical y a la búsqueda de alternativas: «La civilización requiere energía, ¡pero el uso de la energía no debe destruir la civilización!»: Documento Final del Sínodo Panamazónico, n° 70.

 

Cuál es el marco adecuado desde el que narrar estos hechos. Nosotros lo tenemos claro: el cambio de modelo energético. A estas alturas ha quedado suficientemente claro que los combustibles fósiles contribuyen al calentamiento del planeta y no podemos continuar así. Ha llegado, por tanto, el momento de establecer con competencia el cambio de modelo energético. Sólo de esta manera podemos percibir la gravedad de una actividad petrolera donde el Estado se ha situado al lado de las Compañías en detrimento de las poblaciones indígenas generando un sinfín de dificultades. La actividad petrolera ha causado un desastre medioambiental, un desgarramiento en pueblos indígenas y un Loreto carcomido por la corrupción. Insistimos en esto porque situar estos crímenes en un marco petrolero implica avalar este marco. Además se sitúa dentro de una economía extractivista y ya es tiempo de cambiar a un modelo económico del cuidado.

Conviene, además, que tengamos claridad. No es la primera vez que se piden mediadores para este tipo de conflictos. No es tiempo de parches, hay que ir a la raíz de los problemas. De lo contrario la mediación se convierte en apaciguar a los indígenas para que todo siga igual, para que la contaminación y desestructuración de pueblos indígenas sigan adelante. Una mediación enmarcada dentro del necesario cambio de matriz energética comienza dando pasos desde la urgente “transición energética”.

Algunas personas nos han preguntado si han solicitado la mediación de la iglesia. No lo sabemos, pero es probable. No es la primera vez que solicitan la mediación de la iglesia, y probablemente no sea la última. En nuestra opinión no se trata de apaciguar a los indígenas, como pretende el Estado, sino de crear condiciones que permitan que no se vuelvan a repetir los hechos. Y dada la deriva de los últimos años, la mejor alternativa es cambiar de modelo energético, tal como piden los documentos eclesiales. Esto implicaría que, en nuestra opinión, se debe exigir esa “transición energética” como base para poder realizar la intermediación. De lo contrario, sentamos las bases para que la siguiente protesta se salde con más violencia.

Acudimos al magisterio del Papa Francisco:

“Mientras no haya un amplio desarrollo de energías renovables, que debería estar ya en marcha, es legítimo optar por la alternativa menos perjudicial o acudir a soluciones transitorias. Sin embargo, en la comunidad internacional no se logran acuerdos suficientes sobre la responsabilidad de quienes deben soportar los costos de la transición energética. En las últimas décadas, las cuestiones ambientales han generado un gran debate público que ha hecho crecer en la sociedad civil espacios de mucho compromiso y de entrega generosa. La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período postindustrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”: Papa Francisco, Laudato Si, n° 165.

 

En Estados Unidos los grandes inversionistas están percibiendo que ha pasado la época del petróleo y no lo ven como una fuente de inversión futura. Nos aunamos a este proceso.

jueves, 22 de febrero de 2018

EN LA TRASTIENDA. Nuevas conversaciones del “grupo de Saramurillo” con el gobierno peruano.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Los días 19 y 20 de febrero de 2018 se desarrolló una reunión de representantes de las 5 cuencas, los mismos que firmaron los “acuerdos de Saramurillo” en diciembre de 2016, con el gobierno peruano en Nauta, provincia de Loreto. Bajaron un buen grupo de indígenas de la provincia de Loreto para tal reunión. Finalizaron firmando un documento donde básicamente se pusieron plazos y presupuesto y se delimitó quién es responsable de ejecutarlo por parte del estado. Vendría a ser como una acotación al acta firmada en Saramurillo el 2016. Un éxito para los pueblos indígenas, pero ha pasado un año en vano. Un triunfo para el gobierno que puede presentar un “conflicto resuelto” (por esta vez, hasta la próxima), estampado con la firma de Mercedes Araoz, primera ministra. Pero, ¿qué hay en la trastienda? Esta nota tratará de arrojar un poco de luz sobre esa zona oscura.

Foto: Juan Carlos Ruiz

En 1921 la Compañía Standard Oil obtuvo una concesión de 25.000 Km2 en la Amazonía ecuatoriana. Para 1937 la Shell se hace con 10 millones de hectáreas, más de la mitad de la región amazónica de aquella época, desplazando a Standard Oil. Esta última se alía con el gobierno peruano y las tensiones terminan por desencadenar la guerra de 1941 por los límites entre ambos países.

En 1941 el P. Avencio Villarejo hace un viaje misional por el Alto Corrientes. Le llaman la atención unos “estratos raros”. Relató esta experiencia en su libro “Así es la selva”. En 1956 un ingeniero norteamericano vino a comprobar esos “estratos raros” narrados por el P. Avencio. En 1971 empezó a brotar petróleo en el pozo Corrientes X1.

El petróleo se convierte en una estrategia de “ocupación del espacio” a ambos lados de la frontera. Esto tiene su importancia, porque implica que la protección de la frontera es prioritaria para el estado-nación. Eso vendría a demostrar el poco interés en temas medioambientales y de protección de pueblos indígenas. Estos, más bien, son un estorbo. Sólo cuando los indígenas protestan se conversa con ellos. Pero sin ningún plan de por medio. El único objetivo es calmarles para que todo siga igual. De hecho, propuestas como la creación de una Comisión de la Verdad o el cambio de modelo energético pasan desapercibidas, a pesar de estar en el acta de Saramurillo de 2016.

Si nuestra hipótesis es cierta, nos atrevemos a señalar que es lo que está detrás de las leyes ambientales débiles que, para mayor desgracia, no se cumplen. Añadiríamos un par de notas más. La primera es que no importa el precio del petróleo, hay que dar garantías a las compañías para que exploten el petróleo porque es una forma de ocupación del espacio y de cuidado de la frontera. Segundo, no importa el verdadero estado del oleoducto, se necesita para poner el petróleo de la selva en la costa peruana. Modernizar el oleoducto implicará un aumento del gasto de producción del barril. Eso hay que compensarlo con exoneraciones y otros implementos legales que permitan a las compañías ocupar el territorio.

Es decir, un Estado penetrado por compañías petroleras que hacen lobby para que las leyes sean débiles. Leyes que, además, no se cumplen porque existe un objetivo oculto: ocupación territorial cercano a la frontera. De ahí que los volúmenes ridículos de hidrocarburos no impidan su extracción. Esto obliga al estado-nación a ofrecer todo tipo de facilidades a las compañías petroleras. Hablar de frontera es nombrar los intereses de otro grupo prioritario en el estado-nación: el ejército.

El siguiente paso en la ocupación del territorio es obvio: una carretera. La proyectada carretera de Iquitos a Saramiriza es un parte. De un lado, conecta a Iquitos con la costa, algo que es querido por la población loretana, pero que causará impactos impredecibles y desastrosos en cuanto extracción de recursos naturales y penetración del narcotráfico. Por otra parte, esta carretera es tan solo la mitad de la misma. De Iquitos se va a la comunidad nativa de 12 de octubre, en el alto Tigre y de ahí ya hay una carretera construida por los petroleros hasta Andoas, en el alto Pastaza.

Esta carretera Andoas (alto Pastaza) – 12 de octubre (alto Tigre) se proyecta hasta Güeppí (alto Putumayo), atravesando el alto Napo. Es decir, tenemos una carretera que circula paralela a la frontera ecuatoriana. De esta manera se vuelve a ocupar el espacio. Ahora con una carretera. De nuevo: extracción de recursos naturales y ocupación de territorios indígenas con todo lo que esto conlleva. Una de sus consecuencias, no la menor, será la lenta extinción de las lenguas indígenas.

Para concluir, el estado-nación (blanco, por supuesto) impone sus criterios, intereses y negocios sobre los pueblos indígenas. Estos últimos son un estorbo para los verdaderos intereses del estado-nación, que acepta conversar con ellos siempre y cuando no hagan problemas y permitan continuar al estado-nación con su proyecto. Es preciso recordar que el estado-nación está penetrado por el capitalismo: símbolos como el dinero y las imágenes no necesitan pasaporte.

Post Data: el día 19 hubo una reunión en Iquitos sobre la hidrovía amazónica y el 20 esta misma reunión se desarrolló en Nauta. Es interesante cómo el estado hace coincidir estas dos reuniones (hidrovía y 5 cuencas). No hay interés en los pueblos indígenas, tan solo que no den problemas para que el estado-nación pueda seguir con sus políticas de ocupación del espacio. La hidrovía supone dragar varios puntos en grandes ríos amazónicos que modificarán la pesca, la sociedad y hasta las cosmologías indígenas. Tenemos un sándwich: por un lado, la hidrovía; por otro, el eje petrolero y las carreteras. Habría que añadir la línea de transmisión Moyobamba-Iquitos y las represas proyectadas en el Marañón. En el medio, multitud de pueblos indígenas que están siendo agredidos en su territorio. La acumulación de los impactos es superior a la suma de cada uno de los mismos.

Post Data 2: habría que complementar esta nota con la visión de los pueblos indígenas, ellos no son una tabula rasa. Pero será en otro momento.