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martes, 6 de octubre de 2020

“EMBARAZO ADOLESCENTE”: una formulación parcializada

 Manolo Berjón

Miguel Angel Cadenas

Parroquia Inmaculada (Iquitos)

 

Hace unos días saltó a los medios de comunicación las cifras de “embarazo adolescente” a nivel nacional. Loreto tiene cifras abultadas. Queremos comenzar indicando que algunos/muchos (siempre son excesivos) “embarazos adolescentes” son fruto de una violación. No estamos de acuerdo con este tipo de abusos. Detrás de todo este asunto hay relaciones de poder que son absolutamente reprobables y objeto de penalidad. Lo cierto, es que las políticas de todos estos años en cuanto a la prevención están fallando.

© Foto Diario La Región

Nos parece que la preocupación por el “embarazo adolescente” es legítima y está guiada por la buena intención. Conocemos personas e instituciones que trabajan este tema. Están convencidas de su trabajo y lo realizan con total sinceridad y competencia. Sin embargo, quisiéramos argumentar desde otro punto de vista.

 

EDAD CRONOLÓGICA vs. ETAPAS DE LA VIDA

Mientras Occidente privilegia la edad cronológica, en pueblos indígenas posee más interés las etapas de la vida. Todavía es relativamente fácil encontrar ancianos que no saben la edad que tienen. No vamos a realizar una gran argumentación al respecto, que sobrepasaría este escrito. Queremos poner dos ejemplos. El primero de ellos será una cita. El segundo, uno de los muchos casos prácticos que suceden en los colegios de secundaria, sobre todo de las periferias. Y subrayamos lo de periferias porque las familias más acomodadas no suelen sufrir estas situaciones, lo cual nos parece esclarecedor.

En un peritaje antropológico publicado por la Defensoría del Pueblo en las comunidades kukama de San José de Sarapanga y Alianza, ambas en el distrito de Nauta, bajo río Marañón, se indica que “un buen número de mujeres han iniciado su vida de pareja entre los 10-13 años de edad”. Y se añade: “en la comunidad de Alianza, de 21 parejas existentes, en 11 casos la mujer ha tenido su primer hijo a la edad de 13 años o antes. Inclusive dos de ellas a la edad de 11 años. Y en el caso de la comunidad de San José de Sarapanga, de 31 parejas existentes, en 19 casos la mujer ha tenido su primer hijo a la edad de 13 años o antes, y ahora hay dos mujeres de 12 años que ya tienen marido” (Villasante Guerrero 2003: 117).

Se podrá objetar que la cita ya tiene casi dos décadas. Cierto, pero la realidad sigue imponiéndose. Pero son indígenas. Eso no sucede en la ciudad. Bueno, en nuestra opinión una ciudad como Iquitos tiene un fuerte componente indígena. Muchas de las barriadas de la periferia de Iquitos pueden ser considerados como asentamientos multiétnicos.

El ejemplo anterior es ilustrativo, aunque no era necesario acudir a él para saber que los “adolescentes” mantienen relaciones sexuales con cierta normalidad. Lo que está ocurriendo ahora es que no sucede dentro de una relación estable. En gran parte debido a la proliferación de las secundarias, entre otros motivos, que ha postergado la edad de emparejamiento.

Podemos convenir que habitualmente, las estudiantes de secundaria pertenecen a la edad cronológica denominada como “adolescencia”. Si una muchacha queda embarazada, desde el Ministerio de Educación se insiste en que continúe estudiando. Hay que tener en cuenta que el Estado suele pensar [casi] exclusivamente desde el punto de vista occidental. Sin embargo, muchas madres de familia presionan para que esa adolescente no acuda al colegio con sus hijas. En su visión se percibe a la adolescente embarazada no por la edad cronológica sino como una madre, por tanto, le corresponde otro rol diferente. Ya no debe acudir al colegio, sino que su tarea consistirá en atender a su bebé.

Este último ejemplo grafica bien las dos lógicas. Mientras el Ministerio de Educación y sus profesores tratan a la muchacha, por su edad cronológica, como una adolescente a la que hay que garantizar su educación que le permitirá romper con el círculo vicioso de la pobreza, las madres de familia presionan para que salga del colegio. La muchacha ya no debe ser tratada conforme a la edad cronológica, sino conforme al nuevo rol que está adquiriendo: ser madre. El criterio no es la edad biológica sino una nueva etapa de la vida. Por tanto, no está en igualdad de condiciones con sus hijas (edad cronológica), sino que la diferencia consiste en pertenecer a etapas de la vida diferentes: la madre pasa a una nueva etapa, mientras el resto de compañeras, que no están embarazadas, continúan siendo consideradas como estudiantes. En la forma de pensar de estas madres de familia la diferencia no es tanto cronológica, cuanto reproductiva: sus hijas continúan siendo niñas, la “embarazada adolescente” es mujer porque es madre.

En resumen, el Ministerio de Educación se rige por criterios occidentales. De esta forma sitúa la frontera en la edad cronológica de 18 años, mayoría de edad. En cambio, las madres de familia sitúan la frontera en la maternidad, con independencia de la edad a la que se queden embarazadas. Dos lógicas diferentes.

 

CONDICIONES SOCIALES

Pero demos un paso más. No dudamos de la buena intención de las personas e instituciones que trabajan para erradicar el “embarazo adolescente”. Sin embargo, nos parece que, en general, se tratan estos casos como asuntos personales y se observan desde un “punto de vista médico”, dos características de la visión occidental. Consideramos que no se trata únicamente de “fallos” en “individuos”, sino de estructuras de poder enquistadas. Por norma general, las “adolescentes embarazadas” suelen pertenecer a sectores subalternos. En nuestra opinión, acá es donde hay que trabajar. Si se vive en un barrio sin agua potable ni alcantarillado, con unos padres que sobreviven con trabajos informales y precarios, hacinados, con pocas posibilidades de salir adelante y un “ambiente juvenil” impregnado de machismo, nos parece que el “salvamento individual” es insuficiente. En ese sentido, quien falla no es el individuo (adolescente), sino el propio Estado.

Cuando vivíamos en el Marañón hemos asistido a fiestas donde los adornos en lugar de globos eran condones. El Ministerio de Salud cumplía con las directrices nacionales de proporcionar medios de control de la natalidad. Las parejas guardaban esos condones para adornar las fiestas. Otro ejemplo más de cómo el Estado occidentalizado trabaja. Ese mismo Estado termina culpabilizando a las adolescentes de su propio embarazo o a sus pares masculinos.

Por otro lado, algunas de las personas e instituciones con buena intención apelan a la “interculturalidad” como concepto. Bueno, nos parece que deja mucho que desear. No es el momento acá de criticarlo, sólo señalar dos puntos: 1.- podemos estar inoculando una visión occidentalizada con esto de los “embarazos adolescentes”, lo cual no es precisamente lo que se proclama desde la “interculturalidad”. Mientras desde el Estado o las ONGs se percibe la edad cronológica, las madres de familia reclaman el estatus de “etapa de la vida”. 2.- El término “interculturalidad” nos parece inadecuado, nosotros preferimos hablar de “realidad”, o con un término más duro, ontología. Poli-ontología más bien. Pero esto será en otra oportunidad.

Nos gustaría levantar una pregunta: ¿entonces, mejor no hacer nada? Nuestra posición es que las señoritas puedan estudiar y estar en igualdad de condiciones que sus pares varones. Pero también hay que invertir en educación de calidad. Muchas adolescentes que se embarazan saben que la secundaria que están realizando no les sirve para nada, por la baja calidad educativa. De igual manera apelamos a la responsabilidad del Estado, porque gran parte de esas adolescentes habitan en espacios pocos seguros, insalubres, hacinados… y el Estado debería hacer algo más por ellas que únicamente evitar que se embaracen. Se trata de establecer un horizonte donde se pueda vivir como en mejores condiciones. Sin un horizonte es difícil encontrar salidas. Y el horizonte no es únicamente personal, que también, sino colectivo, societario.

Para terminar. "Una formulación parcializada" impide una visión global. Y no estamos hablando exclusivamente de las comunidades de los ríos amazónicos, que también. Tenemos en mente Masusa, el puerto fluvial de Iquitos, o los comités vecinales que se asientan detrás del Hospital de EsSalud, y prácticamente toda la periferia de Iquitos, que no es poca cosa. Como indicábamos anteriormente son “asentamientos multiétnicos”.


……………………….

- VILLASANTE GUERRERO, Rubén E. (2003), Peritaje antropológico, en VARIOS (2003), Pauta metodológica para la elaboración de peritajes antropológicos, Oficina Defensorial de Loreto / Defensoría del Pueblo.

martes, 16 de abril de 2019

“UN VASO DE AGUA, POR FAVOR”. La lucha por el agua potable y el desagüe en Iquitos.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada – Iquitos


A la señora Graciela Tejada Soria, incansable en la exigencia de sus derechos.


“Un vaso de agua, por favor”. Así podría comenzar este escrito. Sólo que el agua es cara, muy cara. Un sol por un balde de 20 litros de agua. Agua para tomar, lavar, limpiar, bañarse… ¿Cuántos baldes de agua necesita una familia? Estamos en Punchana-Iquitos, a un paso del Amazonas, el río más caudaloso del mundo. Y miles de familia tienen que comprar “agua potable” y caminar varios cientos de metros (y hasta más) para acarrear agua para su casa. ¿Y agua para bañarse? En la amazonía la gente está acostumbrada a la abundancia del agua. Pero nuestros anfitriones tienen que medir el agua del baño. Está demasiado lejos el agua y es muy cara. Es lo último que le puede suceder a un amazónico, que le midan el agua para bañarse. En realidad no queríamos escribir la palabra medir, habíamos pensado en mezquinar, con toda la carga que acarrea para un amazónico.

© Manolo Berjón, abril 2016, Asentamiento Humano Iván Vásquez, desagüe.

No faltará quien desprecie esta conquista por el agua potable. Total, goza de agua en su casa e incluso puede que tenga el privilegio de poseer una piscina privada. Lo cual plantea el tema de los bienes comunes. Si el agua es un bien común, y no hay ninguna duda en ello, ¿entonces, por qué solo pueden disfrutar de ella unos pocos? Aparecen las asimetrías de poder. Pero avancemos.

La semana pasada un juez dictaminó que los vecinos de los Asentamientos Humanos de Iván Vásquez Varela y 21 de Setiembre, en Punchana-Iquitos, tienen derecho al agua potable y desagüe. Esto no debiera ser noticia, pero lo es. Es noticia porque estos asentamientos tienen más de 15 años e infinidad de solicitudes a las autoridades que no han sido atendidas. Es noticia porque un juez ordena al Gobierno Regional de Loreto y a los Municipios de Maynas y Punchana que den solución con agua potable y desagüe a los pobladores de estos asentamientos humanos, con la mayor brevedad posible.

En la sentencia se utilizan expresiones como “condición mínima” y “derecho a la dignidad”, entre otras. Están viviendo en un desagüe a cielo abierto, donde llegan residuos del camal municipal, las aguas servidas de esta parte de la ciudad, algún que otro derrame de petróleo proveniente de la planta de Petroperú en Punchana y de Essalud. Como pueden comprobar no es el lugar ideal para vivir. Entonces, ¿por qué vivir ahí? Podemos pensar que ellos son los responsables. Pero hay más: no existe planificación urbana en la ciudad, por eso casi todos los Asentamientos Humanos son, o han sido, invasiones. Es un fallo de planificación del Estado. Una vez que se sitúan ahí, el Estado llega tarde con algunos servicios (luz, algún local comunal…), pero no con agua y desagüe. Vivir al lado del Amazonas y no tener agua potable. Es increíble. ¿Recuerdan el PTAR -Planta de Tratamiento de Aguas Residuales-? ¿Para qué ha servido? ¿Cuánta  plata se han tirado?

Y queda una pregunta suelta: ¿por qué vivir ahí? Hubo un intento hace años de llevarlos a la carretera Iquitos-Nauta. Buenas intenciones, pero cómo vivir fuera de la ciudad. Tener que desplazarse desde fuera de la ciudad todos los días es muy caro. Es preferible vivir cerca del trabajo, especialmente para quienes tienen que sobrevivir, aunque sea en condiciones muy precarias. Residen cerca del puerto de Masusa, un lugar donde pueden comprar y revender, trabajar de cargueros o realizar los trabajos duros del puerto, lo justo para sobrevivir.

¿Por qué ayudarles? En principio porque son seres humanos. Pero además, cuando se produce una fractura social de tal calibre nos va mal a todos. Trabajar por mejorar la vida de los humildes también nos ayuda a una mayor cohesión social, a poder vivir tranquilos. Si en algún momento hay una revuelta en Iquitos, como la sucedida en 1999, las personas que viven en estos lugares no tienen nada que perder y la violencia, una vez desatada es imposible de parar. Por eso es tan importante compartir con ellos el esfuerzo de encontrar una vida mejor. Tengamos en cuenta que muchos de ellos han venido de los ríos amazónicos para que sus hijos tengan mejores condiciones de vida. Y han encontrado dolor y desprecio. Desde estos espacios es fundamental encontrar esperanza y trabajar por mejorar la vida de todos, sin fracturas, por una mayor cohesión social.


PASEAR

Todo comenzó con un paseo. Llegamos a la Parroquia Inmaculada en Iquitos en marzo de 2015. Durante la primera semana recorrimos a pie toda la parroquia para saber en qué lugar estábamos. Ya conocíamos la “zona del desagüe”, antes de venir a vivir acá. Pero ahora queríamos tener una relación diferente con la gente. Estábamos paseando una tarde y haciendo unas fotos. Una mujer nos pregunta: ¿quiénes son ustedes? Nos presentamos y pedimos permiso para hacer la foto. La mujer nos aceptó y se hizo amiga nuestra: la Sra. Graciela Tejada Soria. Volvimos frecuentemente por su casa. Nos sentábamos y hablábamos de todo. 

Una de nuestras preocupaciones era el desagüe y salía frecuentemente en la conversación. Poco a poco fuimos construyendo confianza. En esa época nos visitaron amigos de ONGs y funcionarios estatales. A los que siempre les dábamos un paseo por el desagüe.

Varios de nuestros amigos se compraron el pleito. Por esa época la OEFA (Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental) organizó un concurso de cortos sobre temas ambientales. Incentivamos a que se presentaran. Uno de los hijos de la Sra. Graciela se animó, filmó un pequeño corto y lo presentó. Ganó el primer premio del concurso. Con ese motivo la OEFA elaboró un primer documento sobre la contaminación y llamó la atención a las autoridades. Con el informe de OEFA se interpone una demanda constitucional, a la que suman otras autoridades de los dos Asentamientos Humanos reseñados.

Por mucho tiempo la gente no creía. “No van a poder hacer nada”. “Les están engañando”. Ahora ya tenemos sentencia. Hay que hacerla cumplir, que no será tarea fácil. Pero es una herramienta más para conseguir agua potable y desagüe.

Nos parece importante porque si estos asentamientos humanos han conseguido esta sentencia judicial por respeto a los derechos humanos, como se puede entrever en el escrito judicial, entonces el resto de asentamientos humanos también pueden conseguir estos derechos. Digamos que la trocha está hecha, ahora es más fácil caminar por ella. 

"Un vaso de agua, por favor", pero también más agua para lavar, bañarse, asearse... El derecho humano al agua como parte del derecho a la ciudad.

Agradecimientos: a la señora Graciela Tejada Soria, incansable en la exigencia de sus derechos. A los dirigentes William Navarro Sajami, Pedro Tuanama Gutiérrez, Segundo Panduro, por su confianza y lucha pacífica. Y a los abogados: Rita Ruck Riera (Oficina de DDHH. del Vicariato Apostólico de Iquitos), Juan Carlos Ruiz Molleda y Maritza Quispe (Instituto de Defensa Legal-IDL).