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martes, 20 de septiembre de 2022

“PORQUE NO SE TRATA DE ANIMALES, SE TRATA DE GENTE COMO USTED, DE ESO SE TRATA”: A propósito del derrame en Urarinas-Cuninico

El derrame en Cuninico no es el único, pero sí emblemático. Todas las comunidades en las cuencas petroleras padecen la contaminación por 50 años, en distintos grados. Llueve sobre mojado: Cuninico ya sufrió otro derrame el 2014. Llegaron hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En Perú ganaron varios juicios. Agotaron los mecanismos institucionales del Estado, pero persiste aún un problema de ejecución de las sentencias ganadas.



Es necesario mejorar el sistema de prevención. Hoy en día sería posible con inteligencia artificial y vigilancia satelital. El actual sistema genera impactos económicos, sociales y medioambientales insostenibles, además de un sufrimiento atroz.

Conviene preguntarse sobre la gestión del Oleoducto. Por un lado, se impuso sin consulta a las comunidades; por otro, ha habido diversas formas de administrarlo. Es evidente que no lo podemos pensar al margen de las comunidades indígenas que atraviesa. Ha habido diversas etapas de gestión, algunas han obtenido mejores resultados que otras. Después de una etapa de derrames (2014-2017) ha venido otra de relativa calma que de nuevo se interrumpe.
Con la interrupción vuelve a aparecer el tema de la intencionalidad. Sin embargo, no podemos olvidar que el Oleoducto no recibe el mantenimiento adecuado. Por otro lado, no se aplica la ley y la impunidad alienta estos actos delictivos. Es necesario pensar el Oleoducto y la urgencia de obtener dinero en las comunidades. Culpar “exclusivamente” a quienes lo hayan podido cortar dejaría en la sombra a los verdaderos auspiciadores de este tipo de comportamientos.
Añado a la monetarización el postergamiento que sufren las comunidades. Esto genera mucha rabia. Carecen de agua potable y les contaminan la única fuente existente: el río. Se quedan sin pesca. ¿Cómo está afectando al mijano [cardumen]? Se agudiza la inseguridad alimentaria y se daña su economía. En tercer lugar, y fundamental para el pueblo kukama, debajo del agua habitan espíritus y gente. Este aspecto cosmológico kukama suele quedar al margen. Cuando el Estado apela a la interculturalidad lo hace como un pasatiempo.
Acudo a la tradición cristiana donde los humanos somos co-creadores: ayudamos a Dios en su creación a través de nuestra inteligencia y trabajo. Pero no es automático, de hecho, también nos apartamos de la gracia de Dios, causando dolor a la naturaleza, a nuestros semejantes y a Dios. Ahí están los derrames para graficarlo.
En otro lugar he propuesto el concepto de “zona de sacrificio”. El Estado decidió imponer a estos territorios el Oleoducto, sin importar su impacto. Un gravamen a estas comunidades al servicio del país. El problema reside en que estas comunidades hacen sacrificios, pero no gozan de los beneficios. De hecho, la desconfianza de estas comunidades en el Estado es muy alta, porque suele generar problemas en lugar de resolverlos.
Es tiempo que el Estado responda a sus ciudadanos. No es posible que en 50 años de actividad petrolera, con unos beneficios superiores a $ 35,000 millones, prácticamente la mitad de los loretanos carezcan de agua potable y saneamiento básico. Es evidente que podemos, y debemos, hacer las cosas mucho mejor. Contaminar el agua es un gravísimo error, pecado diríamos los cristianos. El agua es esencial para la vida humana, es un “derecho eje” que sustenta los derechos “a un ambiente sano, la salud, la alimentación, el territorio y la cultura”1.
Más allá de la emergencia, se produce una “violencia lenta” que perdura en el tiempo hiriendo y dañando en profundidad los cuerpos que esperan el agua de lluvia para poder cocinar… Esta alteración del paisaje afectivo produce una “nostalgia y pérdida ecológica” de valor incalculable. Las mujeres sufren más todo este impacto que habitualmente queda relegado e invisibilizado2.
Se supone que estamos saliendo de la epidemia de Covid-19, particularmente dura en Loreto. Pues bien, las comunidades indígenas fueron las últimas en ser atendidas, mucho después de haber sido contagiadas. El caso de Cuninico es terrible porque la pandemia vino después del derrame de 2014. Mientras un grupo de investigadoras encontró los medios para acompañar a estas comunidades, en medio de la distancia, no sucedió lo mismo con el Estado, para quien estas comunidades permanecieron invisibilizadas3.
Resuenan en mí las palabras de Galo Vásquez, presidente de FEDEPCUM (Federación de Pueblos Unidos Cocamas del Marañón), a uno de los representantes que llegaron por Cuninico: “porque no se trata de animales, se trata de gente como usted, de eso se trata”. El dirigente enfatiza su posición como “gente”, no como animales. Toda una lección para quien sepa escuchar.
Concluyo haciéndome eco de las lecturas bíblicas de ayer. El profeta Amós insiste: “escuchen esto los que oprimen al pobre…, disminuyen la medida, aumentan el precio, usan balanzas con trampa” (Am 8,4-7). Y Jesús, en el evangelio, nos indica que no se puede “servir a Dios y al dinero” (Lc 16,1-13). Que Nuestra Señora de la Esperanza nos acompañe a todos.

+ Miguel Angel Cadenas
Obispo Vicario de Iquitos




1. URTEAGA, Patricia, SEGURA, Frida y SÁNCHEZ, Mayra (2019), El derecho humano al agua, los pueblos indígenas y el petróleo, PUCP, Lima.
2.DELGADO, Deborah y MARTINEZ, Vania (2020), “En un ambiente tóxico”. Ser madres después de un derrame de petróleo, Oxfam – CLACSO, Lima.
3. ULFE, María Eugenia, VERGARA, Roxana y ROMO, Vanessa (2021), “Nuestras historias desde Cuninico”: podcasts, pandemia e investigación antropológica, en LASA FORMUM, Vol. 52, N° 1, pp. 13-18.

martes, 25 de septiembre de 2018

CUERPOS QUE HABLAN: torsiones, gritos desgarradores y descontrol en San José de Saramuro


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


En estos momentos hay un paro desigual en varias cuencas amazónicas, con otra posible convocatoria de una nueva tanda de conversaciones con el Estado. Setiembre 2018: en San José de Saramuro unos 30 adolescentes y algunos jóvenes son “poseídos por el demonio”. En nuestra opinión estos dos hechos están relacionados. Trataremos en este escrito de conectarlos y buscar las posibles causas.

© Manolo Berjón, abril 2014, base petrolera de San José de Saramuro

Los “poseídos” presentan torsiones, gritos desgarradores, fuerza descomunal, descontrol… En definitiva, “cuerpos que hablan”. La tarea es decodificar este lenguaje porque posee un discurso potente que no está siendo escuchado. A pesar de las mesas de conversación que instalan los gobiernos de turno, el Marañón continua en los márgenes. Comenzaremos con una visión indígena del fenómeno de la posesión y posteriormente intentaremos una interpretación. Se necesitaría más espacio, pero no es ahora el momento.

San José de Saramuro es el lugar donde está enclavada la primera estación de Petroperú, el comienzo del Oleoducto Nor-Peruano. La población es una amalgama de gentes llegados de muchos lugares del Perú. Hay un núcleo de comerciantes, dueños de negocios y trabajadores de la base petrolera que provienen de diferentes ciudades. El resto de la población, la mayoritaria, procede de las comunidades del bajo Marañón que buscan luz eléctrica, un colegio de secundaria, posta médica… Podríamos decir que San José de Saramuro es un microcosmos. La ubicación de la base petrolera supuso un desplazamiento de la población local. Literalmente sacaron a la población del lugar donde estaban para colocar la base petrolera. Una invasión petrolera en toda regla. Lo cierto es que el bajo Marañón, donde se sitúa San José de Saramuro, es territorio del pueblo indígena kukama.

Para este pueblo la posesión es un asunto completamente normal. Los chamanes también son visitados por espíritus y son “poseídos”. La diferencia entre los chamanes y los adolescentes “poseídos” es que los primeros controlan la posesión y la utilizan para ordenar el cosmos. Mientras que los adolescentes son seres pasivos que son invadidos por espíritus que no controlan y generan desorden. Cuando se transgreden las normas morales sucede que el cosmos se convierte en un caos y los espíritus malos invaden a los más débiles. En pocas palabras, la “posesión” de espíritus malos es un asunto de personas débiles. La terapia es, entonces, muy sencilla: fortalecer a las personas.

Conviene que nos preguntemos qué tipo de comportamientos están debilitando a los pueblos indígenas. Nombraremos unos pocos: años de predicaciones contra las tradiciones indígenas, acusándolas de inútiles o demoniacas; desprecio por los saberes indígenas a través de los sistemas de salud occidentales; burlas contra los conocimientos tradicionales como atrasados… Esta desvalorización permanente genera caos. Un caos que ahora es visible porque no se encuentran elementos que puedan restablecer el orden, un orden indígena que ha sido brutalmente alterado.

La escuela es un elemento muy importante en la vida del pueblo kukama. Tan importante que las comunidades dedican el espacio más apto para su campo de fútbol, el colegio y algunos locales institucionales. Todas las familias procuran enviar a sus hijos al colegio para que “se superen”. Las comunidades pequeñas luchan por su colegio como una forma de permanencia de la misma comunidad. Con la escasez de alumnado el Ministerio de Educación puede retirar al profesor y es muy probable que termine por desintegrarse la comunidad. Debe quedar bien claro que el colegio es altamente valorado. Sin embargo, en nuestra opinión, también genera algunas graves dificultades.

Con el colegio los hijos “saben” más [de cultura occidental] que sus padres. Esto erosiona la autoridad de los padres. Es frecuente que en las comunidades se trate el comportamiento de los muchachos fuera del horario escolar como un asunto propio del colegio. Es habitual que algún mal comportamiento de los alumnos en fin de semana sea tratado como un asunto escolar. Con las comidas escolares, proporcionadas por el programa estatal Qali Warma, los padres ya no dedican el mismo tiempo para alimentar a sus hijos. La alimentación en el pueblo kukama, como en el resto de pueblos indígenas, transmite afectos muy fuertes. Afectos que se ven mermados con la comida en el colegio, provocando una desconexión con los padres. La comida, por otro lado, genera parentesco. Que los niños coman en el colegio debilita la autoridad de los padres. Erosionar la autoridad paterna no es gratis. Cuando aparecen estos casos no hay forma de restablecer la tranquilidad.

En el mejor de los casos, la respuesta del Estado, cuando la hay, que no es frecuente, suele ser “privatizar” el problema: es un asunto de familias. Le cargamos una responsabilidad que no le corresponde y que previamente hemos erosionado su autoridad generándoles sentimientos de culpabilidad. Quienes pueden ayudar a solucionar el problema se encuentran debilitados por la responsabilidad que les atribuimos. Es un círculo vicioso.  Se puede hacer de varias maneras: con efectivos policiales, fiscalía y demás funcionarios “del orden” que “individualizan” el problema. Buscan un culpable sobre el que echar toda la responsabilidad, sin cambiar nada para que todo siga igual. También puede ocurrir que se busquen psicólogos que “personifican” las responsabilidades e invisibilizan el contexto social. Todo esto es funcional al sistema: son asuntos privados, individuales…, el Estado no se cuestiona su propia actuación. En fin, estamos en tiempos neoliberales.


CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DE LA FE

Partimos de la convicción que el cristianismo puede ayudar mucho, pero también puede generar serias dificultades. Es preciso, por tanto, estar atentos. El Reino de Dios proclamado por Jesús invita a tener vida en abundancia. Cuando la vida corre peligro, o no es vivida plenamente como humana, es evidente que nos apartamos del Reino de Dios. Dicho esto, nos parece que el endemoniado de Gerasa de Mc 5, 1-20 nos puede dar algunas pistas. No es el momento de hacer una exégesis del tema, solo dos notas. En primer lugar, el endemoniado habita en el cementerio (v. 3). Marcos nos indica que la vida que está llevando no es una vida digna, es un muerto viviente, un zombi. Segundo, cuando Jesús le pregunta el nombre al demonio, éste responde: “Legión” (v. 9). Legión hace referencia a la legión romana, un cuerpo de soldados del imperio invasor romano. Gerasa era una región fuertemente romanizada y ocupada por el imperio romano. Es decir, donde hay opresión, en este caso política, económica, cultural, religiosa, lingüística…, hay endemoniados. Así de sencillo.

© Manolo Berjón, abril 2014, base petrolera de San José de Saramuro


Por tanto, la solución no es bendecir todo, ni echar agua bendita, ni rezar. Todo eso hay que hacerlo, es importante porque ayuda a encontrar la calma y porque Dios, para los que somos creyentes, es quien nos regala su Reino y nos invita a colaborar con El. Pero hay que señalar las verdaderas causas para intervenir en lo que está provocando esta situación. A nosotros nos parece que hay que contextualizar, lo contrario de algunos funcionarios que privatizan e individualizan. Contextualizar nos lleva a señalar que ya se han dado episodios similares en Maypuco en 2013, en Santa Rita de Castilla en 2016 y en Nauta durante toda la primera década de este siglo. El caso de Nauta se debió a la apertura de la carretera Iquitos-Nauta en 2005, lo que desembocó en estos desórdenes. Podemos añadir que este mes de setiembre ha habido un suicidio de una joven de 20 años en Nauta y otro suicidio en Intuto (río Tigre). En Trompeteros e Intuto también ha habido convulsiones de muchachos/as en años anteriores. En San José de Saramuro y Saramurillo ya hubo episodios de pánico con un “tigre negro” que salía del río para comer a la gente. El “tigre negro” forma parte de los mitos kukama. Lo interesante es que sea en este lugar y se dedique a comer a la gente kukama. Para que percibamos la agresión en toda su crudeza. Como estamos viendo todas las sedes de los distritos de la provincia de Loreto (Nauta, Intuto, Trompeteros, Santa Rita de Castilla y Maypuco) han sufrido este tipo de situaciones.

Dicho esto, podemos señalar lo que nos parecen a nosotros las verdaderas causas:
-  
        Existe un entramado de relaciones políticas, económicas, culturales, religiosas, lingüísticas… que está detrás de este fenómeno. Con la base petrolera como telón de fondo, cual nueva legión romana, conectamos los pozos de los lotes 8 y 192 con Talara, donde el gobierno peruano ha gastado más de $5,000 millones para una inversión que a todas luces no es rentable. Por qué insistir, entonces. Hay varias causas: existen empresas que hacen negocio con estas inversiones y es una forma de marcar la frontera con Ecuador. No es casualidad que sea en la frontera donde se sitúan la mayoría de los pozos petroleros. Ahora bien, es una falta de imaginación invertir tanto dinero para un negocio que no es rentable. Hay otras maneras más adecuadas de invertir para proteger las fronteras, si es eso lo que hubiera que hacer. Desde luego, los pueblos indígenas agradecerían cambiar la matriz energética [Francisco, Laudato Si, n° 165]. Esto dibujaría un escenario nuevo, aunque no elimina la potente contaminación con la que tendrán que luchar por décadas. La invasión de tierras indígenas, la potente contaminación, la monetarización de lugares como San José de Saramuro, los bares de todo tipo que existen, la falta de trabajo, la llegada permanente de gente foránea, la televisión… son algunas de las causas. Mirar para otro lado no es humano, tampoco cristiano.

-          Las conversaciones con el Estado son grotescamente ineficaces. En muchas oportunidades estas conversaciones se desarrollan en Lima, donde acuden unos pocos “representantes” (???), al margen de los cuerpos de las mujeres y adolescentes, cuyos cuerpos utilizan otro lenguaje: posesiones, convulsiones… El Estado, que no posee un plan para resolver los graves problemas que enfrenta la población indígena, da tiempo. Un tiempo que es bueno para el capital y pernicioso para las poblaciones indígenas. Lo que han ido consiguiendo las organizaciones indígenas es absolutamente insignificante, a pesar de los paros y protestas que han realizado. Estos cuerpos poseídos son el mejor testimonio.

-          Los adolescentes son los más vulnerables. La adolescencia es una etapa inventada en Occidente en el s. XX. Para pueblos indígenas es mucho más reciente. Con la llegada de la secundaria los muchachos han postergado el matrimonio tradicional, no las relaciones sexuales. Ahora, como son “estudiados”, se niegan a trabajar en la chacra. El presente que tienen es oscuro. Las familias están debilitadas y el futuro es incierto. Les queda migrar para hacer los trabajos más duros en la ciudad. Las distintas clases de becas (beca 18, beca indígena, beca Saramurillo…) son percibidas como muy lejanas y poco asequibles. Si ofrecieran alternativas y salidas los cuerpos vulnerables de los adolescentes no convulsionarían. Las convulsiones son el último recurso a una situación desesperante. Argumentar que uno de los adolescentes ha tenido un episodio de epilepsia, no sólo desenfoca el problema de fondo, sino que contiene un profundo significado político: no tocar los verdaderos problemas. Esta individualización del problema es lo que ofrece este Estado ciego.

-          Que la mayoría de los adolescentes que han convulsionado sean mujeres exige tener en cuenta el tema del género. ¿Por qué las mujeres adolescentes? Sin duda, son los cuerpos más vulnerables. El miedo es brutal. El incremento de la madresoltería indica que son las mujeres las que pagan las consecuencias de la desestructuración familiar. Y las adolescentes han visto a las mujeres mayores que han tenido que cuidar a sus hijos solas porque el padre está ausente. Este asunto es particularmente grave. Todos los indicadores señalan la feminización de la pobreza. Cómo no convulsionar, entonces. Si señalábamos antes que los diversos tipos de becas no funcionan, con más insistencia podemos decirlo de las mujeres que tienen muchos más impedimentos para acudir al colegio, que son las que se encargan de cuidar a sus hermanitos cuando la mamá no puede, y que tienen una tasa de embarazo adolescente muy alta, coartando la posibilidad de continuar los estudios.

-          Algunos jóvenes entre 18 y 20 años también han convulsionado. San José de Saramuro es un lugar monetarizado. En el resto de comunidades es difícil cambiar un billete de S/. 50.00 porque el dinero circula escasamente. En cambio, en San José de Saramuro es como cualquier ciudad, puedes encontrar de todo. Ahora bien, el trabajo que ofrecían antes los petroleros y sus services tiene que ser compartido por una población que ha ido en aumento. Consecuencia: no hay trabajo para todos. Una población acostumbrada al dinero que ahora no lo puede conseguir es presa fácil para este tipo de desórdenes.

-          La alimentación ha ido empeorando notablemente en los últimos años. El pescado escasea. Esto es particularmente grave para una población que tenía el pescado como su principal fuente de proteínas. La potente contaminación y el aumento poblacional están en la base de esta escasez. 

Mientras no se de solución a este problema de desesperación que gritan los cuerpos más vulnerables e indefensos nos seguiremos encontrando con este tipo de situaciones. Privatizar e individualizar el problema es la mejor forma de desenfocarlo. Con un paro desigual en las cuencas amazónicas y un Estado que convoca a conversaciones que no llegan a ningún lado tenemos garantizados más adolescentes, sobre todo mujeres, en crisis: cuerpos que hablan. Es preciso leer Mc 5, 1-20 como un texto que nos puede inspirar.

jueves, 13 de julio de 2017

NUEVO DERRAME DE PETRÓLEO PARA CELEBRAR LA ENTREGA POR CAPITULOS DE DERRAMES 2016 EN EL OLEODUCTO NOR-PERUANO

Iquitos, 14 julio 2017

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


Se ha producido otro derrame de petróleo en la comunidad kukama de Nueva Alianza, distrito de Urarinas, provincia y departamento de Loreto. El “11 de julio a las 15: 53” Petroperú recibió información de su personal de seguridad de un nuevo derrame. Son sintomáticas las palabras que emplea Petroperú, calificándolo como “atentado”: https://www.petroperu.com.pe/Main.asp?Seccion=3&IdItem=891. Por su parte, la OEFA, mucho más comedida, lo conceptúa como derrame: https://www.oefa.gob.pe/?s=derrame. Las palabras tienen su importancia. No queremos ponernos exquisitos, pero vale la pena señalar alguna otra diferencia. Para Petroperú la contingencia se produjo en el Km. 58+070, Tramo I del Oleoducto Nor Peruano (ONP), distrito de Urarinas, región Loreto. Mientras que OEFA señala la altura del Km. 59 del Oleoducto Norperuano, en el distrito de Urarinas, provincia y departamento de Loreto, cerca de la comunidad nativa de Nueva Alianza.

Cabe recordar que la comunidad de Nueva Alianza ya sufrió el año 2016 varios derrames de crudo por rotura del Oleoducto Nor-peruano: agosto 2016, octubre 2016. Si añadimos el resto de derrames que se han producido en la zona tenemos un panorama desolador: Cuninico 2014, San Pedro 2014... El año 2016 se lleva las palmas (por el momento): 13 derrames de petróleo en el Oleoducto Nor-peruano, la mayoría en Loreto.


Nueva Alianza, 2016.

La temporada de vaciante (junio-noviembre) es "propicia para los derrames". Estamos, por tanto, en el primer aniversario de aquellos derrames en cadena de 2016. A un año de distancia, cómo está la situación, cuál es el balance. Pero formulemos algunas preguntas retóricas: ¿Cómo va todo? ¿Qué se ha hecho y qué se está haciendo? ¿Qué medidas se han tomado? ¿Será el inicio de la "segunda" temporada de derrames en cadena en este 2017? ¿Existe algún tipo de vigilancia en el Oleoducto Nor-peruano? Las preguntas se acumulan y mucho nos tememos que no hay respuestas. Qué es lo que está fallando. Hagamos un somero listado. 

1.      No hay agua potable en las comunidades, la pesca está muy afectada (y es una de las actividades que más proteínas proporciona). No existen Centros de Salud adecuados y abastecidos con personal sanitario necesario y medicinas para la ocasión. Si a esto añadimos niveles de angustia altos, el panorama es desolador. El Centro de Salud de Maypuco está a 3 horas en peque peque de bajada, algo más de 4 horas y media de surcada.

2.      Desde el derrame de Cuninico en 2014 hasta la fecha ha habido varios cambios de directorios en Petroperú. Sin embargo, estos cambios no han supuesto una mejora para las comunidades del bajo Marañón, a tenor de los continuos derrames producidos. Por tanto, no se trata de hacer operaciones de cara a la galería, sino de realizar una revisión en profundidad de lo que está sucediendo.

3.      En nuestra opinión, es hora de tomar en cuenta lo que ya ha reconocido, en alguna ocasión, algún organismo estatal: la corrosión del Oleoducto Nor-peruano. Está obsoleto y continuar con esta política del avestruz no mejorará la situación. Somos conscientes que la apuesta del Estado por la petroquímica en Talara y el convenio con Ecuador para que su petróleo utilice el Oleoducto Nor-peruano son hándicaps difíciles de abordar. Pero consideramos que las personas que tomaron estas decisiones no eran conscientes de la gravedad y deterioro del Oleoducto. O, al menos, eso es lo que deseamos pensar. De lo contrario, cabría calificar a estas personas como cínicas, algo a lo que nos resistimos. [Una enjundiosa entrevista al presidente del directorio de Petroperú, el 03 de mayo de 2017, la pueden encontrar en: http://elcomercio.pe/economia/luis-garcia-rosell-inversion-talara-justifica-422899. No tiene pérdida y ustedes mismos pueden sacar las conclusiones].

4.      De ser el caso, como es nuestra opinión, que el Oleoducto está obsoleto, es hora de plantear un cambio de matriz energética[1]. Nos parece que ya ha pasado un año de la primera entrega por capítulos de derrames del 2016 y continúa sin plantearse con seriedad este tema. Mientras esto no ocurra todo seguirá igual. Es evidente que una decisión de este tipo lleva mucho tiempo, pero en algún momento hay que comenzar. Es hora de establecer un calendario que prevea, entre otras cosas, una transición energética. Pero no abordar el problema, darle largas y dejarlo en el aire es lo más seguro para que continúen sucediendo todo este tipo de situaciones.

5.      Es evidente que no hay supervisión del Oleoducto, pese al pedido de las 5 cuencas en Saramurillo. La vigilancia del Oleoducto es otra quimera.

Nueva Alianza, 2016

En breve, ha pasado un año cronológico desde los derrames en cadena de 2016 y nos estamos enfrentando a un nuevo derrame. ¿Será el comienzo de una nueva etapa de derrames en este 2017? Una secuencia por capítulos exige conocer lo previo para saber en qué lugar situarnos. Pues bien, este efecto acumulativo es lo que queremos tener en cuenta a la hora de hablar de derrames y contaminación. Es este pernicioso valor acumulativo el que nos hace temblar. 

Otra de las conclusiones que se pueden extraer de este “primer aniversario” es que carecemos de una opinión pública que presione para reclamar un medio ambiente sano, pese a ser un derecho humano básico. A esto cabe añadir cierta discriminación: si el derrame se produjera en una ciudad y en un lugar acomodado ya se habría dado respuesta, pero lo que sucede con poblaciones indígenas carece del mismo interés.




[1]Sabemos que la tecnología basada en com­bustibles fósiles muy contaminantes –sobre todo el carbón, pero aun el petróleo y, en menor me­dida, el gas– necesita ser reemplazada progresiva­mente y sin demora. Mientras no haya un amplio desarrollo de energías renovables, que debería estar ya en marcha, es legítimo optar por lo me­nos malo o acudir a soluciones transitorias. Sin embargo, en la comunidad internacional no se logran acuerdos suficientes sobre la responsabi­lidad de quienes deben soportar los costos de la transición energética. En las últimas décadas, las cuestiones ambientales han generado un gran de­bate público que ha hecho crecer en la sociedad civil espacios de mucho compromiso y de entrega generosa. La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del período post-indus­trial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosi­dad sus graves responsabilidades” (Papa Francisco, Laudato si, n° 165).

miércoles, 9 de noviembre de 2016

RELACIONES JOCOSAS EN TORNO A LA CONTAMINACIÓN DEL BAJO MARAÑON

Iquitos,  9 de noviembre de 2016

“Sara trató de defenderse, pues tuvo miedo, y dijo: «Yo no me he reído»,
pero él contestó:
«Cierto que te has reído»” Gn 18, 15.

Abrahám tenía cien años cuando le nació Isaac. Sara dijo: «Dios me ha hecho reír, y todos los que se enteren se reirán también»” (Gn 21, 5-6).


[Esta nota está escrita en 2014, después de los informes sobre contaminación en el río Marañón. Entonces no lo publicamos y ahora nos parece interesante como una retrospectiva para comprender lo que sucede en Saramurillo. Son dichos de la gente de los distritos de Nauta, Parinari y Urarinas. Nos hubiera encantado poderlos actualizar, pero será para otra oportunidad. Invitamos a nuestros amigos del Marañón a recoger los chistes y el humor actuales, tienen un gran valor. De igual manera el humor en el paro de Saramurillo es algo que no está explorado y merecería la pena hacerlo].


 © Manolo Berjón, 2014


  1. “Ustedes los varones son dejados. Nosotras, si viniera Ollanta[1], cogeríamos agua del Marañón y le daríamos de tomar para que también pese (con plomo, fierro…) y así su mujer no le mande”[2].

  1. “Usted estás con la contaminación lleno tu cuerpo, tú ya estás bueno para comprarte para hacer tarrafa”[3].

  1. “Ya estás con la contaminación, ya estás bueno comprarte para hacer lancha”[4].

  1. “A ti botándote al río ya no rebalsas”[5].

  1. “Ya va a estar bueno para curar canoa”[6].

  1. “Merece botarle al río al alcalde para que descubra todos los metales que hay en el agua y no salga más”[7].

  1. “Aparta, pareces un ‘fierrito’”[8].




NOTAS

  1. En Ugarit se conoce la risa del dios El como señal de alegría y benevolencia. Isaac significa: “quiera la divinidad reírse” o “la divinidad se ha reído”.

  1. La risa también es una forma de burlarse del poder, sobre todo cuando es torpe, como es el caso. Es una estrategia de los subalternos para rebajar las pretensiones de los poderosos.

  1. Los metales pesados (plomo, hierro, aluminio, cadmio, arsénico, manganeso…) encontrados en las aguas del bajo Marañón son objeto de burla. Algunos de ellos: plomo, hierro, aluminio… son de conocimiento de la gente por utilizarlos en diferentes herramientas. Esto les permite reírse y burlarse. No les queda otra. 

  2. Las relaciones jocosas flexibilizan el comportamiento social, pero también se pueden convertir en sanción moral.


[1] Ollanta Humala, [anterior] presidente del Perú.
[2] Las mujeres del Marañón dicen que cuando un hombre “pesa” su mujer no le puede mandar. Nadine Heredia, mujer de Ollanta Humala, tenía un gran peso en su gabinete de gobierno. Por eso algunos piensan que era ella quien mandaba, a lo que alude el humor.
[3] Para que pese la tarrafa se le coloca unas bolitas de plomo.
[4] El casco de las lanchas es de fierro. La ‘h’ de hierro en el castellano loretano se convierte en una ‘f’ de fierro.
[5] Por el hierro y el plomo.
[6] Cuando una canoa comienza a gotear, a entrar agua, hay que curarla. Suelen utilizar las ollas de aluminio para hacer estos remiendos o parches.
[7] Los metales pesados: fierro, plomo… Y se hunda con su peso.
[8] Un pescador que ha venido en la noche de revisar su trampa, se arrima a su mujer en el mosquitero y le rechaza por estar muy frío, como el fierro.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

martes, 18 de octubre de 2016

EL DESAFIO DE SARAMURILLO: una visión “parcial” desde el pueblo urarina

Iquitos, 18 de octubre de 2016

Saramurillo es una comunidad kukama ubicada en el distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, en el área de amortiguamiento de la “llamada” Reserva Nacional Pacaya Samiria, conocida últimamente por el paro de varias organizaciones indígenas en torno a la actividad petrolera. Ya hemos señalado que presenta un desafío de tamaño mayúsculo al Estado. Tampoco es novedad que vemos con buenos ojos la plataforma que presentan, algo coherente, justo y necesario.

© Giovanni Marrozzini, octubre 2016


POST-SCRIPTUM (a modo de prólogo)

Cuando ya teníamos preparada la nota sobre los urarina surge un nuevo derrame de petróleo, el 14 de octubre de 2016, esta vez en el distrito de Lagunas. De nuevo la improvisación. Todo esto revela desinterés, discriminación, falta de respeto e inhumanidad. Con tantos derrames, ya debería haber un protocolo de actuación. No lo hay. Se mira el derrame, pero no se proporciona ayuda humanitaria a los necesitados. Lo que nos convierte en inhumanos. Recuerden aquello de “lo que no hicieron con uno de estos mis pequeños, no lo hicieron conmigo”. Más de un mes del derrame en Nueva Alianza y Monterrico y no ha llegado ni agua. Nos hemos deshumanizado.

De nuevo se repite, como una letanía interminable, las mismas actitudes: la comunidad tiene que avisar a Petroperú. Envían gente para que “parchen” la tubería (¿y modifiquen el escenario?). No hay ninguna explicación en la comunidad. Petroperú se hace la víctima indicando que las comunidades no les dejan entrar. El Estado tendría que dar la cara, orientar, acompañar a la población, ayudar a dar los primeros pasos. Nada. Dejar a la deriva a la población más vulnerable nos deshumaniza a todos.

Repetimos como un mantra: que caiga todo el peso de la ley sobre los responsables, sean los que sean. La población local es la que sufre y hay que acompañar a los que sufren. Si Petroperú quiere hacer las cosas bien debería proporcionar información sobre el estado real del Oleoducto Nor-peruano a la población, con total transparencia. No hacerlo conlleva desprecio hacia la ciudadanía, como si no supiéramos comprender. Mientras no proporcionen esta información seguiremos pensando que el Oleoducto está obsoleto. Y debería haber vigilancia sobre el oleoducto que incluya a las comunidades. Pero urgente, antes del año 3000.


REGRESAMOS A SARAMURILLO

En estos momentos Saramurillo es mucho más que una comunidad kukama, es el espacio que varios pueblos indígenas eligieron para realizar su paro. Por tanto, estamos hablando de diversidad. Y es, precisamente, esta diversidad la que nos debe llevar a hacer propuestas diferenciadas basadas en la justicia. Diferenciadas implica, en este caso, que sean justas para cada pueblo indígena y le permita vivir con tranquilidad conforme a los criterios que ellos consideren adecuados. Sería pernicioso utilizar la diferencia por parte del Estado para dar lo menos posible a cada pueblo indígena. Esto faltaría al otro principio: la justicia. Sólo así se puede hacer un Perú pluricultural, mucho más allá de lo que dicen las leyes escritas (que no se cumplen). De ahí que nos permitan una nota desde el pueblo urarina.

El pueblo urarina habita el río Chambira, un afluente por la margen izquierda del curso bajo del río Marañón, en el distrito de Urarinas. Habitan en él entre 3500 y 5000 personas urarina. También existen unas 800 personas urarina en el río Urituyacu y un número indeterminado, para nosotros, en el río Corrientes. En el año 2001 la Defensoría del Pueblo presentó el Informe N° 47. Pueblo Urarina. Conciencia de grupo y principio precautorio. Por supuesto, fue papel mojado. El Estado no recogió las recomendaciones ni las implementó. Posteriormente comunidades urarina del río Corrientes han participado en varios paros. Y con las negociaciones del lote 192 hemos visto personas urarina del río Corrientes frente al Palacio de Justicia en Iquitos.

En este paro de Saramurillo también hay un grupo de personas urarina. Quisiéramos señalar que el río Chambira ha sido fuertemente impactado: tuberías petroleras que atraviesan su territorio, derrames varios y en proporciones considerables, aguas de formación de los pozos del lote 8 por décadas, entre otras lindezas. Nos parece importante dedicar unas líneas, dado que siempre permanecen en segundo plano. Y nos interesa particularmente tenerlos en cuenta, dado que para muchos pasan desapercibidos, pese a que las mujeres visten blusas con telas de color rojo muy vistoso.
Ya hace años que nos vienen llamando la atención tres aspectos que vamos a nombrar, aunque precisarían de mayor detenimiento, que no es posible aquí.

1.       Aumento de la brujería. Este año 2016 solicitaron a la iglesia católica apoyo legal para defender a una familia urarina. Se trataba de un asesinato por brujería entre familias urarina. No es el único caso del que tenemos conocimiento. El último antropólogo que les ha estudiado recientemente señalaba un aumento de la brujería en el pueblo urarina.

2.       Migración. A partir de 2010 hemos ido viendo distintos grupos urarina que habitaban algunos espacios en el Marañón, fuera de su lugar habitual (el río Chambira). Esto es importante porque el Marañón es inundable y los urarina no se caracterizan, precisamente, por habitar terrenos inundables. Un núcleo se situó varios tiempos en la parte alta de la comunidad de Rocafuerte, y otro grupo en un lugar intermedio entre Santa Rosa de Lagarto y San José de Parinari, un  punto que antiguamente se llamaba Valencia. Todas estas comunidades son parte del distrito de Parinari. De igual manera, también hace tiempo que había un grupo aguas abajo de la comunidad de Saramurillo.

3.       Conversión religiosa. A partir del nuevo milenio pastores fundamentalistas norteamericanos han visitado periódicamente el río Chambira. Aunque podemos calificar su éxito como pequeño no deja de ser interesante. No comprendemos la conversión religiosa como un cambio del sistema de creencias porque el tradicional no responde a las nuevas exigencias. Más bien nos apuntamos a pensar que la adquisición del cristianismo, en esta oportunidad en su versión protestante, se debe a un cambio de perspectiva: adquirir la perspectiva del otro, del extraño, del gringo.

Con qué propósito hemos señalado los tres puntos anteriores. En el trasfondo de esta nota está el tema petrolero. Estos aspectos, tanto la migración como la conversión religiosa, son un intento de escapar de la brujería. No siempre se consigue. Ya hemos señalado que, según el último antropólogo que ha realizado trabajo de campo entre ellos, se ha producido un aumento de la brujería. Lo cierto es que la potente contaminación existente en el territorio ancestral del pueblo urarina provoca, entre otras consecuencias, la consiguiente disminución de recursos naturales. Estos movimientos intentan dar respuesta a esta trágica experiencia de un territorio fuertemente impactado. Por tanto, es preciso que este diálogo de Saramurillo llegue a buen puerto. Está en juego la posibilidad de vivir como gente del pueblo urarina.

De nuevo recordamos la diversidad para comprender lo que sucede en Saramurillo. Hemos querido enfocar este paro desde una brevísima nota del pueblo urarina.


POST DATA: RELACIONES COMPLEJAS

No es tan sencillo saber quién es quién y cómo actúa. El escenario es móvil y se recompone continuamente. Los procesos indígenas son inconstantes, volátiles y ambiguos de por sí. Los que anden buscando una verdad eterna se perderán en este proceso. Mientras se desarrollaba el paro en Saramurillo las 4 federaciones de las “4 cuencas” estaban en Lima en diversas reuniones con el Estado. Las federaciones concentradas en Saramurillo dejaron claro que las “4 cuencas” son en realidad 4 federaciones, pero que hay más federaciones indígenas en dichas cuencas. Las fricciones entre unos y otros son evidentes.

Un actor principal es el gobierno central. A quién atiende, cómo lo hace, en qué condiciones, a quién elige de interlocutor, en qué lugar, bajo qué condiciones… son algunos interrogantes que deben ser tenidos en cuenta. Esta toma de postura ya ha ido generando nuevas respuestas en los actores, reconfigurando continuamente el paisaje. Nuestra opinión es que todas las organizaciones deben ser consultadas, pero el mismo planteamiento es problemático dado el habitual enfrentamiento de unos con otros. A no ser que todos consigan ponerse de acuerdo frente al Estado, que es otra posibilidad; no tan sencilla, por cierto.

Otro actor es el Gobierno Regional. El Presidente Regional estuvo en Saramurillo antes que la delegación del gobierno central y mientras las 4 federaciones de las “4 cuencas” estaban en Lima conversando con los órganos estatales correspondientes. Unas declaraciones del presidente regional tensaron las relaciones respecto a los concentrados en Saramurillo. Ahora vemos una reunión del presidente regional con las 4 federaciones de las “4 cuencas”. De nuevo se mueve el escenario. Los apetitos de poder, que son evidentes, no conducirán a buen puerto. ¿Jugarán algún rol los Municipios? Veremos.


Mayor complejidad imposible. Una visión simplista no nos llevará a ningún lugar. Es preferible una visión poliédrica, llena de aristas y de perspectivas. Los humanos apetitos de poder, que deben ser tenidos en cuenta en este proceso, no deberían nublarnos la vista y hacer perder la perspectiva para solucionar los problemas históricos que ha acarreado la actividad petrolera. Evitamos imaginar que va a ser un proceso recto, lineal, irénico. Más bien, avistamos un escenario polémico, complejo, ambiguo, pero lleno de oportunidades.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

lunes, 10 de octubre de 2016

PETRÓLEO, CONTAMINACIÓN, DINERO Y FIN DEL MUNDO: el desafío de Saramurillo

Iquitos, 10 de octubre de 2016

La onda expansiva de la guerra alcanza mucho más allá del campo de batalla. En el distrito de Parinari, a unos 100 Km. de Saramurillo, distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, una dirigente mujer es coaccionada para participar en el paro. Los rumores, que nunca son ingenuos ni inocentes, tratan de canalizar la opinión pública y es tal la coerción que es difícil sustraerse a ella. Sin embargo, otro grupo le presiona para que no participe. Los niveles de stress están disparados. De igual manera sucede también en el distrito de Urarinas. Pero no son los únicos. El resto de participantes de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Chambira están pendientes de Saramurillo. La tensión es máxima. El desenlace está por escribir. Los actores son múltiples y no hay soluciones precocinadas. Las buenas intenciones no siempre son buenas consejeras, por no recordar aquello que “el infierno está empedrado de buenas intenciones”.



© Barbara Fraser, octubre 2016, Saramurillo


DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

En estos momentos, Saramurillo no es únicamente un punto en el Marañón. En esta comunidad nativa kukama hay personas de todos los ríos afectados por la actividad petrolera. Para comprender los hechos hay que tener en cuenta varias cuestiones: algunos dirigentes han sido encarcelados por defender sus derechos, y fueron absueltos de los cargos que les imputaron; los territorios indígenas han sido fuertemente impactados; el Estado dejó la actividad petrolera en manos de las compañías y a éstas sólo les interesaba extraer petróleo, no les importaba la rabia que se iba incubando; las negociaciones por el lote 192 han sido insatisfactorias; ya no es suficiente que les “den cosas”, ahora exigen una actividad petrolera en otras condiciones; quieren ser interlocutores de igual a igual. No seamos ingenuos: las petroleras han influido poderosamente en las leyes peruanas y en que no se cumplan, se han sentido superiores al Estado peruano que ha pactado en los términos dictados por las petroleras.

La crisis de Saramurillo visualiza un gran fracaso de la política, comprendida ésta como el interés por “el bien común”. Los indígenas exigen una ley de monitoreo ambiental, algo absolutamente justo. Perú no tiene una ley de límites máximos permisibles de determinados metales pesados, lo cual permite a las petroleras campar a sus anchas. Si se privilegia los intereses de los grandes y no se legisla, el resto de performance que pueda realizar el Congreso no sirve para nada. De manera similar sucede con el Ejecutivo. El gobierno anterior priorizó la refinería de Talara, sin tener en cuenta el estado real del Oleoducto Nor-peruano. Hace poco se llegó a un acuerdo con Ecuador para que pueda utilizar dicho Oleoducto. Estas decisiones afectan extraordinariamente estos territorios indígenas por lo que supone de continuar con la actividad petrolera. Escuchamos a los indígenas que, en estas condiciones, no están dispuestos a que prosiga la extracción de petróleo. No se les ha preguntado. Es preciso definir qué significa “interés nacional”, cuando a los indígenas les queda metales pesados en la sangre (Corrientes, Cuninico…). Qué decir del poder judicial. 40 años de actividad petrolera y no hay sentencias firmes por esta actividad que, como todos sabemos, ha sido irresponsable. Los únicos que han pasado por la cárcel son los indígenas: caso Andoas.

Pero no echemos balones fuera. No hay discusión sobre el modelo energético. Estos temas nunca entran en las campañas políticas. Una ciudad como Iquitos está ajena a lo que sucede en Saramurillo. Sin embargo, la región Loreto depende del “canon petrolero”: esa anestesia que ha distorsionado, cuando no cegado, la mirada sobre lo que está sucediendo. La distribución de la riqueza es injusta. No se puede depender del canon, porque cuando cae la actividad petrolera tenemos una región ahogada económicamente. El dogma del canon y sobrecanon, que nos machaca el Estado, no corresponde al relato de la población. Más tarea para el Congreso: somos ciudadanos, no participantes en “los beneficios” de la actividad petrolera. Los municipios y el gobierno regional no saben lo que sucede, ni lo que está en juego. En fin, que no existe un verdadero interés por “el bien común”.

Es tiempo de conversar. No somos ingenuos, sabemos la dificultad que entraña. Palabras como “diálogo” están cargadas culturalmente, además de reflejar ‘asimetrías de poder’, si no se tienen en cuenta. El desafío que lanza Saramurillo es de tal envergadura que merece la pena ser tomado en cuenta. Una solución que implique desmovilización pero, no ataje los graves problemas existentes, se volverá en contra. Este movimiento es imparable, es mejor tomarlo en serio. Estudiarlo detenidamente, hacer propuestas que despejen las nebulosas todavía existentes, generar confianza y, sobre todo, tratar a los indígenas como ‘nuestros iguales’, con capacidad para negociar conforme a sus intereses.


LA IMPORTANCIA DEL DINERO

En todas las discusiones aparece agazapado el tema del dinero, así que es mejor abordarlo, aunque sea brevemente. El programa gubernamental Juntos lleva años repartiendo dinero en la zona. ¿Ha servido para algo? Nosotros creemos que sí, para una mayor intensidad en la penetración de mercancías. Ya desde antes, la actividad petrolera venía repartiendo dinero en determinados lugares como Trompeteros y Saramuro, fundamentalmente, pero no solo. El programa Juntos, aunque en cantidades pequeñas, lo ha distribuido a la mayoría de las comunidades. Lo cierto es que es difícil vivir en este mundo sin contar con dinero. La gasolina, los celulares y las televisiones, por citar algunos ejemplos, están regados por todas las comunidades. Maldecir o demonizar el dinero, aparte de no servir para nada, implica suspender la reflexión, algo a lo que no estamos dispuestos.

Es interesante seguir el uso del dinero que se lleva a cabo en la zona, aunque excede esta nota. Se compra un artefacto (frigorífico, DVD, equipo de sonido…) para disfrutarlo y como garantía contra las dificultades. Si se enferma mi hijo, puedo vender el artefacto y conseguir dinero efectivo que necesito para la medicina (occidental o vegetal). A nadie debe escapársele el atractivo que suponen los artefactos occidentales en pueblos indígenas, que después son utilizados al modo indígena. Quede este cabo suelto que algún momento habrá que retomar.

Prosigamos. De vez en cuando, escuchamos despectivamente que los nativos buscan dinero. Este tipo de comentarios traslucen, al menos, discriminación y romanticismo. Discriminación porque detrás está la idea de que los nativos no necesitan dinero. O que si tienen dinero no son realmente nativos. Esto no solo nos parece perjudicial sino deshonesto. Utilizan el dinero para seguir siendo nativos en este siglo XXI. Romanticismo, ya no son indígenas, antes sí que lo eran. Seguimos buscando al “buen salvaje”, no contaminado, no relacionado con el mundo actual. Esa entelequia no existe. Ya hace años que Said abordó el tema del “orientalismo” y la construcción de Oriente por los occidentales.


“CONTAMINACION Y FIN DEL MUNDO”

En el Marañón se ha ido introduciendo un nuevo término en los últimos 20 años: “contaminación”. Se usa frecuentemente, aunque el significado sea ‘difuso’. Los profesores lo han ido asociando a la basura; los activistas a la explotación petrolera, minera, basura… Lo cierto es que la misma palabra genera malestar. No se comprende muy bien lo que significa, pero el contexto sugiere que es algo peligroso, molesto, dañino.

Los kukama no tienen una palabra que defina esta nueva situación en su idioma. Suponemos que otros pueblos indígenas tampoco tienen concepto, como mucho la habrán incorporado como préstamo. Para pueblos indígenas se da una estrecha relación entre comportamiento y cosmología. Cuando hay demasiado mal en el mundo, excesivo ruido y faltan los recursos naturales el desenlace no es el cambio climático o el deterioro ambiental, sino que se “voltea el mundo”: surgen las ideas milenaristas y lo que los occidentales llamamos “fin del mundo” que, en realidad, no es fin del mundo. Para el caso kukama, lo que sucede es que el mundo “se voltea”: los que habitamos en la tierra pasamos a vivir debajo del agua y los yacuruna -karuara-, que moran dentro del agua, pasan a habitar en la tierra y comienza un nuevo ciclo. No es un fin del mundo, sino una transformación y regeneración del mismo.


LAS TORPEZAS DEL ESTADO

Hay municipios en la zona. Pero los municipios son instancias administrativas que no cumplen su rol político de buscar el bien común. Son manipulados por “asesores” de la ciudad que terminan tirándose la plata en cuestiones banales. Tanto es así que desconocen el tema, aunque se plieguen a última hora, pero continúan sin saber de qué se trata.

Hay escuelas y profesores. Pese a que ahora los profesores ya están titulados no ha mejorado lo suficiente la educación. El ausentismo laboral es alto. La interculturalidad no aterriza en las aulas y se necesitaría una mayor inversión en el sector. Por poner un ejemplo: los profesores señalan que la contaminación se debe únicamente a la basura.

Centros y postas de salud. Existen varios. Pero el personal que trabaja en estos espacios desconoce lo más mínimo de pueblos indígenas. Se quedan perplejos cuando una persona acude por un dolor de cabeza originado por utilizar la ropa de otra persona. No tienen herramientas para comprender que la ropa de otra persona enajena a quien no es su dueño.

Jueces letrados. Llegan a la zona e intervienen desconociendo las costumbres locales. Son, además, utilizados para hostilizar a los enemigos. Es una manera nueva de manejar la brujería. Y los jueces, que desconocen estas dinámicas, permanecen ajenos al lugar, con ganas de salir cuanto antes a la ciudad.

En otras palabras: los profesionales que salen de nuestras universidades tienen únicamente una visión occidental que no les sirve para cuando trabajan en pueblos indígenas. Desconocen lo más mínimo y, en lugar de ayudar, generan dificultades. Es urgente que los profesionales que salen de nuestras universidades tengan una visión intercultural. Es conveniente que los funcionarios estatales, de todos los estamentos, comprendan lo que sucede y tengan una visión positiva de pueblos indígenas que nos permita comprendernos entre todos.


PRESIÓN SOBRE EL ESTADO

Es hora de ir concluyendo. ¿Por qué se dirige ahora la presión sobre el Estado? Cuando las compañías petroleras estaban en una mayor actividad, el Estado –irresponsablemente- se desentendió de las comunidades. Y si las petroleras querían trabajar, tenían que realizar “concesiones” a las comunidades. A las petroleras les daba igual lo que solicitaran las comunidades, se lo entregaban. Su pretensión era continuar trabajando. En los últimos años, el Estado ha ido apareciendo tímidamente. Con la caída del precio del petróleo y la disminución de la actividad petrolera se recrudecen las quejas hacia el Estado. Y el Estado, que ha permanecido dormido todos estos años, no sabe qué hacer ni cómo resolver la situación. ¡Lamentable! Si hubieran cobrado más impuestos a las petroleras, cuidado el medio ambiente, exigido una remediación efectiva y siendo estrictos con las normas, ahora tendrían herramientas para manejar un conflicto que se va a ir agudizando. Si el Estado continúa, con su incapacidad de comprender la situación, las consecuencias serán imprevisibles. Estamos ante un desafío mayúsculo, necesitamos estar a la altura de las circunstancias. Y los pueblos indígenas terminarán ganando el desafío. Confiamos que no haya muertes de por medio y evitar todo sufrimiento innecesario por retardar una solución del todo justa. No debemos tener miedo a la verdad, una verdad que sea fruto de la justicia. Una Comisión de la Verdad para los más de 40 años de actividad petrolera es del todo justa y necesaria.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas