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martes, 6 de agosto de 2019

REALIDAD, MULTIPLICIDAD Y REPRESENTACION: un aprendizaje con ‘Huaynakana Kamatahuarakana’ (mujeres trabajadoras).

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada - Iquitos

Conocimos a las mujeres de ‘Huaynakana Kamatahuarakana’, una organización indígena de mujeres kukama, hace más de dos décadas. Desde entonces nos hemos encontrado con ellas en múltiples ocasiones: en talleres de diversos tipos, en sus comunidades, en eventos públicos, en viajes por el curso bajo del río Marañón… Siempre nos han tratado con mucha cordialidad y nos han tenido mucha paciencia. Con ellas hemos aprendido muchas cosas y nos han enseñado conocimientos que de otra forma nos hubiéramos perdido. Por eso, sólo tenemos agradecimiento para ellas.

© Manolo Berjón, 2009

Comenzamos con una brevísima referencia al nombre elegido: ‘huaynakana’ (mujeres) ‘kamatahuarakana’ (‘kamata’: trabajar; ‘-wara’: nominalizador, donde el sujeto realiza la acción habitualmente; ‘kana’: plural). ‘Kamata’: trabajar, proviene de ‘kama’, seno y ‘-ta’, causativo; introduce un causante para que el evento tenga lugar. Es esta vinculación con el seno el que está inserto también en el término ‘kukama’: ‘ku’, chacra; ‘kama’, seno. El kukama vendría a ser quien es amamantado por la chacra. Todo va indicando que el cuidado de las plantas de la chacra que realizan las mujeres es ‘trabajo’. Las mujeres consideran a las plantas de su chacra como niños: les cuidan, les cantan para que crezcan, les dan cariño… En eso consiste el trabajo. En cambio, las actividades de los varones no están asociadas al trabajo, poseen otras referencias: ‘ts+ki’, jalar, extraer, inhalar, respirar, pescar con anzuelo; ‘tiniari’, pescar con barbasco; literalmente ‘tini’, blanco; ‘-ari’, aspecto progresivo y/o localización difusa; vendría a significar ‘blanquear’; ‘yarari’, pescar con canasto; ‘ipurakari’, cazar. Si en la sociedad occidental tradicional el trabajo conllevaba el rol de proveedor; en el caso kukama, las mujeres también son proveedoras, tal como estamos indicando. Volveremos al final sobre este asunto.

Hace un par de días nos formularon la siguiente pregunta: ¿por qué son importantes las mujeres de ‘Huaynakana Kamatahuarakana’?Fue una pregunta inesperada, así que nos hemos tomado estos días para poder responder. Nos parece que hay tres razones fundamentales: nos han ayudado a definir la realidad (ontología), nos convocan a pensar la multiplicidad y nos invitan a repensar el espacio de la representación. Brevemente diremos algo sobre estos tres aspectos, como parte de nuestra memoria agradecida.

Con las mujeres de ‘Huaynakana Kamatahuarakana’, y con otras personas y organizaciones, aprendimos que percibimos la realidad de forma distinta. Pensemos, por ejemplo, en el río. Desde el punto de vista occidental, y simplificando un tanto, el río es una corriente de agua. Sin embargo, estas mujeres ampliaron nuestra mirada y nos hicieron entender que el río es más que una corriente de agua. Para los kukama,el caudal es mantenido por la boa que habita en el fondo del río. De tal forma que el ruido, la contaminación y el mal comportamiento de la gente hace que la boa se retire y, con el retiro de la boa, se seca el río. La boa no es una creencia, como en ocasiones tendemos a pensar los occidentales haciendo gala de nuestra multiculturalidad. El problema de esta tendencia es que las creencias son todas respetables mientras no cuestionen el modelo occidental de pensar la realidad. Pero si lo llega a cuestionar, entonces la creencia debe pasar al ámbito privado.

Sin embargo, que la boa mantiene el río no es una creencia, sino que ‘es’ la realidad. Y es de la constitución de la realidad que debemos hablar. En breve: mientras para los occidentales la realidad está formada de materia que se descompone en átomos…, para los kukama la realidad es la boa que mantiene el agua del río. Ya no es una creencia que pertenece al ámbito privado sino que hay dos formas diferentes de percibir la realidad. Esto conlleva que la conversación adquiere otro nivel de complejidad. Esta forma de pensar la realidad es lo que podemos denominar como “ontología”. El estiaje que se produjo el 2010 nos da la oportunidad de explicarlo. Previamente al mismo se había producido un derrame de petróleo en el bajo Marañón. Para los kukama era evidente que la boa se estaba retirando por el derrame. Por eso se produjo la merma del río. No era una creencia, era una evidencia, era la realidad, y así lo percibían.

No obstante, podemos encontrar algún punto de convergencia entre ambas formas de percibir la realidad. La manera indígena de definirla ha mantenido y conservado el ecosistema por miles de años. Los occidentales ahora somos más conscientes que el cambio climático también nos obliga a cuidar el medio ambiente. Esta sería una forma de entablar una conversación y conjurar el solipsismo.

En segundo lugar, habíamos señalado el tema de la multiplicidad. El ojo y oído occidentales están marcados por la unidad. Las proporciones y el orden parten de la unidad [de medida]. Sin embargo, cualquier persona que ha vivido con pueblos indígenas ha comprobado en sus carnes que la unidad no es ningún ideal y que más bien la práctica señala la multiplicidad. Pues bien, el Estado, en su concreción actual, mide su actuación por medio de la unidad. Necesita un interlocutor, huye de la multiplicidad. Nos parece que esta es una mirada que busca réditos a corto plazo. Sin embargo, a medio y largo plazo es mucho más sostenible lidiar con la multiplicidad. Cuantos más actores involucrados en la conversación más probabilidad existe de que los acuerdos sean duraderos y mayor socialización del proceso. El grado de complejidad es mayor y exige dedicar más tiempo. El esfuerzo también es mayor, pero el resultado tiene visos de ser mucho más respetado. El problema es que los gobiernos de turno, y las ONGs, suelen pensar a corto plazo y buscan una rentabilidad lo más próxima posible.

También se produce un cortocircuito con la idea de pueblo. Los occidentales tendemos a percibirlo desde la unidad. Por tanto, buscamos “un” interlocutor. Sin embargo, las jefaturas indígenas son múltiples por definición. A poco que hayamos convivido con pueblos indígenas percibimos la diversidad y multiplicidad de liderazgos. La multiplicidad de voces al interior del mismo pueblo indígena es simplemente una constatación diaria. Zanjar el tema invocando que estamos conversando con el “uno”, no deja de ser una imposición occidental. Por tanto, abogamos por pensar y actuar desde la multiplicidad como un elemento netamente indígena.

Y el tercer aspecto que nos habíamos marcado es la representación.Esta es una idea cuestionada tanto en occidente como en pueblos indígenas. Señalar que tradicionalmente las mujeres no hacían política y, por tanto, así debe continuar siendo, nos parece un burdo argumento. No solo las mujeres cuestionaban a sus compañeros en el ámbito más doméstico y moldeaban las opiniones desde la casa.También la presencia del Estado ha modificado la política como ámbito del bien común. Se ha ampliado la esfera de intervención. Pero, sobre todo, implica no tener en cuenta que se han ido modificando los roles conforme ha ido penetrando el dinero en las comunidades y son las mujeres quienes han llevado la peor parte.

Tradicionalmente se ofrecía masato al visitante. Era una oportunidad de reconocer el trabajo de las mujeres en la elaboración del mismo. Con la necesidad de contar con dinero para tener un celular, ropa o cualquier otra necesidad, la producción de la agricultura, pesca y recolección se han ido enfocando al mercado incipiente. Es precisamente esta entrada del dinero la que ha llevado a una modificación de un tiempo más relacional a uno más productivo. De igual manera, ahora ya no te ofrecen masato sino gaseosa. Se puede comprar con el dinero que gana,fundamentalmente,el varón.Por tanto, el trabajo de la mujer ya no es necesario. Esto ha generado una invisibilización de las mismas. Es fácil de comprobar, por lo dicho arriba sobre el trabajo, que hay un desplazamiento de género importante. En otras palabras, aplicar el concepto occidental de trabajo al pueblo kukama es una colonización más.

Si esto es como estamos describiendo, es totalmente urgente y necesario que se tenga en cuenta el papel de las mujeres. En tal sentido, nos parece que el aporte de ‘Huaynakana Kamatahuarakana’ es del todo ineludible y pertinente. Convocar únicamente a los varones para las conversaciones con el Estado, además de mutilar a la mitad de la población, implica desconocer el trabajo de las mujeres. El ocultamiento de las mismas indica un tipo de trabajo despersonalizado donde lo fundamental es la ganancia económica, dejando fuera del ámbito del trabajo el aspecto relacional y de cuidado implícito en el término ‘kamatahuarakana’ (trabajadoras). Este aspecto tiene consecuencias no sólo económicas, sino también políticas. Si las mujeres forman parte de la producción a través del trabajo, ‘kamata’, entonces las conversaciones con el Estado tendentes a la reparación, restauración… del medio ambiente implican también elementos de cuidado. Cuidado que va implícito en el término ‘kamatawarakana’, propio de las mujeres kukama. Una razón más para tenerlas en cuenta.

Dejarlas fuera de la conversación, por ser mujeres, es un planteamiento intolerable en este siglo XXI. Deslizar que las mujeres dividen a los pueblos indígenas implica el desconocimiento de la multiplicidad anteriormente expuesto y arrogarse una representación varonil que confina a las mujeres a un rol secundario, una imposición del patriarcalismo más basto.Exhortamos al Estado y a las ONGs, por tanto, a tener en cuenta las demandas de las mujeres.

Concluimos con el agradecimiento debido a las mujeres de ‘Huaynakana Kamatahuarakana’ y nuestro reconocimiento a la labor que han venido desarrollando por décadas.

viernes, 9 de diciembre de 2016

MAISANGARA / MAITSANKARA

Iquitos, 9 de diciembre de 2016

La tradición indica que los varones en torno a los 17-20 años ya tenían mujer. Para entonces eran expertos pescadores y podían “mantener a su familia”. Eran independientes y desarrollaban el trabajo de la casa, aunque obedecían a su padre, que les orientaba y les transmitía la sabiduría necesaria en la vida. Para entonces ya eran unos experimentados “guerreros”. Eran capaces de superar los miedos y de enfrentarse a ellos. Los miedos eran “más objetivables”, se les podía poner rostro. Cuando se puede identificar el miedo es más fácil de poderlo combatir.

© Radio Ucamara

Ha pasado el tiempo, el miedo persiste porque es consustancial al ser humano y a la sociedad. Pero ha mutado, es más difuso, no es tan sencillo ponerle rostro, ni nombre. Lo que no se puede nombrar, lo innombrable, es más difícil de manejar. Y lo que no se puede manejar nos termina por paralizar, sin reacción posible. Por eso es tan importante ponerle nombre y rostro, individualizarle, para poderlo combatir. En nuestra opinión, este es uno de los varios aciertos que posee este videoclip.

Las relaciones de género en pueblos indígenas no es lo que parece. Tradicionalmente estaban repartidos los roles y se daba una complementariedad no exenta de tensiones, como la vida misma. Eso se ha ido modificando. Las mujeres se han ido quedando relegadas y se ha ido afianzando un machismo torpe. Entre otras cosas porque el “dinero” es algo que, en general, consiguen los varones. Prosigamos.

Las mujeres no tienen un rol pasivo. Ellas son las primeras que padecen las consecuencias. Tienen que enfrentar la escasez. No es justo lo que está pasando. Son grandes narradoras. En el video se escucha decir: “la garza sólo tiene barro en el pico, hasta ha cambiado de color. Ya no más, maisangara”. La garza, en el pueblo kukama, es un “gran pescador”, como los varones. El encontrar únicamente barro en el pico distorsiona las relaciones de género en el pueblo kukama, además de la economía, la política, la migración...

Nuestros viejos oídos ya no están para tanto “ruido”. Los muchachos del kumbarikira han crecido. Hacen arte en medio de una situación compleja y consiguen una canción bien estructurada y con un mensaje sencillo y directo. Las imágenes son bellas y la secuencia de las mismas está bien organizada. El videoclip refleja perfectamente algunos de los miedos. El plantarles cara es la posibilidad de superarlos.

Hay una querencia de los pueblos indígenas por la fuerza que se refleja en este tipo de músicas. Los Pewmayen y los Kutre Ñuke mapuche, los Lumaltok en tsotsil, o los Arandu Arakuaa brasileños cantando en tupí antiguo, son unos pocos ejemplos de músicos jóvenes indígenas abriendo caminos nuevos. Bienvenido sea maisangara, bienvenido el poner nombre a los miedos, bienvenida la oportunidad de buscar en el arte una expresión que permita difundir mensajes y combatir el miedo. Felicitaciones a todo el equipo que lo ha hecho posible. Aunque nuestros viejos oídos ya no estén acostumbrados a estos ritmos, bienvenida la sangre fresca de la juventud.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

lunes, 10 de octubre de 2016

PETRÓLEO, CONTAMINACIÓN, DINERO Y FIN DEL MUNDO: el desafío de Saramurillo

Iquitos, 10 de octubre de 2016

La onda expansiva de la guerra alcanza mucho más allá del campo de batalla. En el distrito de Parinari, a unos 100 Km. de Saramurillo, distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, una dirigente mujer es coaccionada para participar en el paro. Los rumores, que nunca son ingenuos ni inocentes, tratan de canalizar la opinión pública y es tal la coerción que es difícil sustraerse a ella. Sin embargo, otro grupo le presiona para que no participe. Los niveles de stress están disparados. De igual manera sucede también en el distrito de Urarinas. Pero no son los únicos. El resto de participantes de los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y Chambira están pendientes de Saramurillo. La tensión es máxima. El desenlace está por escribir. Los actores son múltiples y no hay soluciones precocinadas. Las buenas intenciones no siempre son buenas consejeras, por no recordar aquello que “el infierno está empedrado de buenas intenciones”.



© Barbara Fraser, octubre 2016, Saramurillo


DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

En estos momentos, Saramurillo no es únicamente un punto en el Marañón. En esta comunidad nativa kukama hay personas de todos los ríos afectados por la actividad petrolera. Para comprender los hechos hay que tener en cuenta varias cuestiones: algunos dirigentes han sido encarcelados por defender sus derechos, y fueron absueltos de los cargos que les imputaron; los territorios indígenas han sido fuertemente impactados; el Estado dejó la actividad petrolera en manos de las compañías y a éstas sólo les interesaba extraer petróleo, no les importaba la rabia que se iba incubando; las negociaciones por el lote 192 han sido insatisfactorias; ya no es suficiente que les “den cosas”, ahora exigen una actividad petrolera en otras condiciones; quieren ser interlocutores de igual a igual. No seamos ingenuos: las petroleras han influido poderosamente en las leyes peruanas y en que no se cumplan, se han sentido superiores al Estado peruano que ha pactado en los términos dictados por las petroleras.

La crisis de Saramurillo visualiza un gran fracaso de la política, comprendida ésta como el interés por “el bien común”. Los indígenas exigen una ley de monitoreo ambiental, algo absolutamente justo. Perú no tiene una ley de límites máximos permisibles de determinados metales pesados, lo cual permite a las petroleras campar a sus anchas. Si se privilegia los intereses de los grandes y no se legisla, el resto de performance que pueda realizar el Congreso no sirve para nada. De manera similar sucede con el Ejecutivo. El gobierno anterior priorizó la refinería de Talara, sin tener en cuenta el estado real del Oleoducto Nor-peruano. Hace poco se llegó a un acuerdo con Ecuador para que pueda utilizar dicho Oleoducto. Estas decisiones afectan extraordinariamente estos territorios indígenas por lo que supone de continuar con la actividad petrolera. Escuchamos a los indígenas que, en estas condiciones, no están dispuestos a que prosiga la extracción de petróleo. No se les ha preguntado. Es preciso definir qué significa “interés nacional”, cuando a los indígenas les queda metales pesados en la sangre (Corrientes, Cuninico…). Qué decir del poder judicial. 40 años de actividad petrolera y no hay sentencias firmes por esta actividad que, como todos sabemos, ha sido irresponsable. Los únicos que han pasado por la cárcel son los indígenas: caso Andoas.

Pero no echemos balones fuera. No hay discusión sobre el modelo energético. Estos temas nunca entran en las campañas políticas. Una ciudad como Iquitos está ajena a lo que sucede en Saramurillo. Sin embargo, la región Loreto depende del “canon petrolero”: esa anestesia que ha distorsionado, cuando no cegado, la mirada sobre lo que está sucediendo. La distribución de la riqueza es injusta. No se puede depender del canon, porque cuando cae la actividad petrolera tenemos una región ahogada económicamente. El dogma del canon y sobrecanon, que nos machaca el Estado, no corresponde al relato de la población. Más tarea para el Congreso: somos ciudadanos, no participantes en “los beneficios” de la actividad petrolera. Los municipios y el gobierno regional no saben lo que sucede, ni lo que está en juego. En fin, que no existe un verdadero interés por “el bien común”.

Es tiempo de conversar. No somos ingenuos, sabemos la dificultad que entraña. Palabras como “diálogo” están cargadas culturalmente, además de reflejar ‘asimetrías de poder’, si no se tienen en cuenta. El desafío que lanza Saramurillo es de tal envergadura que merece la pena ser tomado en cuenta. Una solución que implique desmovilización pero, no ataje los graves problemas existentes, se volverá en contra. Este movimiento es imparable, es mejor tomarlo en serio. Estudiarlo detenidamente, hacer propuestas que despejen las nebulosas todavía existentes, generar confianza y, sobre todo, tratar a los indígenas como ‘nuestros iguales’, con capacidad para negociar conforme a sus intereses.


LA IMPORTANCIA DEL DINERO

En todas las discusiones aparece agazapado el tema del dinero, así que es mejor abordarlo, aunque sea brevemente. El programa gubernamental Juntos lleva años repartiendo dinero en la zona. ¿Ha servido para algo? Nosotros creemos que sí, para una mayor intensidad en la penetración de mercancías. Ya desde antes, la actividad petrolera venía repartiendo dinero en determinados lugares como Trompeteros y Saramuro, fundamentalmente, pero no solo. El programa Juntos, aunque en cantidades pequeñas, lo ha distribuido a la mayoría de las comunidades. Lo cierto es que es difícil vivir en este mundo sin contar con dinero. La gasolina, los celulares y las televisiones, por citar algunos ejemplos, están regados por todas las comunidades. Maldecir o demonizar el dinero, aparte de no servir para nada, implica suspender la reflexión, algo a lo que no estamos dispuestos.

Es interesante seguir el uso del dinero que se lleva a cabo en la zona, aunque excede esta nota. Se compra un artefacto (frigorífico, DVD, equipo de sonido…) para disfrutarlo y como garantía contra las dificultades. Si se enferma mi hijo, puedo vender el artefacto y conseguir dinero efectivo que necesito para la medicina (occidental o vegetal). A nadie debe escapársele el atractivo que suponen los artefactos occidentales en pueblos indígenas, que después son utilizados al modo indígena. Quede este cabo suelto que algún momento habrá que retomar.

Prosigamos. De vez en cuando, escuchamos despectivamente que los nativos buscan dinero. Este tipo de comentarios traslucen, al menos, discriminación y romanticismo. Discriminación porque detrás está la idea de que los nativos no necesitan dinero. O que si tienen dinero no son realmente nativos. Esto no solo nos parece perjudicial sino deshonesto. Utilizan el dinero para seguir siendo nativos en este siglo XXI. Romanticismo, ya no son indígenas, antes sí que lo eran. Seguimos buscando al “buen salvaje”, no contaminado, no relacionado con el mundo actual. Esa entelequia no existe. Ya hace años que Said abordó el tema del “orientalismo” y la construcción de Oriente por los occidentales.


“CONTAMINACION Y FIN DEL MUNDO”

En el Marañón se ha ido introduciendo un nuevo término en los últimos 20 años: “contaminación”. Se usa frecuentemente, aunque el significado sea ‘difuso’. Los profesores lo han ido asociando a la basura; los activistas a la explotación petrolera, minera, basura… Lo cierto es que la misma palabra genera malestar. No se comprende muy bien lo que significa, pero el contexto sugiere que es algo peligroso, molesto, dañino.

Los kukama no tienen una palabra que defina esta nueva situación en su idioma. Suponemos que otros pueblos indígenas tampoco tienen concepto, como mucho la habrán incorporado como préstamo. Para pueblos indígenas se da una estrecha relación entre comportamiento y cosmología. Cuando hay demasiado mal en el mundo, excesivo ruido y faltan los recursos naturales el desenlace no es el cambio climático o el deterioro ambiental, sino que se “voltea el mundo”: surgen las ideas milenaristas y lo que los occidentales llamamos “fin del mundo” que, en realidad, no es fin del mundo. Para el caso kukama, lo que sucede es que el mundo “se voltea”: los que habitamos en la tierra pasamos a vivir debajo del agua y los yacuruna -karuara-, que moran dentro del agua, pasan a habitar en la tierra y comienza un nuevo ciclo. No es un fin del mundo, sino una transformación y regeneración del mismo.


LAS TORPEZAS DEL ESTADO

Hay municipios en la zona. Pero los municipios son instancias administrativas que no cumplen su rol político de buscar el bien común. Son manipulados por “asesores” de la ciudad que terminan tirándose la plata en cuestiones banales. Tanto es así que desconocen el tema, aunque se plieguen a última hora, pero continúan sin saber de qué se trata.

Hay escuelas y profesores. Pese a que ahora los profesores ya están titulados no ha mejorado lo suficiente la educación. El ausentismo laboral es alto. La interculturalidad no aterriza en las aulas y se necesitaría una mayor inversión en el sector. Por poner un ejemplo: los profesores señalan que la contaminación se debe únicamente a la basura.

Centros y postas de salud. Existen varios. Pero el personal que trabaja en estos espacios desconoce lo más mínimo de pueblos indígenas. Se quedan perplejos cuando una persona acude por un dolor de cabeza originado por utilizar la ropa de otra persona. No tienen herramientas para comprender que la ropa de otra persona enajena a quien no es su dueño.

Jueces letrados. Llegan a la zona e intervienen desconociendo las costumbres locales. Son, además, utilizados para hostilizar a los enemigos. Es una manera nueva de manejar la brujería. Y los jueces, que desconocen estas dinámicas, permanecen ajenos al lugar, con ganas de salir cuanto antes a la ciudad.

En otras palabras: los profesionales que salen de nuestras universidades tienen únicamente una visión occidental que no les sirve para cuando trabajan en pueblos indígenas. Desconocen lo más mínimo y, en lugar de ayudar, generan dificultades. Es urgente que los profesionales que salen de nuestras universidades tengan una visión intercultural. Es conveniente que los funcionarios estatales, de todos los estamentos, comprendan lo que sucede y tengan una visión positiva de pueblos indígenas que nos permita comprendernos entre todos.


PRESIÓN SOBRE EL ESTADO

Es hora de ir concluyendo. ¿Por qué se dirige ahora la presión sobre el Estado? Cuando las compañías petroleras estaban en una mayor actividad, el Estado –irresponsablemente- se desentendió de las comunidades. Y si las petroleras querían trabajar, tenían que realizar “concesiones” a las comunidades. A las petroleras les daba igual lo que solicitaran las comunidades, se lo entregaban. Su pretensión era continuar trabajando. En los últimos años, el Estado ha ido apareciendo tímidamente. Con la caída del precio del petróleo y la disminución de la actividad petrolera se recrudecen las quejas hacia el Estado. Y el Estado, que ha permanecido dormido todos estos años, no sabe qué hacer ni cómo resolver la situación. ¡Lamentable! Si hubieran cobrado más impuestos a las petroleras, cuidado el medio ambiente, exigido una remediación efectiva y siendo estrictos con las normas, ahora tendrían herramientas para manejar un conflicto que se va a ir agudizando. Si el Estado continúa, con su incapacidad de comprender la situación, las consecuencias serán imprevisibles. Estamos ante un desafío mayúsculo, necesitamos estar a la altura de las circunstancias. Y los pueblos indígenas terminarán ganando el desafío. Confiamos que no haya muertes de por medio y evitar todo sufrimiento innecesario por retardar una solución del todo justa. No debemos tener miedo a la verdad, una verdad que sea fruto de la justicia. Una Comisión de la Verdad para los más de 40 años de actividad petrolera es del todo justa y necesaria.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

sábado, 8 de octubre de 2016

SOBRE LA AYUDA HUMANITARIA EN EL BAJO MARAÑÓN: diez puntos para actuar rápidamente y pensar despacio

Iquitos, 8 de octubre de 2016

Después de un derrame, como los sufridos en las comunidades nativas de Monterrico y Nueva Alianza, en el distrito de Urarinas, provincia y departamento de Loreto, en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, en setiembre 2016, es necesario proporcionar agua, sobre todo agua, pero también alimentos y medicinas. Ahora bien,  es preciso intervenir rápido y realizar una reflexión más en profundidad. Cuando se entregó ayuda humanitaria, como en Cuninico, sólo se ha repartido para calmar los ánimos y disminuir la protesta. Esto nos parece un error, porque no tiene en cuenta las percepciones locales. Por lo tanto, hay una dirección de ida, pero no de ida y vuelta: una alimentación, medicina… culturalmente occidental, no intercultural.


Desidia es la palabra que utilizamos para indicar que a pesar de haber pasado más de un mes del derrame en Nueva Alianza, no han recibido ni una gota de agua. De igual modo Monterrico. Este despropósito sólo aumenta los niveles de rabia, esa que después les da miedo a los mandatarios. Sólo se nos ocurren un par de explicaciones a esta inacción: por un lado, discriminación: no nos conmueve el dolor de los otros, menos cuando son indígenas; por otro lado, si no sale en los medios de comunicación, no existen.


11.       La ayuda humanitaria debe ser insertada en un relato más amplio. No es un concierto de rock tipo “Aid for Africa”, que sólo sirve para que las estrellas brillen, pero no para solucionar la crisis humanitaria. Es preciso un relato más amplio que se sostenga en el tiempo y que nos lleve a pensar en una ciudadanía consciente. No olvidemos que en demasiadas oportunidades termina por convertirse en un “don que hiere”.

2.       La ayuda humanitaria tiene un tiempo determinado. Ahora necesitan agua, alimentos, medicinas… Hay que pensar en la post-ayuda. De ahí la importancia de un relato más amplio. Pasada la emergencia continúan necesitando agua potable, algo de lo que carecen la amplia mayoría de las comunidades. Recordamos de pasada que uno de los índices para medir los niveles de pobreza es el acceso al agua potable.

3.       Es preciso abordar bien los temas. El agua está matizada culturalmente. Desde la escuela nos dicen que el agua es incolora, inodora e insípida. Pero los kukama consideran que el agua debe tener sabor (a agua, que los occidentales podemos identificar cuando tomamos agua en estas comunidades con una mezcla de sabor entre barro y río), algo de color (tirando a marrón si proviene del Marañón o a oscuro si es de quebrada) y algo de olor (a río o quebrada).

4.       Los alimentos tampoco son ingenuos. Detrás está el cambio alimentario. Son las madres las que introducen los sabores a sus hijos. Y los sabores nuevos siempre son difíciles de digerir. Hay que tenerlo en cuenta. Es necesario conocer lo que se entiende por “comida”, “comida verdadera” en las  comunidades. Por ejemplo, el atún se puede comer un día, pero una dieta sostenida en el atún no es “comida verdadera”. De ahí a que se rechace, va un paso. Y es posible que termine malvendiéndose en alguno de los mercados urbanos. Pero también es necesario anotar que los niveles de mercurio en atún es alto.

5. La comida vehicula afectos. Cuando las madres de familia alimentan a sus hijos no los nutren únicamente, sino que está incluido en una suerte de cuidado que establece lazos muy fuertes. Por tanto, es preciso que cada madre cocine para sus hijos. (Ya podemos percibir el daño que causa Qali Warma).

6.       Surgen nuevas consecuencias indeseadas: la basura. Enlatados, botellas, plásticos… que llegan a las comunidades y no hay lugar donde depositarla. Es un problema gravísimo en selva baja donde ni siquiera la ciudad de Iquitos tiene un relleno sanitario en condiciones de ley. ¡Una vergüenza!

7.    No puede haber ayuda humanitaria sin atención en salud. Sarpullidos, diarreas… y las enfermedades propias de estos casos deben ser atendidas con rapidez. Pero no es suficiente. La salud no es únicamente ausencia de enfermedad. Se precisa atención especializada. El Centro de Salud más cercano a Monterrico y Nueva Alianza dista 3 ó 4 horas de bajada y 5 ó 6 de surcada. Ningún doctor les visita: ni semanal ni mensual, ni semestralmente.

8.      Un derrame de crudo supone un impacto gravísimo a la humanidad de estas comunidades: es impactado su medio ambiente, su pesca como modo de vida, su cosmología, sus relaciones sociales con la cantidad de gente extraña que llega a la comunidad, aumentan los niveles de stress… Por tanto, es preciso información de calidad, acompañamiento en salud mental. Añadimos una atención a los niños y niñas que sufren viendo a sus padres preocupados y no comprenden lo que está pasando. Salud mental intercultural, ¡por si acaso!

.9.       Es impensable que se esté de acuerdo en distribuir la ayuda humanitaria y no haya datos oficiales de las comunidades: cuántas comunidades hay, dónde están situadas, cómo se llega a ellas, cuánta población diferenciada por edades y sexo tienen, situación cultural… Es impensable. Esto sólo refleja una desatención y desmembración del Estado brutal. Y una falta de interés político en la ayuda humanitaria, aunque nadie en su sano juicio se atreva a cuestionar. Es más fácil, para el Perú, enviar algún avión de ayuda humanitaria a cualquier lugar del mundo que precise de ayuda humanitaria, que atender la crisis humanitaria de las poblaciones afectadas por la actividad petrolera.

110.   Regresamos al relato. En nuestra opinión no se trata de ofrecer ayuda humanitaria y olvidarse. Al contrario, debe servir para trabajar por una ciudadanía consciente. De no ser así, será contraproducente.
En junio 2014, sucedió el derrame de petróleo en Cuninico. En aquella oportunidad se distribuyeron agua y alimentos. La gente interiorizó que el agua de la quebrada y del río está contaminada y no se puede tomar.  ¿Y al concluir la ayuda? Continúan tomando agua del río, pero ahora con la percepción de que está contaminada. Una ayuda humanitaria puntual, sin estar insertada en un relato más amplio, no crea ciudadanía y hace daño.

Nueva Alianza y Monterrico han tenido un derrame en setiembre 2016, todavía no han recibido ayuda humanitaria. Pero han interiorizado, a partir de Cuninico, que cuando sucede un desastre de este tipo hay que recibir agua y alimentos, que no llegan. Los niveles de stress se disparan. La compañía, la confianza, la cercanía de las autoridades pudieran hacer mucho más llevadera esta crisis humanitaria. En esto nos jugamos el sentido de lo humano y el concepto de comunidad, si es que significa algo todavía.

Sigamos la ruta de abajo hacia arriba, con las comunidades intermedias: San Pedro (derrame en noviembre 2014), Cuninico (derrame en junio 2014), Urarinas, Nueva Santa Rosa de Urarinas, Nueva Alianza (derrame en setiembre 2016) y Monterrico (derrame en setiembre 2016). Como podemos ver, Urarinas y Nueva Santa Rosa están en medio de los derrames. ¿Y las comunidades que están en la otra orilla del Marañón como San Antonio, San Francisco y las demás?

Terminamos sugiriendo que tiene que haber una “ayuda humanitaria diferenciada” por comunidad. Todos han sido impactados, pero no todos en la misma medida. De ahí lo de “diferenciada”. Y proponemos, para concluir, que el distrito de Urarinas, desde Saramurillo - San José de Saramuro aguas arriba, debería ser declarado en emergencia ambiental y social.

Pudiera dar la sensación que con todos estos puntos es difícil intervenir. Cierto, es difícil, pero hay que hacerlo. Pretendemos contribuir a la reflexión común y ayudarnos a todos a intervenir de la forma más adecuada. Por tanto, estamos abiertos a críticas que sirvan para mejorar el interés común. Es probable que sucedan más derrames. Deberíamos ir aprendiendo algo. No podemos actuar en todos con sorpresa, como si fuera la primera vez. [Cabe señalar que involucrar a las comunidades en el monitoreo del Oleoducto es impostergable].

Somos conscientes que el gobierno es nuevo y necesita tiempo. Pero, señores, esto no es cuestión de gobierno, es política de Estado.

[Nota: Saramurillo representa, en nuestra opinión, un gran desafío. Ya tenemos redactada una nota que pronto distribuiremos].


Manolo Berjón 
Miguel Angel Cadenas

lunes, 26 de septiembre de 2016

MONTERRICO, NUEVA ALIANZA, CUNINICO y otras comunidades del bajo Marañón

Iquitos, 26 de setiembre de 2016

Otro doloroso, triste y amargo derrame de petróleo en Monterrico, una comunidad indígena kukama y urarina en el distrito de Urarinas, en la provincia y departamento de Loreto, Perú, en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Pacaya Samiria. Pero hay más, algunas de estas personas son descendientes del pueblo indígena omurano. Un pueblo indígena que el Estado considera extinto, y, de nuevo, nos parece que se equivoca.



© Manolo Berjón, 2012. Sr. José Manuel Macusi, Monterrico.


No es la primera vez que se rompe el Oleoducto. Tampoco es la primera vez que ocurre en Monterrico. Ya hubo otra ruptura a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado. En aquella oportunidad todo quedó tapado. Los lugareños todavía recuerdan cómo “un gringo” aterrizó en la comunidad y “reparó el oleoducto”. La última oportunidad que la comunidad vio la avioneta, ésta se estrelló y “el gringo murió”, nunca más apareció nadie. Ahora se ha roto el oleoducto y recién aparece Petroperú. Mucha agua ha bajado por el Marañón desde entonces. En aquella oportunidad la gente sufrió en silencio la falta de pescado y la contaminación. Ahora, más relacionados con el exterior y mayores contactos, sienten rabia y miedo. Los que sólo miran las cifras macroeconómicas, y se obsesionan con ellas, no les gustan los recuerdos. Nosotros leemos la historia desde la “memoria peligrosa” del Crucificado.

El Estado debe vigilar las condiciones idóneas del Oleoducto Nor-peruano en una doble vertiente. Por un lado, que esté en buenas condiciones, algo que dudamos, con una duda más que razonable. No nos creemos el discurso facilón de la infraestructura adecuada del oleoducto. Tampoco nos interesa si hay grupos presionando por la privatización de Petroperú. Sea privado o público sólo nos importa que haya seguridad y la protección de las personas junto con el medio ambiente. Nada más, nada menos. En segundo lugar, que nos digan el estado real del oleoducto y los problemas de corrosión derivados, además de que lo solucionen, no con parches, sino con una nueva tubería, y que haya vigilancia para que ninguna mano extraña se entrometa y lo rompa. No nos importa cuales han sido las causas. Que se cumpla la ley y se garantice el derecho a un medio ambiente sano. Por tanto, que las autoridades ejerzan su cargo y, tanto si es corrosión como si hay terceros que dañan el oleoducto, caiga todo el peso de la ley.

Es intolerable que las comunidades nativas atravesadas por el Oleoducto reciban cada año y medio unos cuantos cuadernos y lapiceros, intolerable. Habría que sumar las filtraciones, la contaminación y la constante ruptura del Oleoducto. Sin embargo, no se ha hecho nada para reconocer el territorio de las comunidades, compensar por sus derechos y recibir su usufructo. Proponemos, asimismo, que se diseñe un plan de mantenimiento del Oleoducto que integre a las comunidades. Por tanto, que invierta parte de las ganancias de Petroperú en garantizar que el Oleoducto esté en buen estado.


ELEGIR INTERLOCUTORES

El Estado tiene que elegir interlocutores. Y no es un tema baladí. Detrás del paro en Saramurillo que ya se acerca al mes, hay una lucha entre organizaciones indígenas por “representar” las diversas cuencas. No está de más recordar que el poder en pueblos indígenas está dispersado. No comprender esto, lejos de solucionar el problema, lo agudiza. Añadimos: cuando en el pasado el Estado ha elegido algunos interlocutores, y les ha dado vueltas y más vueltas hasta marearlos, sin conseguir prácticamente nada, ha sembrado la confusión que ahora reina en Saramurillo. Por tanto, desenredar la madeja implica pensar y actuar desde la diversidad. Los apoyos externos avalan a las organizaciones al interior de las comunidades. Esto genera envidias, tensiones y rivalidades. Saramurillo es solo un ejemplo.

Nos da la impresión que el Estado, lejos de buscar soluciones integrales, va apagando fuegos. Esto les impide buscar condiciones dignas de vida. Lo cual implica que sigamos esperando el siguiente conflicto. Es lamentable tener que reconocerlo, pero así es. Monterrico, Nueva Alianza, Cuninico, San Pedro. Pero también Nueva Santa Rosa de Urarinas, Santa Teresa, Urarinas, San Francisco y San Antonio son comunidades que deben ser atendidas.

Monterrico es una comunidad nativa kukama, eso dicen los papeles. La realidad es otra. Es una comunidad urarina, con descendientes del pueblo omurano, mas la presencia del pueblo kukama. El oleoducto también les afecta, aunque permanezcan invisibilizados. Antes de llamarse Monterrico se denominaron Santo Tomás y, en otro periodo, fueron conocidos como Huangana Isla, para percibir que la ocupación del espacio viene de lejos.

La fragmentación del Estado no ayuda a solucionar los problemas. Se necesita un interlocutor estatal con capacidad de decisión y que tenga una buena información. De nuevo falla la política comprendida como interés por el bien común. Y este desprecio del bien común es lo que genera rabia y frustración que, más pronto que tarde, estallará por algún lado. Existe información que no circula por los medios masivos de comunicación. Hay intereses de por medio. En lugar de vigilar, controlar y hackear… hay que establecer lazos con gente que conoce la zona. Dejar pasar el tiempo, sin hacer nada, dejar enquistar los problemas, desalentar a la gente… es la peor solución posible.

Solucionar los problemas de cada comunidad es la oportunidad de hacer sentir importante a la gente y fortalecer las comunidades. No hay agua potable y la educación es un desastre, por poner dos únicos ejemplos. Pero hay que hacerlo dentro de una mirada macro, donde percibamos el contexto más amplio de los lotes petroleros y todo el oleoducto. Ahora bien, esta mirada macro sin la intervención adecuada, comunidad por comunidad, no sirve de nada. Al final la vida humana es única e irrepetible. La sociedad ideal no existe, sólo existen vidas individuales en contextos amplios. El sufrimiento no se arregla diciendo que un día llegará la solución, que mis hijos y nietos vivirán mejor, necesito dar sentido ahora a mi vida. Que mis hijos vivan mejor no evita la pregunta por dar sentido a mis trabajos y dolores, gozos y esperanzas. Todos necesitamos que nuestra vida participe de las condiciones de dignidad necesarias. La vida, o será digna, o no será vida humana.


Incomprensión e incompetencia nos parecen palabras adecuadas para identificar a quienes tienen que actuar en el Marañón y no lo hacen, como el Estado. Si esta percepción persiste nos esperan unos próximos años complicados.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas