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viernes, 4 de noviembre de 2022

EL PARO EN CUNINICO. MORIR A LOS 11 MESES DE EDAD: Segundo R.C. (Monterrico, 6 de noviembre 2021- Cuninico, 8 octubre 2022). In memoriam.

Dirijo la mirada a un acontecimiento que ha pasado inadvertido, pero que refleja muy bien la situación que vivimos en Loreto. Monterrico y Cuninico son dos comunidades indígenas kukama. La primera también tiene población indígena urarina. Situadas en el distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, en las márgenes del río Marañón.

El 16 de setiembre de 2022 se produjo un derrame de petróleo en Cuninico. Llueve sobre mojado porque ya hubo otro derrame en 2014 en el mismo lugar. También Monterrico ha sufrido varios derrames petroleros (2016, 2020 y 2022) que siguen impactando durísimamente a la población. Los niveles de sufrimiento que soportan ambas comunidades son muy altos. Un sufrimiento invisibilizado.


El padre del bebé, Segundo Ladislao Rodríguez Macusi, era apu en el momento en que Monterrico decidió que la comunidad se plegaba al paro organizado en Cuninico pidiendo que el Estado les atienda con agua y alimentos, entre otras cosas. Por tal motivo, se trasladó con toda la familia y otras familias de Monterrico, y comunidades aledañas, a Cuninico. Improvisando un campamento donde faltan todas las condiciones mínimas: agua potable, saneamiento básico, alimentos… Las ollas comunes tratan de paliar la necesidad. Sin embargo, el hacinamiento y la falta de salubridad son malas compañeras.

El bebé, Segundo R.C., se enfermó y después de unos primeros auxilios en Cuninico fue enviado a la Posta Médica de Maypuco donde falleció (8 de octubre de 2022). El parte médico señala como motivo Insuficiencia Respiratoria Aguda. Los padres del bebé atribuyen la muerte a la contaminación. Dos apreciaciones, ambas de gran interés, que damos por válidas.

No hay duda que la contaminación ha sido la causa que ha movilizado a la familia (y otros cientos de familias) a acudir al paro de Cuninico. Abandonan la comodidad del hogar para habitar en unos tambos temporales. ¿Qué motiva a las familias a tomar esa decisión? Hay muchas razones, señalamos únicamente tres: 1) la indignación por la contaminación del río: menos pescado, cosechas más exiguas y una vida más dura. El río es su única fuente de agua; 2) abandono del Estado: Loreto posee los peores índices en educación, agua potable, acceso y velocidad de internet…; 3) necesidad de adquirir dinero. Las tareas tradicionales (pesca y agricultura, unido a la extracción de madera) no proporcionan el dinero suficiente para la vida actual donde las familias necesitan un celular para poder conversar con sus integrantes en la ciudad, por poner únicamente un ejemplo.

Vayamos ahora con lo indicado por el Centro de Salud. Por supuesto, también damos por válido su parte médico. Es demoledor que muera un bebé de 11 meses. Y conviene que veamos el contexto para que no culpabilicemos demasiado rápidamente a sus padres. Aunque en la última década se ha incrementado el número de personal sanitario por cada 10,000 habitantes, conviene tener en cuenta el comentario siguiente de noviembre de 2020: 

“Sin embargo, en el ranking de habitantes por establecimientos de salud y médicos, Loreto se encuentra más cerca del promedio nacional que de los primeros lugares, lo cual sugiere que hay problemas de acceso o calidad de los servicios médicos. La posición de la región en los rankings de enfermedades no parece corresponder con su posición en los de disponibilidad de infraestructura de salud y atención médica. De acuerdo con las entrevistas realizadas por el equipo, la dificultad en el acceso a salud en Loreto está más asociada a la limitada distribución espacial de estos recursos en el departamento y el cuán difícil es trasladar a la población afectada a ellos”: https://growthlab.cid.harvard.edu/.../2020-11-cid-wp-387..., p. 65.  

Resaltamos lo siguiente: 1) los rankings de enfermedades no se corresponden con la disponibilidad de infraestructura de salud y atención médica; 2) la distribución espacial de los recursos está lejos de ser la adecuada. De ahí que sea difícil el traslado de los enfermos. 3) No se dice nada de las fronteras invisibles para que los indígenas puedan acceder. El MINSA no toma en cuenta suficientemente las culturas indígenas.

Acceso al agua potable. El 56.3% de los loretanos tiene acceso al agua potable, el departamento con peor cobertura de todo el Perú (https://www.defensoria.gob.pe/.../Informe-002-Bolet%C3..., p. 7). Prácticamente uno de cada dos loretanos carece de acceso al agua potable. Esto es indignante y absurdo: vivimos en medio del Amazonas, la mayor corriente de agua dulce del planeta.

En este contexto se está llevando a cabo el paro en Cuninico. Lejos de ser un tema puntual hay que ver el contexto en el que se desarrollan los acontecimientos. Invocamos al Estado para que resuelva los graves problemas por los que estamos pasando. Las demandas son siempre las mismas: agua, alimentos, salud, educación y un medio ambiente sano. Son exigencias básicas, elementales. Falta voluntad política para resolverlas.

Nadie tiene que morir a los 11 meses de vida. Es un fracaso que refleja desigualdades profundas y arraigadas.

Que Nuestra Señora de Loreto, la Virgen de la Esperanza, nos acompañe a todos.

POST DATA: 

Este año 2022, el Estado peruano ha entregado a Petroperú $ 1,750 millones. Sin embargo, Petroperú sufre de iliquidez y algunos analistas indican que está en quiebra. Pues bien, el Estado peruano y Petroperú han negado agua y alimentos suficientes a las comunidades que se han organizado en el paro en Cuninico. “Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 31-46). 

En una anodina reunión entre los dirigentes de las comunidades del paro de Cuninico, dirigentes del distrito de Parinari, también afectados por el derrame, y el Estado peruano en Nauta, el 17 de octubre 2022, no se llegó a ningún resultado concreto. Esto acumula rabia en el bajo Marañón. Pero el Estado peruano está ocupado en otros menesteres.

 

+ Miguel Angel Cadenas

Obispo Vicario de Iquitos

  

martes, 20 de septiembre de 2022

“PORQUE NO SE TRATA DE ANIMALES, SE TRATA DE GENTE COMO USTED, DE ESO SE TRATA”: A propósito del derrame en Urarinas-Cuninico

El derrame en Cuninico no es el único, pero sí emblemático. Todas las comunidades en las cuencas petroleras padecen la contaminación por 50 años, en distintos grados. Llueve sobre mojado: Cuninico ya sufrió otro derrame el 2014. Llegaron hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En Perú ganaron varios juicios. Agotaron los mecanismos institucionales del Estado, pero persiste aún un problema de ejecución de las sentencias ganadas.



Es necesario mejorar el sistema de prevención. Hoy en día sería posible con inteligencia artificial y vigilancia satelital. El actual sistema genera impactos económicos, sociales y medioambientales insostenibles, además de un sufrimiento atroz.

Conviene preguntarse sobre la gestión del Oleoducto. Por un lado, se impuso sin consulta a las comunidades; por otro, ha habido diversas formas de administrarlo. Es evidente que no lo podemos pensar al margen de las comunidades indígenas que atraviesa. Ha habido diversas etapas de gestión, algunas han obtenido mejores resultados que otras. Después de una etapa de derrames (2014-2017) ha venido otra de relativa calma que de nuevo se interrumpe.
Con la interrupción vuelve a aparecer el tema de la intencionalidad. Sin embargo, no podemos olvidar que el Oleoducto no recibe el mantenimiento adecuado. Por otro lado, no se aplica la ley y la impunidad alienta estos actos delictivos. Es necesario pensar el Oleoducto y la urgencia de obtener dinero en las comunidades. Culpar “exclusivamente” a quienes lo hayan podido cortar dejaría en la sombra a los verdaderos auspiciadores de este tipo de comportamientos.
Añado a la monetarización el postergamiento que sufren las comunidades. Esto genera mucha rabia. Carecen de agua potable y les contaminan la única fuente existente: el río. Se quedan sin pesca. ¿Cómo está afectando al mijano [cardumen]? Se agudiza la inseguridad alimentaria y se daña su economía. En tercer lugar, y fundamental para el pueblo kukama, debajo del agua habitan espíritus y gente. Este aspecto cosmológico kukama suele quedar al margen. Cuando el Estado apela a la interculturalidad lo hace como un pasatiempo.
Acudo a la tradición cristiana donde los humanos somos co-creadores: ayudamos a Dios en su creación a través de nuestra inteligencia y trabajo. Pero no es automático, de hecho, también nos apartamos de la gracia de Dios, causando dolor a la naturaleza, a nuestros semejantes y a Dios. Ahí están los derrames para graficarlo.
En otro lugar he propuesto el concepto de “zona de sacrificio”. El Estado decidió imponer a estos territorios el Oleoducto, sin importar su impacto. Un gravamen a estas comunidades al servicio del país. El problema reside en que estas comunidades hacen sacrificios, pero no gozan de los beneficios. De hecho, la desconfianza de estas comunidades en el Estado es muy alta, porque suele generar problemas en lugar de resolverlos.
Es tiempo que el Estado responda a sus ciudadanos. No es posible que en 50 años de actividad petrolera, con unos beneficios superiores a $ 35,000 millones, prácticamente la mitad de los loretanos carezcan de agua potable y saneamiento básico. Es evidente que podemos, y debemos, hacer las cosas mucho mejor. Contaminar el agua es un gravísimo error, pecado diríamos los cristianos. El agua es esencial para la vida humana, es un “derecho eje” que sustenta los derechos “a un ambiente sano, la salud, la alimentación, el territorio y la cultura”1.
Más allá de la emergencia, se produce una “violencia lenta” que perdura en el tiempo hiriendo y dañando en profundidad los cuerpos que esperan el agua de lluvia para poder cocinar… Esta alteración del paisaje afectivo produce una “nostalgia y pérdida ecológica” de valor incalculable. Las mujeres sufren más todo este impacto que habitualmente queda relegado e invisibilizado2.
Se supone que estamos saliendo de la epidemia de Covid-19, particularmente dura en Loreto. Pues bien, las comunidades indígenas fueron las últimas en ser atendidas, mucho después de haber sido contagiadas. El caso de Cuninico es terrible porque la pandemia vino después del derrame de 2014. Mientras un grupo de investigadoras encontró los medios para acompañar a estas comunidades, en medio de la distancia, no sucedió lo mismo con el Estado, para quien estas comunidades permanecieron invisibilizadas3.
Resuenan en mí las palabras de Galo Vásquez, presidente de FEDEPCUM (Federación de Pueblos Unidos Cocamas del Marañón), a uno de los representantes que llegaron por Cuninico: “porque no se trata de animales, se trata de gente como usted, de eso se trata”. El dirigente enfatiza su posición como “gente”, no como animales. Toda una lección para quien sepa escuchar.
Concluyo haciéndome eco de las lecturas bíblicas de ayer. El profeta Amós insiste: “escuchen esto los que oprimen al pobre…, disminuyen la medida, aumentan el precio, usan balanzas con trampa” (Am 8,4-7). Y Jesús, en el evangelio, nos indica que no se puede “servir a Dios y al dinero” (Lc 16,1-13). Que Nuestra Señora de la Esperanza nos acompañe a todos.

+ Miguel Angel Cadenas
Obispo Vicario de Iquitos




1. URTEAGA, Patricia, SEGURA, Frida y SÁNCHEZ, Mayra (2019), El derecho humano al agua, los pueblos indígenas y el petróleo, PUCP, Lima.
2.DELGADO, Deborah y MARTINEZ, Vania (2020), “En un ambiente tóxico”. Ser madres después de un derrame de petróleo, Oxfam – CLACSO, Lima.
3. ULFE, María Eugenia, VERGARA, Roxana y ROMO, Vanessa (2021), “Nuestras historias desde Cuninico”: podcasts, pandemia e investigación antropológica, en LASA FORMUM, Vol. 52, N° 1, pp. 13-18.

martes, 28 de diciembre de 2021

Zonas de sacrificio en la Amazonía peruana

Se aplica el concepto “zona de sacrificio” a 1) Una región geográfica expuesta a daño medioambiental, 2) Habitada por comunidades con dificultades para hacer escuchar sus propuestas políticas y económicas. 3) Se sacrifica estas zonas por un supuesto “bien mayor”; sin embargo, las comunidades –en muchas ocasiones indígenas o afrodescendientes– no han participado en esta decisión y no perciben los beneficios futuros.


© Manolo Berjón

Este concepto fue utilizado en USA en el transcurso de la guerra fría para ver los efectos que causaba en la población la actividad nuclear y posteriormente utilizado para pensar los espacios carboníferos de la costa oeste. ¿Se puede utilizar la categoría “zona de sacrificio” para algunas áreas en Loreto? Tengamos en cuenta lo que nos indican las ciencias ambientales: “todo está relacionado”, y así lo recoge el papa Francisco en Laudato Si. Los impactos en una parte de la naturaleza afectan a los ecosistemas interconectados y a los seres humanos.

La industria de hidrocarburos en Loreto cumple con los tres requisitos: 1) Altamente contaminante (en el marco de la ley de pasivos ambientales Pluspetrol declaró 311 pasivos ambientales sólo en el Lote 8), 2) Habitado por poblaciones con dificultades para hacer escuchar sus propuestas políticas y económicas (el plan de cierre de brechas no termina de ejecutarse), 3) estos territorios y poblaciones sacrificadas no perciben los beneficios futuros.

Cuninico es una comunidad kukama en el distrito de Urarinas, provincia y región Loreto, asentada en la desembocadura de la quebrada homónima sobre el río Marañón. 1) El 2014 hubo un derrame de petróleo en el oleoducto norperuano. 2) Se interpusieron diversos juicios que ha ido ganando la comunidad, pero no terminan de ejecutarse. 3) El beneficio futuro por el sacrificio actual no se vislumbra. Cuninico vivía de la pesca, ahora tiene un serio problema de seguridad alimentaria.

El Nanay es un río que desemboca en el Amazonas a la altura de la ciudad de Iquitos. Es conocida, 1) La presencia de dragas en este río (contaminación por mercurio). 2) Hay quien afirma que en el alto Nanay los niños están peor atendidos escolarmente que en el río Putumayo. Lo que nos viene a indicar el grado de abandono en el que viven (falta de inversión pública). En el Nanay hay población ikitu y kukama, aunque no todos desean reconocerse como tales. 3) Si la educación está tan mal, es fácil percibir que el sacrificio actual no redundará en beneficios futuros.

Avancemos. “Sacrificio” es un término con una fuerte connotación “religiosa”. Algo tendremos que decir al respecto quienes nos consideramos religiosos. En época de Jesús el rito sacrificial cruento estaba prácticamente ausente de la vida religiosa judía. En el Nuevo Testamento la categoría “sacrificio” es muy periférica. Incluso la carta a los Hebreos indica que basta con el sacrificio de Cristo, por lo que no son necesarios ningunos más. El vocabulario sacrificial aplicado a la muerte de Cristo en el NT no es ni el más antiguo ni el más frecuente. Este abandono cristiano del sacrificio estimulaba la desactivación ritual del paganismo.

Ahora vemos que los Estados-nación utilizan la categoría “sacrificio” en beneficio del supuesto “interés nacional”. No existe “interés nacional” conculcando derechos básicos. Los Estados buscan un aliado que les avale. En cambio, nuestra respuesta debe ir en conformidad con la Biblia: “misericordia quiero y no sacrificios”.

No faltará quien lea la nota como “antidesarrollo”. Ante esta objeción cabe repreguntar: ¿esto es desarrollo? ¿es ético un desarrollo montado sobre el sacrificio de los vulnerables? Ya es hora de un cambio de modelo energético. “La transición energética” es urgente y los Estados tienen mucha tarea: no subvencionar los combustibles fósiles y potenciar las energías alternativas, entre otros. Felizmente en Loreto se están dando los primeros pasos hacia centrales fotovoltaicas.

Para concluir. Cada 28 de diciembre celebramos los santos inocentes. Herodes manda matar a los menores de 2 años para erradicar al Mesías. No lo consigue. Las actuales tendencias políticas y económicas imponen sacrificios crueles a poblaciones vulnerables sin la posibilidad de un futuro mejor: con la pandemia ha aumentado la desigualdad. Pero no faltan las resistencias en las zonas mencionadas. Resistencia también puede ser un término apropiado para conjugar la esperanza.


(*) Agustinos-Iquitos. Miguel Ángel Cadenas, obispo vicario de Iquitos.


Redacción La Periferia es el Centro. Escuela de Periodismo - Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).


Publicado en: https://larepublica.pe/opinion/2021/12/27/zonas-de-sacrificio-en-la-amazonia-peruana-contaminacion-iglesia-catolica/ 

lunes, 26 de septiembre de 2016

MONTERRICO, NUEVA ALIANZA, CUNINICO y otras comunidades del bajo Marañón

Iquitos, 26 de setiembre de 2016

Otro doloroso, triste y amargo derrame de petróleo en Monterrico, una comunidad indígena kukama y urarina en el distrito de Urarinas, en la provincia y departamento de Loreto, Perú, en el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Pacaya Samiria. Pero hay más, algunas de estas personas son descendientes del pueblo indígena omurano. Un pueblo indígena que el Estado considera extinto, y, de nuevo, nos parece que se equivoca.



© Manolo Berjón, 2012. Sr. José Manuel Macusi, Monterrico.


No es la primera vez que se rompe el Oleoducto. Tampoco es la primera vez que ocurre en Monterrico. Ya hubo otra ruptura a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado. En aquella oportunidad todo quedó tapado. Los lugareños todavía recuerdan cómo “un gringo” aterrizó en la comunidad y “reparó el oleoducto”. La última oportunidad que la comunidad vio la avioneta, ésta se estrelló y “el gringo murió”, nunca más apareció nadie. Ahora se ha roto el oleoducto y recién aparece Petroperú. Mucha agua ha bajado por el Marañón desde entonces. En aquella oportunidad la gente sufrió en silencio la falta de pescado y la contaminación. Ahora, más relacionados con el exterior y mayores contactos, sienten rabia y miedo. Los que sólo miran las cifras macroeconómicas, y se obsesionan con ellas, no les gustan los recuerdos. Nosotros leemos la historia desde la “memoria peligrosa” del Crucificado.

El Estado debe vigilar las condiciones idóneas del Oleoducto Nor-peruano en una doble vertiente. Por un lado, que esté en buenas condiciones, algo que dudamos, con una duda más que razonable. No nos creemos el discurso facilón de la infraestructura adecuada del oleoducto. Tampoco nos interesa si hay grupos presionando por la privatización de Petroperú. Sea privado o público sólo nos importa que haya seguridad y la protección de las personas junto con el medio ambiente. Nada más, nada menos. En segundo lugar, que nos digan el estado real del oleoducto y los problemas de corrosión derivados, además de que lo solucionen, no con parches, sino con una nueva tubería, y que haya vigilancia para que ninguna mano extraña se entrometa y lo rompa. No nos importa cuales han sido las causas. Que se cumpla la ley y se garantice el derecho a un medio ambiente sano. Por tanto, que las autoridades ejerzan su cargo y, tanto si es corrosión como si hay terceros que dañan el oleoducto, caiga todo el peso de la ley.

Es intolerable que las comunidades nativas atravesadas por el Oleoducto reciban cada año y medio unos cuantos cuadernos y lapiceros, intolerable. Habría que sumar las filtraciones, la contaminación y la constante ruptura del Oleoducto. Sin embargo, no se ha hecho nada para reconocer el territorio de las comunidades, compensar por sus derechos y recibir su usufructo. Proponemos, asimismo, que se diseñe un plan de mantenimiento del Oleoducto que integre a las comunidades. Por tanto, que invierta parte de las ganancias de Petroperú en garantizar que el Oleoducto esté en buen estado.


ELEGIR INTERLOCUTORES

El Estado tiene que elegir interlocutores. Y no es un tema baladí. Detrás del paro en Saramurillo que ya se acerca al mes, hay una lucha entre organizaciones indígenas por “representar” las diversas cuencas. No está de más recordar que el poder en pueblos indígenas está dispersado. No comprender esto, lejos de solucionar el problema, lo agudiza. Añadimos: cuando en el pasado el Estado ha elegido algunos interlocutores, y les ha dado vueltas y más vueltas hasta marearlos, sin conseguir prácticamente nada, ha sembrado la confusión que ahora reina en Saramurillo. Por tanto, desenredar la madeja implica pensar y actuar desde la diversidad. Los apoyos externos avalan a las organizaciones al interior de las comunidades. Esto genera envidias, tensiones y rivalidades. Saramurillo es solo un ejemplo.

Nos da la impresión que el Estado, lejos de buscar soluciones integrales, va apagando fuegos. Esto les impide buscar condiciones dignas de vida. Lo cual implica que sigamos esperando el siguiente conflicto. Es lamentable tener que reconocerlo, pero así es. Monterrico, Nueva Alianza, Cuninico, San Pedro. Pero también Nueva Santa Rosa de Urarinas, Santa Teresa, Urarinas, San Francisco y San Antonio son comunidades que deben ser atendidas.

Monterrico es una comunidad nativa kukama, eso dicen los papeles. La realidad es otra. Es una comunidad urarina, con descendientes del pueblo omurano, mas la presencia del pueblo kukama. El oleoducto también les afecta, aunque permanezcan invisibilizados. Antes de llamarse Monterrico se denominaron Santo Tomás y, en otro periodo, fueron conocidos como Huangana Isla, para percibir que la ocupación del espacio viene de lejos.

La fragmentación del Estado no ayuda a solucionar los problemas. Se necesita un interlocutor estatal con capacidad de decisión y que tenga una buena información. De nuevo falla la política comprendida como interés por el bien común. Y este desprecio del bien común es lo que genera rabia y frustración que, más pronto que tarde, estallará por algún lado. Existe información que no circula por los medios masivos de comunicación. Hay intereses de por medio. En lugar de vigilar, controlar y hackear… hay que establecer lazos con gente que conoce la zona. Dejar pasar el tiempo, sin hacer nada, dejar enquistar los problemas, desalentar a la gente… es la peor solución posible.

Solucionar los problemas de cada comunidad es la oportunidad de hacer sentir importante a la gente y fortalecer las comunidades. No hay agua potable y la educación es un desastre, por poner dos únicos ejemplos. Pero hay que hacerlo dentro de una mirada macro, donde percibamos el contexto más amplio de los lotes petroleros y todo el oleoducto. Ahora bien, esta mirada macro sin la intervención adecuada, comunidad por comunidad, no sirve de nada. Al final la vida humana es única e irrepetible. La sociedad ideal no existe, sólo existen vidas individuales en contextos amplios. El sufrimiento no se arregla diciendo que un día llegará la solución, que mis hijos y nietos vivirán mejor, necesito dar sentido ahora a mi vida. Que mis hijos vivan mejor no evita la pregunta por dar sentido a mis trabajos y dolores, gozos y esperanzas. Todos necesitamos que nuestra vida participe de las condiciones de dignidad necesarias. La vida, o será digna, o no será vida humana.


Incomprensión e incompetencia nos parecen palabras adecuadas para identificar a quienes tienen que actuar en el Marañón y no lo hacen, como el Estado. Si esta percepción persiste nos esperan unos próximos años complicados.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

domingo, 12 de junio de 2016

OLEODUCTO NOR-PERUANO: A LA CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS



Iquitos, 12 de junio de 2016

La semana pasada varios dirigentes indígenas del pueblo kukama y del pueblo wampis se presentaron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Santiago de Chile, para informar sobre los problemas causados por las continuas rupturas del oleoducto Nor-peruano. Ha sido un largo recorrido. Se han ido sorteando múltiples dificultades hasta que Petroperú ha tenido que reconocer su error y pedir perdón: con la boca chica, pero perdón. 

Cuando se produjo el derrame de petróleo en la comunidad nativa kukama de Cuninico, en junio de 2014, no podíamos imaginar que dos años después estaríamos hablando del tema. En los derrames anteriores no habíamos podido mantener la información más de un mes. ¿Por qué en esta oportunidad ha sido posible? Hay varias causas que merece la pena reseñar:

Galo Vásquez, apu de Cuninico
Flor de María Parana, Cuninico. Ambos en la audiencia CIDH



Los temas de medio ambiente tomaron protagonismo en Perú a partir de la década del 90 del siglo pasado. Esto fue posible debido a dos hechos concatenados:

a.       En 1992 se apresa a Abimael Guzmán, cabecilla de Sendero Luminoso. Poco a poco este grupo terrorista se fue resquebrajando. Esto permitió que el Estado no tuviera que reparar “torres voladas” y otras infraestructuras dañadas por este grupo terrorista. Lo que generó un mayor clima de confianza y el no tener que invertir siempre en la infraestructura que volaban los terroristas.

b.      A esto se une una mayor inversión extranjera.

c.       Fruto de lo anterior, se fue dando un paso paulatino, aunque demasiado lento para nuestro gusto, de defensores de derechos humanos a defensores ambientales. La “inversión minera” les fue abriendo los ojos. Todavía recordamos cuando planteábamos el tema en Lima y las ONGs de derechos humanos se burlaban directamente de nosotros.

2.       El crecimiento económico peruano, asimétrico, ha ido dejando algunas migajas en las zonas alejadas del país. Para nuestro propósito han sido importantes otros dos factores:

a.       Teléfonos. Durante los primeros derrames era imposible sacar la noticia porque no había medios técnicos. En un derrame anterior, el año 2000, cuando planteamos la posibilidad de un teléfono público, un defensor de derechos humanos que nos ayudó mucho, nos dijo: “tampoco se pasen, un teléfono no tiene nada que ver con el derrame”. El año 2014 ya había teléfonos públicos en casi todas las comunidades del bajo Marañón. Al día de hoy casi todas las comunidades cuentan con servicio de telefonía móvil.

b.      En febrero 2014, se abre la ruta Yurimaguas-Nauta en rápido. Eso permite llegar en el día desde Nauta a Cuninico. Eso facilitó la llegada de periodistas, abogados, ingenieros… y otros profesionales para apoyar a la comunidad de Cuninico.

c.       Nuestros apoyos, tejidos durante años, permitieron que se diera a conocer la noticia del derrame.  
3.  
  Un derrame en una quebrada queda retenido, es más visible. Mientras que un derrame en el Marañón deja una huella medioambiental similar, pero es menos visible. La corriente termina por llevárselo.
A nuestro parecer, este acercamiento y mejor acceso, junto con una mayor sensibilidad ambiental, ha permitido levantar el tema. Dos años después, todavía se sigue hablando del derrame de Cuninico. Los asesores de Petroperú no han tenido en cuenta los cambios que se han ido produciendo. Y eso les ha llevado a cometer graves errores. Estaban acostumbrados que no sale la noticia, por tanto, se puede dejar que los indígenas se queden sin agua y pescado, no pasa nada, ¡son indígenas! La agresión al medio ambiente es grave cuando se da a conocer. Si no se da a conocer, parecía pensar Petroperú, no pasa nada. Todo esto es muestra clarísima de la fuerte discriminación y falta de sensibilidad.

En Cuninico, Petroperú pretendió limpiar la zona del derrame en una semana. La verdad es que Petroperú no ha tenido profesionales que estén a la altura de las circunstancias. A los hechos nos remitimos: tantas mentiras, tantas promesas incumplidas, tantos intentos de manipulación, tantos comentarios regados contra los defensores del medio ambiente…, para tener que reconocer, la semana pasada, en Santiago de Chile, delante de la CIDH, que han errado y tener que pedir perdón.
Siendo importante esta petición de perdón, nos sabe a poco. Se puede perdonar, pero son los afectados los que tienen que ofrecer el perdón, no otra gente. Se puede solicitar el perdón, pero sería necesario que de nuevo pidieran perdón delante de los medios de comunicación y en la misma comunidad de Cuninico. Lamentablemente los medios de comunicación no se han hecho eco de la noticia. El perdón tiene que ir acompañado de propósito de la enmienda. De nada sirve pedir perdón si no se cambia el Oleoducto Nor-peruano que está en pésimas condiciones. El ministro del medio ambiente, Pulgar Vidal, reconoció hace unos meses la falta de mantenimiento de dicho Oleoducto. A qué estamos esperando: ¿que se rompa otra vez el Oleoducto Nor-peruano?

 
Dr. Juan Carlos Ruiz, IDL
Wrays Pérez, dirigente wampis
Dra. Rita Ruck, abogada de la Comisión Derechos Humanos Vicariato Apostolico de Iquitos
Galo Vásquez, apu de Cuninico
Flor de María Parana, Cuninico.


Todavía resuenan en nuestros oídos cómo Petroperú culpaba a los indígenas de ser ellos quienes rompían el Oleoducto. Ese grado de cinismo no tiene salida. Ya decía Jesús aquello de que nada hay escondido que no llegue a saberse.

Pueden ver lo sucedido ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Santiago de Chile en la siguiente página: https://www.youtube.com/watch?v=AG17mzdMiEU
 
Felicitamos a Flor de María Parana, en cuya casa nos hemos hospedado durante tantos años cuando íbamos de visita, y al apu Galo Vásquez, ambos de la comunidad nativa de Cuninico, perteneciente al pueblo kukama, asimismo felicitamos al dirigente wampis, por la valentía de presentarse ante la CIDH y decir la verdad de lo que está pasando en sus pueblos a raíz del Oleoducto Nor-peruano. Esperamos que el próximo gobierno adecúe dicho oleoducto a las normas ambientales peruanas.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas